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lunes, 18 de abril de 2016

ACOMPÁÑAME EN EL ADIOS

Un día cualquiera, en un parto cualquiera, en un lugar cualquiera... la historia de una mamá que espera ilusionada a su bebé, con el alma y la vida abiertas y preparadas para recibir a quien, sin duda, será el amor de su vida. Su centro, su cimiento, su todo...
Pero esa mamá vuelve a casa con los brazos vacíos. Un cuarto lleno de ropa, muebles, complementos, detalles y todo tipo de elementos comprados con sumo cuidado para que sean los perfectos para su bebé. Para ese bebé que nunca los usará. Para ese bebé que ya no irá a crecer en esa casa, ese cuarto y esos brazos... Ese bebé que ya tampoco está en el vientre donde ha crecido y recibido alimento y amor durante toda su vida.

Y así llega a casa esa madre, esa familia... con un vacío interior enorme, que lo consume todo. Y un
vacío cotidiano que cada acto, cada momento cotidiano que vivan, les recordará cada una de las pequeñas cosas que pensaban y esperaban compartir con su bebé pero que ahora están vacías... incompletas.
Porque cuando tu bebé marcha, tu mundo entero creado para él o ella se va detrás... y sólo queda el espacio que esperabas que ocupara en tu vida, en tu alma y en tu corazón. El espacio que ya habías empezado a crear para él o ella.

Habrá quien se acerque a esa familia con la mejor intención para aconsejar, para decirles que desmonten aquella habitación que ahora ya sólo les trae dolor. Que guarden en una caja la ropa o los juguetes para otro bebé que tengan. "¿Otro? Pero son suyos, no de otro". Pero es que esa identidad, ese espacio inmenso en nuestra vida de ese bebé es algo que la sociedad en general aún no ha creado, aún no le ha conocido, no le ha hecho presente. Y esos juguetes, esa ropa realmente para la sociedad no son de nadie... eran para alguien que ya no vendrá.
Las emociones con las que se han comprado, se han elegido y se han preparado son algo que llena a quienes han volcado todo ese amor y esa esperanza de vivir juntos, de crecer juntos. Pero no llenan a nadie más, nadie más las conoce o las comparte. No de ese modo.

También habrá quien simplemente evite el tema, evite encontrarse o hablar con esa madre, esa familia. Porque no saben qué decir, cómo actuar, cómo consolar o qué hacer para que se sientan mejor, no saben qué necesitan esas personas que ven desoladas. "Lo que necesito es que mi bebé esté aquí. Vivo, sano y feliz". Y es que no hay palabras mágicas, no hay fórmulas infalibles para consolar cuando lo que sucede te arrasa y es natural que te arrase. Nada de lo que se diga será lo que nos levante, lo que nos haga sonreir... porque nuestros motivos para sonreir son pocos o ninguno. Porque en ese momento necesitamos llorar. Y, de hecho, cuanta más intención se pone en ese "voy a ver si les animo", más complicado suele ser. Porque quizás sólo se ha de estar... estar ahí para quien en ese momento necesita llorar, necesita no sonreir, necesita dejar que salga la pena, la rabia quizás... Pero nos es difícil estar junto a esas personas en ese momento. En general, la sociedad no está acostumbrada a sentir y vivir eso junto a otros, sino a esconder las penas y los malos momentos.

Y quizás haya quien simplemente entre tras esa familia en esa casa, en silencio, observando la escena, el sentir... y ofreciendo un pañuelo si se necesita, llevando un vaso de agua si es necesario, haciendo una cena si es el momento... Dejándose a sí mismo en la puerta y volcándose en esas personas, en esa familia que tiene un inmenso vacío donde antes había ilusión y vida.

Cada uno de los que estamos cerca de estas familias podemos elegir cual de esas personas somos, cómo estamos junto a esas personas... y si somos capaces de estar del modo que necesitan.
Y cada uno de los que vivimos la despedida de nuestros bebés podemos también decir qué necesitamos en cada momento, elegir si deseamos estar acompañados o no y por quien... cómo y con quien queremos vivir nuestro duelo.

¿Qué elegís vosotr@s?


Bea Fernández, 
Doula especializada en duelo y nuevos caminos maternales,
Madre.


sábado, 9 de abril de 2016

LACTANCIA EN LA DESPEDIDA DE NUESTRO BEBÉ

Hoy quiero trasladaros mi experiencia personal por si a alguien le puede servir de algo.
Hoy, hace 5 años que mi hija Alba partió. Lo hizo una semana después de su nacimiento y... no sólo yo lloraba lágrimas de sangre, sino que mi pecho me recordaba constantemente que seguía produciendo leche para alimentarla.
Durante la semana que sobrevivió, estuvo ingresada en la UCIN, era una bebé prematura de 32+5 semanas y, por l los problemas que presentaba, no llegó a ser alimentada con leche.
Aún así, desde el mismo día en que nació, fui estimulando el pecho y extrayendo leche para cuando pudiese tomarla.
Me sacaba durante el día cada 2 horas y durante la noche, aprovechando los picos de prolactina, cada 3 horas máximo.

Durante mi estancia en el hospital, me extraía en el lactario, iba rellenando los frascos que, entre extracción y extracción conservaba en la nevera que había para tal fin y, a la noche, lo llevaba a biberonería, donde, marcado con nombre del bebé, número de incubadora y fecha de extracción, la congelaban.

Una vez me dieron el alta... durante el día, me seguía sacando en el hospital, pq era donde permanecía y, durante la noche, en casa. Iba recogiendo la leche en los biberones que el hospital me facilitaba, la guardaba en la nevera, en la zona más fría (nunca en la puerta porque al abrir y cerrar se producen diferencias de temperatura que pueden hacer que se eche a perder) y, cuando por la mañana temprano salía hacia el hospital, guardaba la leche en una bolsa térmica, que dejaba en la nevera también y así me aseguraba que no se produjesen cambios hasta que era entregada de nuevo a biberonería.

Pero... y ¿Qué ocurrió cuando mi pequeña falleció? Pues... en mi caso, antes del desenlace, supimos unas horas antes que iba a ocurrir. De hecho, tuve la grandísima suerte de poder decidir pasar con Alba sus últimas horas de vida. Las únicas en las que pude sostenerla en mis brazos.
Durante ese tiempo, lleno de emociones, lágrimas, sentimientos... con su roce, su calor... simplemente sentir su cuerpecito en mi regazo, hizo que la leche subiese a ritmo acelerado.
No tenía subidas a cada X horas, sino que era casi un no parar.
Era algo así como si mi pecho supiese qué estaba ocurriendo y llorase también a su manera.

Tanto fue así que, durante las cinco horas que permanecí sin sacarme leche para no separarme de Alba ni un sólo segundo, tuve que poner gasas rellenas de algodón que las auxiliares y enfermeras me facilitaron.
Llegó un momento en el que el tomar aire hacía que me doliesen los pechos más aún.

Tras el desenlace... y con todo el dolor, las lágrimas, el sufrimiento. Con esa sensación de no estar con los pies en la tierra, como si no fuese contigo, como si todo fuese una pesadilla de la que en algún momento vas a despertar... tenía que aliviar el pecho. Y decidir qué hacer con esa lactancia. Y con la leche recogida hasta ese momento.
Muchas decisiones en un momento TAN DESGARRADOR. Decisiones que no podían hacerse esperar porque mi cuerpo seguía y seguiría produciendo leche, como gasta ese momento, para Alba. Mi cuerpo y mis hormonas no entendían ni sabían si Alba se había ido o si permanecía con vida.

Mi primera decisión era clara y completamente segura: todo el alijo de leche, sería donado para los grandes prematuros del hospital que así la necesitasen.

La segunda... tampoco me costó trabajo tomarla, aunque luego, meses más tarde, me arrepintiese.
Necesitaba "quitar" aquello. Necesitaba que mi cuerpo parase YA de recordarme que aún producía leche. Necesitaba parar cuanto antes. Bastante dolor era ya despedir a mi hija, despertar de aquella realidad y ser consciente de que JAMÁS la volvería a ver... como para tener que estar sacando leche o aliviando el pecho cada cierto tiempo.
Así que... pedí las pastillas. Creí que aquello sería la cura de mis "males" y... nada más lejos de la realidad.
A pesar del tratamiento, mi cuerpo aún producía, y yo entendía qué pasaba.
Me mandaron vendarme el pecho, usar sujetadores que me apretasen, que redujese la ingesta de líquidos.... y que no me sacase leche porque todo ello contribuía a la estimulación.
Por aquel entonces no tenía la información de ahora, y tampoco estaba yo como para contrastar ni buscar nada. Así que.... seguí sus indicaciones y... acabé con una mastitis de órdago.
Fiebre, dolor, rojez, bultos, muchos bultos, pechos piedra, más bultos (debajo de las axilas, por el pecho, casi en las clavículas...). Recuerdo llorar ya no sólo del dolor de la muerte de mi hija. Sino del dolor físico TAN GRANDE que tenía.
La cesárea, las grapas, la mastitis...
Pese a que mi entorno me regañaba, creyendo que era lo mejor para mí, yo empecé a sacarme leche por mi cuenta. Sólo para quitar aquellos bultos enormes. Eran tan grandes que me daba miedo mirarme al espejo.
Pero... en cuanto me sacaba un poco... otra subida bestial se producía.
No sabía qué hacer... por qué me estaba pasando todo eso a mí? Acaso no tenía suficiente con haber enterrado a mi hija?

La fiebre me obligó a acudir al médico. Esta vez fui a urgencias de mi CAP. No estaba preparada para volver a pisar maternidad. No podía.
El chico que me atendió, se echó las manos a la cabeza y me pidió que quitase aquel sujetador tallas más pequeñas que ls que necesitaba, me dio tratamiento para la mastitis y me volvió a pautar otra vez otro tratamiento para retirar la leche.
Me dijo que aliviase el pecho lo justo, las mínimas veces posibles, y que intentase no beber demasiados líquidos.

Esta vez... y 20 días después de fallecer Alba... la leche se fue.

Por una parte, sentía el alivio de no tener aquel dolor horroroso, aquellas subidas brutales, aquel martirio... sentía que era un martirio porque mi cuerpo fabricaba leche para alguien que ya no estaba...
Pero por otra... fue algo así como alejarme del todo de Alba. Como la despedida final. Ya nada me vinculaba a ella... (eso sentía en ese momento)

Con estas palabras, con esta vivencia, sólo intento explicar la importancia de recibir apoyo (un buen apoyo, uno "correcto") en estos casos. Porque ya bastante dolorosa es la despedida para siempre de un hijo... como para añadirle más dolor aún...


Doula, Asesora de Lactancia. Asesora Stillbirth Support en formación y Madre

martes, 27 de octubre de 2015

SON MIS ZAPATOS, NO LOS TUYOS

Hace un tiempo me casé. Sí, las etapas de esta vida me llevaron a casarme con quien creía que estaría siempre compartiendo mi vida y, pese a que no fue así, estoy muy agradecida por esa vivencia y por esa persona.

El caso es que, como toda novia, preparaba ese día con inmensa ilusión. Iba a ser un día único en mi vida y mimaba cada detalle porque sería irrepetible. Quería que todo fuera perfecto y había mucho que hacer y que elegir.
Desde las flores, lugar y tipo de ceremonia, vestido, invitados... y entonces, un día, me di cuenta de que no tenía zapatos aún y faltaba muy poco para la fecha de la boda. Me estresé mucho, porque realmente no tenía mucha idea de zapatos de novia y lo que había visto por ahí me había asustado un poco, la verdad tanto en cuanto a diseño como a precio. Además, mi presupuesto no me permitía errores ni segundas compras, por lo que solo tendría una opción para comprar los zapatos ideales.

(ya sé que a estas alturas estáis pensando que me ha cambiado al sector de la moda, pero os pido que sigáis leyendo y veréis como todo tiene sentido)

Pensé lo que era importante para mi: que fueran bonitos... Sí, eso era importante porque se verían bajo el vestido que con tanto mimo había elegido y pedido reformar a mi gusto. También que fueran cómodos, eso sí, pues eran muuuuuuchas horas de pie y no pensaba quedarme parada después de la cena. Quería disfrutar el día hasta la mañana siguiente sin problemas. Y, claro, estaba el tema del presupuesto. Debían adecuarse a él. Era lo que había, y era limitado porque se me había escapado ese gasto de mi cálculo.

Ordenadas mis ideas sobre los zapatos ideales, pensé que sería bueno que alguien más experto que yo me acompañara a comprarlos, por lo que llamé a una amiga que se había casado hacía poco y que mantenía toda esa sabiduría sobre bodas y sus entresijos que las personas atesoran cuando preparan su boda desde el principio. Un cúmulo de conocimientos sobre tiendas, precios, cuestiones prácticas y consejos. Ella lo había vivido y sabría orientarme seguro!

Encantada, accedió a acompañarme. De hecho, para ella era en parte como revivir la ilusión de su propia boda y, por otra parte, era muy halagador que yo confiara uno de los secretos de la boda en ella... y que le pidiera estar conmigo!

Pasamos la tarde recorriendo tiendas en Madrid. Tiendas de novias, especializadas en calzado para
novias, zapaterías normales... Y al fin, al borde de la desesperación, en una de ellas encontré los zapatos que había descrito a mi amiga días atrás! Los que había visualizado! "Son estos, son los tuyos!", reconoció ella rápidamente.
Pero yo estaba en otro planeta, enamorada de otros zapatos que reposaban cerca de aquellos que encajaban perfectamente con lo que había deseado hasta ese momento. Los que me atraían tanto como para hechizarme no eran lo pensado, sino unos preciosos zapatos de tacón infinito en color blanco roto, forrados y un poco más caros de lo presupuestado... Realmente no encajaban con lo que yo había imaginado y deseado antes, pero ahora eran lo que yo quería. Quería esos zapatos aunque tuviera que descalzarme a ratos para bailar!

Inmediatamente mi amiga me empezó a recordar lo que yo deseaba al empezar la búsqueda, las razones más que lógicas que le había dado para elegir los zapatos cómodos y no los que se habían convertido en el objeto de mis anhelos. Con toda su buena intención, me recordó cada palabra mía, cada motivación y circunstancia, que habíamos recorrido más de 15 tiendas de todo Madrid para encontrarlos y que ahora al fin los tenía delante y no podía dejarlos ir. Que ya los tenía casi en mi mano, que tenía en mi mano lo que había deseado que, además, era lo mejor que podía elegir de modo lógico.
- Tienes estos en el 38?
Así, con voz apagada pero amable pedí los zapatos cómodos, los imaginados. Y los que me enamoraron se quedaron en la estantería de esa tienda, en espera de otra novia que decidiera quizás por sí misma permitirse caer en profundo hechizo y olvidarse de las expectativas que traía antes.

Con el tiempo, sigo recordando aquellos zapatos y cuanto me costó renunciar a lo que deseaba en ese momento, cuan presionada me sentí y poco autorizada a cambiar mis decisiones previas para adecuarlas a lo que sentía en ese momento...
Eran mis zapatos, no los suyos. Y no tenía derecho a presionarme ni siquiera con los deseos que yo antes había expresado. Mi amiga ese día me robó los zapatos sin saberlo, desde el amor que me profesaba y con la mejor intención.

Recuerdo esta historia cada vez que alguien me dice que como Doula he de recordar a la mujer en su parto las cosas que deseaba para ese momento... Ella las sabe, ella las eligió, y ella elije en cada momento, vaya esto o no en contra de sus deseos iniciales. Son sus zapatos, no los míos. 
Por eso si alguna vez alguien os dice que no podéis ir en contra de lo que deseábais previamente, recordad aquellos preciosos zapatos, aquella novia que renunció a ellos y daos permiso para simplemente seguiros y escucharos más allá de expectativas, planes o consejos. 

Elegid vuestros zapatos, porque vosotras los llevaréis. 


Doula
Telf: 600218964


viernes, 2 de octubre de 2015

CARTA DE UNA DOULA A UNA MUJER...

Querida mujer,

Hemos hablado por teléfono hace poco, pero he sentido la necesidad de escribirte. Espero que no te parezca un atrevimiento excesivo por mi parte, pero creo que es importante que sepas ciertas cosas.

Como sabes soy Doula. Y me has llamado para que esté en tu parto, algo que me llena y me hace sentir muy feliz. Pues la maternidad es mucho más que mi trabajo, es mi vida. 
Lamento haber tenido que decirte que no podría estar como deseabas, pero es que lo que tú buscas para tu parto no es una Doula, sino una Matrona o una Partera tal vez. 

Quizás alguien te haya trasladado que puedes estar acompañada en tu parto por un/a profesional que no es profesional sanitario ni está formad@ en atención al parto, pero esa figura que de la que te han hablado en ningún caso es una Doula, pues las Doulas no tenemos papel "activo" en los partos. No podemos valorar como evoluciona aunque nos lo pidas, ni mirar tu dilatación aunque quieras que lo hagamos, ni evaluar tu estado de salud o el de tu bebé durante el parto para poder trasladarte si algo está saliendo de la seguridad habitual del proceso de parto fisiológico con toda la información y que puedas decidir y tomar las riendas. 
Todo eso lo hacen l@s profesionales que lo tienen como misión, que están formad@s para ello y que asumen esa responsabilidad y papel en los partos: Matronas, Ginecólog@s y/o Parteras, dependiendo del país en el que te encuentres y la disponibilidad de profesionales que tengas. 

La Doula que acompaña un parto en el que no se encuentra ese tipo de profesional no está actuando dentro de la buena praxis profesional, sino que está tomando un papel que está lejos de ser el que nos corresponde, un papel activo que va contra el acompañamiento en sí.
Acompañar es estar a tu lado, junto a ti mientras recorres tu camino y tomas tus decisiones. Nunca puede implicar tomar responsabilidad alguna en tu maternidad, nunca puede implicar aconsejarte, nunca puede implicar que dependas de mi... nunca puede implicar que yo actúe influyendo activamente en tu parto o tu maternidad porque sería como tomar parte de ella, y es solo tuya.

La Doula acompaña tus decisiones y caminos, y para ello hemos de respetarlos. Y créeme que yo respeto la opción libre y consciente que tomas en este momento en el que decides no contar con un/a profesional sanitari@ en el momento de tu parto. Y, a la vez, respeto lo que implica el acompañamiento real y también mi trabajo como Doula. Y es por estas dos últimas cuestiones por las que me veo obligada a decirte que no... que no puedo estar en tu parto como Doula aunque me encantaría vivir ese momento tan especial contigo y con tu familia como deseabas que hiciera.

Por eso te escribo a ti, mujer. Que quizás encuentres alguien que te diga que es Doula y acepte acompañarte sin ningún tipo de personal sanitario a tu lado. Y puede hacerlo por mil motivos: que no te sientas sola, que puedas sentirte arropada en tus decisiones, que no puedas sentir que no respeta tu decisión, tal vez esa persona que se hace llamar Doula no tiene claro lo que significa acompañar de verdad o la creencia de que haciéndolo no está tomando parte de tu parto... pero lo está haciendo. Y eso, querida mujer, no es un acompañamiento de Doula. 
Puedes llamarlo Partera si quieres, o de cualquier otro modo. Pero no es una Doula la que hace eso. 

Por eso, si buscas una Doula de verdad, que sepas que no te acompañará en tu parto si no hay un/a profesional formad@ en la atención al parto junto a ti. 

Por eso, si buscas una Doula de verdad, si lo que sientes que necesitas es el acompañamiento de una Doula, aquí me tienes sin duda. 


Un enorme abrazo. 

Bea Fernández.

lunes, 21 de septiembre de 2015

LAS DOULAS Y LA MATERNIDAD EN SUIZA: XIMENA SILVA

Las Doulas existen en todo el mundo, en cada lugar con unos matices adaptados a las realidades sociales, asistenciales y culturales de la maternidad, pero siempre desde un mismo objetivo: acompañar los procesos maternales. 

Hoy hemos querido hablar con una Doula que trabaja en un lugar cercano y lejano a la vez para ver la riqueza de estos matices. Hablamos con Ximena Silva, Doula en Suiza, sobre su experiencia, y la realidad de la maternidad y la de las Doulas en ese país. 



- ¿Ximena, cómo se vive la maternidad en Suiza?
Llegamos a Suiza hace cuatro años después de vivir 10 en Madrid (tanto mi pareja como yo somos chilenos) y para mi ha sido un mundo diferente; en España trabajábamos los dos al 100% y aquí por el nivel de ingresos perfectamente puede trabajar solo uno sin ser un desastre para la econonomía familiar. Con esto no digo que todas las mujeres se quedan en casa mientras el hombre va a trabajar, sino que cada familia encuentra su equilibrio. Hay familias en que los dos trabajan y para eso tienen que pagar una guardería, que son bastante caras (mas o menos 2,500€ al mes), o trabajan por porcentaje, por ejemplo la madre al 60%, es decir tres días y el padre al 80%, es decir cuatro días, así pagan solo dos días de guardería. El colegio es obligatorio a partir de los 5 años y van apenas unas horas al dia (de 9 a 12) con lo cual, la escolarización sigue exigiendo una atención continua de parte de los padres o cuidadores.

En cuanto a los partos, están pagados por el seguro ya sean en hospital, casa de partos o en casa. Además el seguro incluye tres consultas a la IBCLC o asesora de lactancia, más 10 días de visitas de la matrona, es decir, si sales por ejemplo de alta al tercer día del hospital, tienes otros siete días de visita de la matrona que se pactan con ella en cierto periodo de tiempo. En general la lactancia materna suele ser lo normal, pero hasta los seis meses y son pocos los casos que siguen más allá. Por el apoyo de parte del personal médico, hay pocas mamás que tengan problemas específicos de lactancia. A modo de ejemplo, a nuestros grupos de apoyo vienen mamás que no tienen problemas puntuales, pero sienten la pertenencia a un grupo con su idioma, cultura e ideas similares.


- ¿Cómo definirías una doula en Suiza?
La doula es una mujer con una experiencia personal en partos*, que ha hecho una formación específica para acompañar a parejas durante el embarazo, parto y postparto. No es personal médico, por lo que no prescribe tratamientos ni medicamentos, así como no toma decisiones durante el proceso. Ella está allí para acompañar a la pareja en el camino que ellos elijan para ejercer su paternidad. Una doula no responde preguntas, mas bien acompaña a la pareja a encontrar las respuestas que necesitan.
(*en la Suiza alemana es así, entiendo que para hacer la formación francesa no es necesario tener una experiencia personal en partos)

doula en suiza

- ¿Cómo llegaste a conocer la figura de la Doula y a decidir ser una de ellas?
Oí hablar de ellas en los grupos de apoyo a la lactancia. Cuando me formé como asesora y había una compañera que era Doula. Me pareció una labor fascinante. Además, como monitora de La Liga de la Leche, sé lo importante que es encontrar alguien que te acompañe en el camino de la maternidad, sin juzgar, ni guiar, ni decidir por tí.

Al llegar a Suiza hace cuatro años, me tocó aprender el idioma, "reinventarme" profesionalmente y aproveché la oportunidad para estudiar algo diferente. Fui a informarme sobre la formación de doula y no dudé ni un minuto que era lo mio.



- ¿Qué presencia tienen las Doulas en Suiza a nivel social? ¿Son conocidas y reconocidas?
Es una figura emergente y cada día nos hacemos mas conocidas. En general, quienes conocen la labor de las Doulas suelen ser muy respetuosos y agradecidos con ellas. En cuanto al personal sanitario, he tenido la suerte de trabajar con matronas y médicos muy generosos, de los que he aprendido muchísimo.


- ¿Qué formación reciben las Doulas en Suiza?
La mayoría hemos cursado una formación reglada que pertenece a la EB Zürich, que dura un año. Aparte de la asistencia y realización de los trabajos, es muy importante hacer cursos paralelos en temas que nos interesen, así como dos acompañamientos para poder titularnos. Al recibir el título de la formación oficial, tienes derecho a pertenecer a la Asociación de Doulas de Suiza (doula.ch), compuesta por más de 150 doulas, que a su vez nos ofrece presencia en su web, formación continua y los seguros necesarios para ejercer.

Todas las doulas de Suiza nos reunimos una vez al año y por regiones cada tres meses. Organizamos continuamente actividades como cursos, películas, cenas, con la idea de intercambiar experiencias. Por ejemplo estamos desarrollando ahora un servicio de Doula 24/7 donde si alguien necesita urgentemente una doula, nos escribe a ese grupo y la que esté disponible contacta con la pareja.



- ¿Hay tarifas estandarizadas o mínimos y máximos aproximados en cuanto al precio de una Doula en Suiza?
En la web de la asociación dice entre 700 y 900 euros. Esta tarifa incluye dos reuniones antes del parto, un mes de guardia en torno el parto (dos semanas antes y dos después de la fecha probable de parto) y dos reuniones después del parto. Ahora lo que cada doula cobra depende de los servicios que ella ofrece. Por ejemplo, si está en formación puede incluso acompañar gratis, pero si tiene una gran experiencia y es además monitora, por decir algo, de yoga o de parto hipnótico, cobrará más.

Algunas doulas ofrecemos también el servicio de postparto que consiste en un paquete de visitas a la familia para acompañarlos en este primer tiempo. Como diseñadora, ofrezco también tarjetas de nacimiento y agradecimiento de regalos, pero no están incluidos en mi tarifa, ni tampoco sujeto a mi contratación como doula.



- ¿Qué tipo de Doula o en qué etapa de la maternidad buscan las familias suizas una Doula?
Si bien aqui lo partos son bastante respetados en los deseos de las madres, las familias buscan una doula que les ofrezca un acompañamiento continuo durante esta etapa. Yo me especializado en familias hispanohablantes: son mujeres que tienen el español como lengua materna y que aunque hablen muy bien el alemán, buscan en el momento del parto no solo una compañía en su idioma, sino también alguien que culturalmente sea más cercano a ellos. He tenido también la oportunidad de trabajar con familias que no hablan español y me han elegido porque se sienten a gusto con la cercanía y la disponibilidad que ofrezco. La mayoría tienen sus expectativas bastante claras y saben que el tener o no una doula no hará que su parto sea mejor o peor, pero si saben que pueden contar conmigo en lo que vaya surgiendo en este camino y esto les da tranquilidad.

Algunos creen que la doula es solo para el parto en casa y la verdad es que creo que la doula es necesaria para la familia, independiente del lugar o del tipo de parto. Honestamente me puedo sentir muy afortunada ya que he tenido muchos partos y todos son una gran oportunidad de aprender; me gusta mucho lo que hago y por eso pongo toda mi energía y cariño en ello.

Como anécdota te puedo contar que mi trabajo final de curso fue "Qué esperan las mujeres hispanohablates que dan a luz en Suiza", para lo que entrevisté a varias mujeres y todas coincidían en que les habría venido muy bien tener a alguien de confianza durante el proceso que además se acercara a ellos culturalmente. Vamos, una doula, aunque no supieran de su existencia.

Ximena Silva
+41 (0)76 424 3451
Doula
www.doulaensuiza.com
Stillberaterin - Asesora  de Lactancia
La Leche League


domingo, 30 de agosto de 2015

EL PARTO DE LA PAREJA

Recuerdo cuando preparaba el parto de mi hija. Hace ya más de 7 años de ello, y realmente lo tengo como una enseñanza hermosa y reveladora en muchos sentidos.
Todo mi pensamiento respecto al padre de mi hija se centraba en la obligación que yo sentía que debía tener de estar a mi lado en ese momento. Y recuerdo su resistencia... yo le necesitaba allí, pero él no se sentía capaz de estar, de vivir ese momento. Por sus propias resistencias, miedos o experiencias vitales, creía que no aportaría más que nervios, tensión, torpeza y ser un estorbo para mi y para quienes me asistirían. Claro, a día de hoy, reflexionando y pensando con perspectiva me pregunto cómo no iba a sentir eso si es una imagen muy generalizada de la presencia de los hombres en los paritorios: el padre nervioso, al borde de la histeria, que no sabe qué hacer y no termina de encontrar su sitio, esperando siempre a que le dirijan. No es esa una imagen que todos hemos visto en películas, series y otros espacios? Y acaso no nos influyen?

padres en parto
Imagen correspondiente a campaña publicitaria de Flex
Hace un tiempo, en una reunión con personas dedicadas a la maternidad y madres y padres se me ocurrió preguntar a los padres presentes: "y vosotros, cómo habéis vivido el parto?". Esta pregunta inocente y que sólo tenía como objetivo permitir que las parejas de esas mujeres pudieran expresar su sentir respecto a SU vivencia del parto de su mujer y el nacimiento de su bebé, desencadenó un debate inesperado para mi y que realmente me convenció de la necesidad de espacios para la expresión libre, pero libre de verdad.

Personalmente yo me pregunto qué hay de malo, qué puede resultarnos negativo, de recibir las historias de la vivencia del parto que hay en las parejas, hombres o mujeres, de las mujeres que han parido. Me pregunto qué nos empuja a considerarlas secundarias en muchos casos cuando son una vivencia más de ese parto, tan válida como la de la mujer de parto y que, además, será muy importante para la formación de ese sistema familiar ya que va a influir claramente en el posparto de la mujer y en la crianza del bebé.

Cuando nace un bebé y una mujer da a luz a su bebé, con ellos nace mucho más. Una sociedad entera que les rodea comienza a cambiar, a recolocarse en sus nuevas identidades, espacios, armonizar expectativas propias con ajenas y equilibrarlas con lo que sienten... Porque cuando un bebé nace, se hace tangible y visible toda la familia que nace a su alrededor. Y esa familia comienza por la más próxima: por la pareja con la que se ha creado ese proyecto de vida en el que se escribe la maternidad.

Las mujeres que tienen una pareja a su lado con la que vivir su maternidad tienen habitualmente en esa persona con quien comparten su existir un pilar básico de su día a día y de su vida presente y futura, con lo que dar espacio a que esa pareja cuente su experiencia, su sentir, sus expectativas y su realidad en definitiva, lejos de ser negativo y de tratar de robar el papel de la mujer, es necesario para que ese sistema familiar que se está creando pueda crecer en armonía, con una comunicación positiva y con respeto y equilibrio de las necesidades de cada uno de los miembros del mismo.

Esta parte, este reconocer el derecho a la propia vivencia del parto de la pareja, es lo que me ha gustado del post que os aporto a continuación: Dads and Birth Trauma, de Maureen Campion
Abre la puerta a escuchar, validar y respetar las vivencias de esas parejas en los partos de las mujeres...
Yo propongo abrir esas puertas y los corazones, dejarnos espacio para escuchar sin prejuicios... Dar espacio para que la parte que no vive físicamente el proceso de parto, sino a través de nosotras, pero que sí vive su parte psicológica, emocional y logística propia y personal pueda darnos su visión, podamos aprender de esta visión. Qué os parece? Sabéis cual es el parto que ha vivido vuestra pareja?


Doula en Madrid y A Coruña
serdoulasmadrid@gmail.com


lunes, 24 de agosto de 2015

RECHAZAR LA LACTANCIA DE MI BEBÉ TRAS UN ABORTO

Recuerdo la primera vez que oí hablar del agitamiento de la lactancia o del amamantamiento. Me pareció de entrada chocante llegar a tener incluso sentimientos de rechazo por un hijo, pero luego, dejándome ir al lugar de las mujeres que así lo sentían, a la parte de especie, biológica pura, comprendí lo que podían experimentar y mi visión de la situación se convirtió en más completa, más clara, más objetiva... Las entendí.

Tiempo más tarde, acompañando a una mujer en el posparto de su segundo bebé, llegó a mi la oportunidad de estar junto a ella en ese proceso, en ese sentir y en esa lucha interior que tan dura le resultaba.
Recuerdo que decía no entenderse a sí misma: "pero si soy una madre de lactancia, porteo y apego! por qué rechazo a mi hijo... que sólo tiene 2 años y medio?". Recuerdo también su consuelo al sentir que no estaba loca, saber que eso podría suceder y no la convertía en mala madre o mala persona... Simplemente la convertía en una madre más, una mujer más, con sus propias experiencias y emociones. Tan válidas como las de las demás mujeres y madres.
Puedo recordar la vergüenza con la que escondía el tema incluso de su pareja. Temerosa de ser juzgada por las personas, como ella decía, "de uno u otro bando". Y recuerdo claramente mi sentir doloroso, casi enrabietado, por vivir en una sociedad en la que todo el mundo espera que cumplamos SUS expectativas y nos sintamos como ellos creen que debemos sentirnos y nos comportemos como ellos deciden que es mejor para nosotras...

Tras esta mujer, la historia se repitió en diferentes ocasiones. Distintas mujeres llegaron a mi con ese sentir, esa experiencia, esa vergüenza por sus emociones... Esa mujer fue la primera, pero el agitamiento de la lactancia siguió llegando a mi de vez en cuando. y lo seguí explorando...

Al tiempo, comencé a especializarme en duelo por pérdidas prenatales/neonatales y nuevas
maternidades tras ellas. Maternidades nuevas, y plenas de emociones que suben y bajan aún más de lo que es habitual en una maternidad, maternidades en las que se mezcla ilusión, temor, bloqueo, deseo de fluir, apertura, necesidad de permanecer cerradas al mundo... Ay, cuánto y qué variado sucede en una maternidad tras la pérdida de uno o varios bebés!
Tanto sucede que, como en el resto de las maternidad, o más aún si cabe, todo se centra en el embarazo y el parto. En cómo se siente la madre y la pareja si la hay, en cómo ayudar a superar esos temores y ese dolor que a veces nos atenaza... Y, claro, una vez pasado el embarazo y el parto... ya está, no? Ya eres feliz con tu bebé, no?

Por experiencia personal y por revisión y aprendizaje profesional yo sabía que eso no era así, que el que desees mucho tener a tu bebé o hijo no garantiza en absoluto un 100% de felicidad en un 100% de los momentos de tu maternidad. Y, de hecho, lo que parece que sí garantiza es que se te elimine el derecho a quejarte, a pensar que no puedes más, a sentir que no llegas a lo que querrías o que esto no es lo que esperabas.
Si una mujer en posparto en general parece no tener derecho a sentir o (el Dios/a a que cada cual rece no lo permita) expresar algo similar.

Así, acompañando mujeres y familias tras una pérdida, descubrí los claroscuros del posparto de un bebé arcoiris. Los sentimientos de culpabilidad por el mero hecho de sentirse menos felices de lo que se esperaba, o por verse superadas por una crianza y un posparto que parecían abrir la puerta (y de hecho lo hacían) a todos esos duelos que no sabían que tenían pendientes: el duelo por los primeros cuidados, por ver su primera sonrisa, por esa primera vez que les regalamos un masaje, la primera vez que tenemos de verdad tiempo y energía para verles dormir plácidamente sin caer rendid@s nosotr@s, el duelo por toda la ropita que elegimos... el duelo por todas las cosas que no haremos jamás con ese bebé que partió de nuestros brazos o de nuestro cuerpo de un modo que no deseábamos pero que siempre será nuestro bebé. Parte de nuestra familia.

Y así, sin comerlo ni beberlo... escuchando a las madres, sintiendo a las madres, dando espacio a las madres... me lo encontré: el duelo por la lactancia no vivida con el primer bebé!
Resultaba que no era yo la única persona en el mundo a quien amamantar a mi hija le creaba sentimientos contradictorios en los que entraba una profunda tristeza porque eso mismo, como sucedía con muchas otras cosas cotidianas, no podría hacerlo nunca con su hermana...
No fue mi caso, pero encontré madres a quienes esa lactancia de ese bebé les causaba tal contradicción que sentían algo sospechosamente parecido al agitamiento de la lactancia... Pero con el añadido de que al que rechazaban era al bebé que tenían en brazos y que, por supuesto, no tenían derecho a expresar semejante cuestión antinatura en ningún espacio de personas respetables... Habrase visto semejante mala madre!

Pues no... no es una mala madre, no es una mala persona, no es más que un duelo dentro de otro duelo, dentro de un posparto, dentro de una lactancia... un golpe de realidad que nos enfrenta a todo lo que jamás tendremos con ese bebé que marchó, que murió físicamente. Es un golpe de realidad de "todo lo que me he perdido", como muchas de ellas dicen. El enfrentarse a la realidad de lo valioso que es para ellas todo lo que no será nunca posible... Y la lucha entre eso y el deseo de disfrutar, el instinto de vivir esta nueva maternidad en medio de toda esa marea emocional con olas que cuesta mucho remontar cada día, en cada vivencia, y más si no encuentran un espacio donde expresarlo, si no encuentran una persona que no les diga que están locas, que eso es irreal, que no pueden sentirlo... si no encuentran una persona que les diga que las puede acompañar en ese momento o que pueden buscar ayuda porque está bien hacerlo, porque no es vergonzoso ni negativo reconocer lo que se siente. No las convierte en peores madres... Las convierte en mujeres, en personas...

Si lo habéis sentido, si vosotras o vuestras parejas habéis sentido contradicción en esos momentos, en ese posparto y esa cranza, o en esa lactancia, que sepáis que no estáis sol@s... Que no sois malas madres o padres ni malas personas. Que no sois desagradecid@s ni valoráis menos la vida de este nuevo ser que ha llegado a vosotr@s...

Estamos aquí...


Doula y madre
Telf: 600218964

lunes, 17 de agosto de 2015

ASESINANDO LA MATERNIDAD

Me encantaría no escribir este post nunca, jamás llegar a sentir la necesidad de hacerlo o, al menos, de hacerlo con este sentimiento de tristeza profunda y miedo con el que lo hago...

En este mundo hay muchos mundos. Tantos como personas, porque cada cual tenemos nuestro mundo y nuestra visión del que nos rodea, y esa visión depende de muchas cosas: nuestra educación, experiencias, forma de sentir, expectativas, filtros de diversos tipos que hacen que cada cual veamos la realidad de una forma.
Y, además de esas realidades personales, están las realidades que nos muestran, las que los medios de diversos tipos nos ofrecen y en las que estamos de algún modo adoctrinados porque son las que vemos en la TV, cine, literatura más popular, prensa escrita, radios... Y esa, esa realidad influye mucho más de lo que creemos.

Esa realidad que nos "ofrecen" o "nos venden" incluye una mujer estupenda y sonriente en su posparto. Que no tiene ni un pelo despeinado, con la manicura hecha, con una casa recogida y limpia, un bebé sonriente y tranquilo... una mamá encantada de la vida y del mundo en general que hasta ha recuperado su cuerpo de antes del embarazo de modo casi inmediato.
Alguna habéis parido? Alguna habéis vivido un posparto? Os cuento las diferencias entre esa imagen y la realidad o no es necesario?
No, no creo que sea necesario, verdad?

El caso es que todo en la maternidad parece ser así en nuestra sociedad: todo bajo un velo de ficción. Ficción sobre el embarazo, sobre el parto, sobre el posptarto y la crianza... Cada cual con su ficción, en base a su interés o necesidad de trasladar una imagen concreta. Pero todos bajo una misma premisa: dar SU realidad.
Pero cual es la realidad de la maternidad en nuestra sociedad?

La realidad es que la maternidad está infravalorada... desvirtuada como valor para nuestra sociedad, como vivencia personal y transformadora, como laberinto de emociones y de conexiones y desconexiones con nuestras creencias, escalas de valores y realidades aprendidas en general.
La mujer embarazada y de parto está, a día de hoy, relegada al papel de usuario sumiso en el sistema que le dice qué comer, cómo dormir, qué pruebas hacerse o cuando caminar o beber, cómo parir y recibir a su bebé en lugar de ser escuchada para atender sus necesidades e inquietudes.

Diferencias entre la depresión postparto, la psicosis postparto y la tristeza postparto
Erica Medina-Serdán
Pero... y la mujer de posparto? Todo va encaminado a la salud en el embarazo y al momento del parto en sí, a la llegada del bebé pero... hay una vida después! Y vaya vida más repleta de matices, por cierto!
A la mujer se le presupone una tristeza que ha de asumir como normal, que la convertirá en una loca temporal, pero que se le pasará. Y yo me pregunto... es eso apoyo? es eso escucha? es eso comprensión del posparto de cada mujer? Personalmente, lo tengo claro: no lo es en absoluto.

Nos centramos tanto en preparar el embarazo y el parto, la llegada y primera crianza de nuestro bebé que terminamos por olvidar a esa mujer... esa mujer que puede que llore o no, que puede sentirse un poco triste o muchísimo, que puede sentirse triste, sentir que necesita ayuda y no pedirla porque le han dicho que es normal. Esa mujer que quizás se siente avergonzada porque no llega ni de lejos a esa imagen que la sociedad y los medios dan de la mujer de posparto y, encima, tampoco se atreve a pedir ayuda en lo que siente que va mal. Quizás porque se avergüenza, tal vez porque no sabe ni que ha traspasado ese límite de la tristeza a algo más, tal vez porque nadie le ha hablado de ello, tal vez porque nadie le ha contado que hay salidas, que hay ayuda y profesionales y que no es malo ni vergonzoso acudir a ellos...

Tal vez por todo ello junto pero... lo primero de todo, según yo lo veo, porque no hemos mirado a esa mujer como sociedad, no hemos mirado a su maternidad, a su realidad... ni a la de esa mujer ni a la de muchas otras. Porque no mirando la maternidad estamos asesinando como sociedad esa maternidad y muchas otras... y eso implica a veces que una madre se sienta mal, otras que necesite una ayuda urgente que no llega... y en ocasiones que leamos noticias sobre asesinatos de bebés. Sí, así de claro y de frío: asesinatos.

Podemos seguir asesinando maternidades y personas mirando a otros lado y mostrando realidades destiladas o decidirnos a escuchar, valorar y apoyar de verdad la maternidad?


Doula
Telf: 600218964

jueves, 16 de abril de 2015

TE SOÑÉ, TE ENCONTRÉ, TE AMÉ...

En ocasiones las madres y padres sueñan e imaginan (soñamos e imaginamos) a su bebé antes de nacer. Cómo será, qué cosas hará, a quién se parecerá... ¿Tendrá el hoyuelo de papá? ¿Las largas y lindas pestañas de mamá? ¿Las manitos redondas de su hermano?... Pero en pocas ocasiones (salvo que tengan experiencia propia o cercana al respecto) imaginan un pequeño con algún tipo de limitación, síndrome o problema de salud.

Con los avances del diagnóstico prenatal ya pocas cosas cogen por sorpresa a las familias en este sentido en nuestra sociedad, pero en ocasiones algo no se encuentra, algo no se detecta... Y desde ahora, con la nueva ley del aborto de nuestro país, serán mucho más abundantes los casos en los que una familia reciba a un bebé que no esperaban.

Cuando una madre, una familia, se encuentra con ese bebé que ama tanto es una inmensa felicidad
pero también muchas otras cosas entran en juego. Emociones encontradas, shock, negación... Todo un duelo por ese bebé que esperaban pero que no es como habían imaginado... Un cambio absoluto en la abstracción que de su bebé se habían hecho y que habían empezado a amar profundamente mucho antes de su nacimiento. Y el comienzo del amor más intenso aún por ese pequeño que acaban de sentir cerquita y que les necesita quizás también mucho más de lo que esperaban...

Hoy no seremos nosotras quienes hablemos, hoy serán los testimonios y un extracto de una revisión realizada en Colombia y titulada "Síndrome de Down. Experiencia maternal de crianza: Entre alergías y tristezas."

Nuestra conclusión es clara. Nadie puede culpar a una madre, a una familia, por sentir que no pueden con una situación concreta, por sentir que no están preparados para los cuidados especiales e intensivos que puede requerir su hijo, por sentir que todo les desborda mientras su pequeño les llama y ellos quizás no consiguen reaccionar como querrían o como los demás esperan. Nadie puede culpar a una familia por vivir un shock, por vivir un proceso de duelo por todo lo que esperaban y que no ha llegado y una adaptación por algo tan importante como es el estado de salud y las necesidades de su bebé...
Un posparto requiere mucho, implica mucho, abarca todas las esferas de la persona... Pero un posparto con un bebé que nos necesita aún más, que no esperábamos... ¿Quién puede juzgarlo? Es una situación sin cobardes ni valientes, sin correcto o incorrecto absolutos... Una vivencia en la que simplemente las madres y familias se entregan a la situación y navegan el oleaje como pueden... Lo mejor que saben.

Imagen extraída de www.bloghoptoys.es
A todas esas madres, a todas esas familias, a todos esos pequeños sólo podemos agradecerles por enseñarnos que hasta las tormentas más intensas pueden acabar en una bella playa bajo el sol, que todas las experiencias nos hacen lo que somos, que los héroes más abundantes y más reales son los que cada día hacen lo mejor que pueden con lo que ha llegado a su vida, que el amor es lo único que cuanto más se usa más abundante es... Gracias.

-El encuentro con el hijo

Las madres del estudio emprenden la crianza como una experiencia dolorosa y triste, tratan de encontrar una explicación a dicho nacimiento en lo humano y hasta en lo divino; sin embargo surge un vínculo afectivo que hace posible sobrepasar la tristeza. La familia en este aspecto desempeña un papel fundamental, la mayoría de las familias logran fortalecerse, aunque unas pocas no pudieron mantenerse unidas y se desintegraron.

“Eso era un caos para todos, eso es muy difícil, toda la familia sufrió con el nacimiento,…”

-Los duelos: superación y permanencia.

Las reacciones que tienen las madres frente a la pérdida de ese hijo ideal y soñado, corresponde al duelo. Para las madres de esta investigación, las primeras reacciones son de incredulidad, seguidas de tristeza. Sin embargo ellas mantienen la duda en relación con el diagnóstico, con la esperanza y deseos de que el cariotipo les reporte que ‘no tiene el Síndrome’, y luego con el resultado se enfrentan a una realidad.
Las madres refieren que esa tristeza la manifiestan principalmente con llanto, sin embargo algunas no tuvieron la libertad de expresarla, ni de llorar. Se les pidió una aceptación inmediata de la condición del hijo:

“…Siempre me decían Usted porque llora, deje de llorar, eso se lo trasmite a la bebé, eso es como si no la aceptara, y yo respondía: mami yo la acepto, pero no me diga que no llore”

Como parte de las reacciones de la madre, la atención de las necesidades básicas del niño pueden verse afectadas. Aunque la mayoría de las madres del estudio respondieron asertivamente a éstas, algunas entraron en un estado en el que no deseaban atenderlas. Sin embargo, con el tiempo todas lograron vincularse con su hijo y estar allí para satisfacer las necesidades.

“…ella lloraba y mi mamá me decía, mija la niña tiene hambre y yo decía, a mí que me importa. Entonces era como una lucha interior, como que la amaba y que no”.

En cuanto a la duración del duelo encontramos dos visiones: unas madres dijeron que se logra superar en la medida en que se conoce y se acepta al niño, aunque la gran mayoría considera que éste no termina. Señalan que esa permanencia en duelo se da por cada etapa que el niño va pasando, en la del recién nacido hay un primer duelo, luego en la del lactante aparecen otros, y así mismo en la del preescolar, del escolar y del adolescente. Hablan de múltiples duelos, uno por el desarrollo y crecimiento que debería tener el hijo en cada etapa, otro por la representación que tiene un niño con SD para la sociedad y otro por los obstáculos y faltas de oportunidades para el desarrollo de las potencialidades del niño.

“Yo sí creo que hay un dolor que permanece, porque yo a mi hijo lo amo, pero sin embargo hay cosas que a mí me duelen. Me duele que él no aprenda, me duele que cuando voy por la calle con él lo miren raro, porque siempre lo ven como una mascotica”

-Los niños y los padres objeto de burla o críticas. 

La mayoría de las madres han experimentado alguna burla u ofensa porque tienen un niño con SD, tanto de conocidos como de desconocidos, aunque algunas también han sentido a la gente afectuosa con ellas y con sus hijos.

“La primera vez que yo la llevé a Crecimiento y Desarrollo el médico dijo: yo no sé para qué me mandan estos muchachos, a estos muchachos no hay sino que darles comida, porque esos ni aprenden; así me dijo y yo me puse a llorar”

En cada crítica y cada burla que la madre recibe, se siente agredida. Se generan en ella sentimientos de dolor y sufrimiento, siente la recriminación por haber dado a luz a un niño con SD y perciben el reproche social. Ante estas burlas y críticas se sienten tristes porque la sociedad les niega el espacio que tanto ellas como sus hijos merecen ocupar.

-¿Quién cuidará de mi hijo?.

En la crianza también aparecen otros temores diferentes a los ya mencionados. Uno de ellos es que los niños queden solos por muerte de los padres, sin una autonomía que les permita una vida digna.

“Yo quisiera realmente que mi niño tuviera a alguien cuando yo no esté, ¿Cuándo yo no esté quien va a cuidarlo?, porque por autónomo que sea, él va a necesitar como mínimo una persona que lo ame y que lo cuide de una cierta manera”

La madre durante el proceso de crianza estudia y analiza las relaciones que los familiares establecen con el niño con SD, y así van eligiendo en forma consciente o inconsciente la persona que consideran más adecuada para cuidar del hijo ante la muerte materna. El temor se agranda cuando la madre no ve en su medio familiar a un posible cuidador y por ello prefieren sufrir el dolor de perder un hijo que dejarlo solo o sin un cuidador afectuoso.

“Nosotros sí pensamos que es mejor que mi Dios se lleve primero al niño, porque quien lo va a cuidar…?”

-La economía del hogar.

La economía familiar se vuelve precaria para la mayoría de las madres entrevistadas, incluyendo a aquellas profesionales que cuentan con un ingreso económico estable, porque las necesidades de los niños son mayores en cuanto a consultas médicas, de especialistas, de exámenes, de programas de atención especializada y no tienen el apoyo adecuado por parte de la seguridad social ni estatal. Casi en su totalidad las madres refieren que la economía del hogar se resiente y ello les ocasiona preocupación y tristeza:

“… a mí me choca decirlo así, pero significa un sobrecosto con mucha dificultad, de hecho la economía de nosotros a toda hora está copada.”

-La voz de las madres: Las alegrías

-Para la madre. 

Las madres de esta investigación también cuentan que tienen muchas alegrías, principalmente por los afectos recibidos de su hijo y por los logros alcanzados por ellos durante su desarrollo. Las cosas que para otros padres son simplemente sencillas, para estos son especiales. Cuando lo perciben como un ser sociable sienten felicidad.

“Y cuando yo vi que ella ya hacia muchas cosas, que se reía, que se volteaba, que cogía las cosas, se me fue pasando la tristeza”.

Las alegrías llegan cuando el hijo es alguien con quien se puede compartir, con quien se puede disfrutar las cosas de la vida y quien va logrando día a día lo que inicialmente le dijeron que no lo iba a hacer.

“La cosa pasa cuando uno acepta al niño, por ahí a los dos años que él empezó a caminar, yo lo veía igual que todos los niños. Yo lo disfrazaba y yo salía con él y ya veía que podía hacer cosas como los otros”

De esta manera, en la relación diaria es que se van dando los apegos, que hacen que finalmente el niño con SD llegue a ser muy amado. Las madres en la crianza misma han aprendido a disfrutar a su hijo en sus propias condiciones.

-Para la familia

La persona con SD moviliza afectos en todo el grupo familiar En torno a su crianza la familia se siente más unida, se crea un ambiente de solidaridad que hace que las madres en esta experiencia de crianza se sientan felices y consideren que sus otros familiares cercanos también lo son. Las madres de esta investigación lo manifiestan de esta manera:


“Alegría, mi hijo no nos da sino alegría, con un abrazo y un beso nos da toda la felicidad del mundo y nosotros se las damos a él. A la familia él nos ha unido”


Bea Fernández
Doula en todas las etapas maternales,
especializada en Duelo y nuevos caminos maternales
Telf: 600218964
serdoulasmadrid@gmail.com
serdoulas.blogspot.com.es

miércoles, 25 de febrero de 2015

YO, DOULA, NO QUIERO EL PODER

A estas alturas ya todos sabemos que el mundo, en una parte muy importante, se rige por el poder.
A veces el poder es ejercido desde lo económico, desde el tener más o menos dinero que nos permita hacer o tener más que los demás, o al menos aparentarlo. En otras ocasiones el poder se ejerce desde el sometimiento de otros seres vivos que nos rodean: en el trabajo, en la familia, entre los amigos o los clientes de lo que ofrecemos. 
Las demostraciones de poder son a veces sutiles, se marcan por pequeños detalles que parecen carecer de importancia pero que para quien ansía sentir el poder son muestras de que lo ha conseguido. Y en otras ocasiones son auténticas agresiones a otros por conseguir tener poder sobre ellos en aquello que se desea. 

En maternidad este deseo de poder es desarrollado por parte de algunas personas, que en teoría deberían apoyar y ayudar, sobre las mujeres y familias. Sobre la información que se les facilita, sobre la atención que se les ofrece, sobre las elecciones que se les permiten tomar...

El ansia de poder en la maternidad viene a veces bajo el disfraz del lenguaje del miedo: "si no te tomas esto, tu bebé morirá", "si no haces esto a tu bebé le puede pasar algo", "si sigues así la salud de tu bebé está comprometida"... Miedo que se utiliza como estrategia, combinado con una información parcial que va orientada a apoyar y alimentar ese miedo a preguntarse qué pasará si tomamos una decisión contraria a lo que se nos está aconsejando o siquiera si preguntamos. Miedo como herramienta para anularnos en nuestras capacidades de decidir, pues nos paraliza y nos hace sentirnos inseguras, inválidas.
Otras veces, el poder en la maternidad se pone la máscara del paternalismo. De quien nos indica que sabe lo que es mejor para nosotras, nuestros bebés o nuestra familia. Quien con palabras condescendientes y gesto incluso tierno nos dirige para que no tomemos opciones diferentes, para que nos dejemos guiar y manejar por el camino porque sabe más que nosotras supuestamente, porque tiene una preparación u otra que le permite ser la guía de nuestra maternidad y el oráculo de todas las maternidades. Quien nos convence de que no sabremos tomar buenas decisiones si no es de su mano.

E incluso este poder en la maternidad puede venir del intento claro, evidente y abierto de limitar nuestras decisiones, de sesgar nuestra capacidad de decisión para coartar así nuestras libertades y nuestro propio poder. Así, en ocasiones las entidades, espacios o profesionales que deberían trabajar con y por nosotras en nuestra maternidad, ayudándonos y apoyándonos, se convierten en verdugos de nuestra libertad, de nuestro derecho innegable de desarrollarnos en esa maternidad del modo que deseemos o sintamos.

Todas estas formas de poder se ejercen en la atención a la maternidad con cotidianidad sorprendente y complicidad absoluta por parte de la mayor parte de la sociedad, quizás porque, en general, estamos acostumbrados a tener relaciones de poder. A que haya alguien que mande, que domine, que nos indique y nos guíe y tome el poder.
Y quizás por esa normalidad parece tan subversivo el decidir por uno mismo, el tomar las riendas, tratar de informarse hasta estar satisfecho con la información que se posee, decidir algo diferente a lo habitual o a lo que nos aconsejan "quienes saben" o siquiera preguntar los motivos de las recomendaciones a quienes nos las hacen y no simplemente dejarnos ir.

Tal vez por esa normalidad institucionalizada de las relaciones de poder, del que manda y el que obedece ciegamente, es por lo que no se entiende lo que las Doulas hacemos...
Es incomprensible.¿Cómo vas a contratar a una persona que no te aconseja, no te manipula, no te dirige y no te adoctrina? ¿Para qué tener a esa persona? ¿Qué intención tiene esa persona si no es la de dirigirte o entrenarte?

Señoras y señores, la intención de la Doula no es otra que estar, ser junto a quien acompaña... Ofrecer el espacio libre de consejos, directrices, sesgos, expectativas, prejuicios y relaciones de poder y sumisión que de otro modo no solemos encontrar.
La Doula no ansía el poder ni sobre la mujer, ni sobre la familia, ni sobre la maternidad. Y por ello la Doula es tan subversiva y no entra en la mentalidad de muchas personas, porque no queremos el poder, lo entregamos, lo devolvemos a sus verdaderas dueñas, que es de donde nunca debió salir.

Lamentamos con ello molestarles. No era nuestra intención. Nuestra única intención era acompañar.



Bea Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad,
especializada en duelo y nuevos caminos maternales.
Telf: 600218964
serdoulasmadrid@gmail.com

lunes, 26 de enero de 2015

TRADUCIR O SENTIR?

Hace no demasiado una noticia pareció pasar desapercibida. A todos los que la leyeron les pareció estupendo que la tecnología creara y perfeccionara algo que, para la sociedad en general, es visto como útil. Pero a algunos nos hizo reflexionar: el traductor del llanto del bebé.

No es la primera vez que este tipo de artículos se anuncian o se ofrecen a las madres y padres, principalmente a aquell@s que viven su primera experiencia maternal y paternal, que parecen un público más que interesado en cualquier producto o medio que les permita saber al 100% que están "haciendo las cosas bien" con sus bebés. Ávidos de algo que les aporte seguridad. De hecho, este sistema existe en aplicación para el móvil y en varios formatos de aparato físico en el mercado comercial desde hace un tiempo y, claro está, algunos profesionales lo recomiendan dentro de las compras básicas a hacer por parte de las nuevas mamás y papás.
Y tampoco es la primera vez que a mi personal y profesionalmente me provoca reflexión profunda.

Lejos de criticar o de halagar la existencia de este tipo de aparatos y la necesidad que parece haber en la sociedad para que hayan sido desarrollados estos sistemas de "traducción" para el llanto de los bebés, mi intención es acercarme al por qué de esa necesidad. Qué ha cambiado en nuestra forma de maternar, de comunicarnos con los bebés y con nuestro ser de madres y padres para que estos equipos tecnológicos lleguen a sernos necesarios. Y qué puede pasar si, en lugar de acceder a estas herramientas, simplemente nos cuestionamos por un  momento si las necesitamos y qué nos aportan antes de decidir sobre ellas, sea cual sea el resultado final de la decisión.

De entrada, dentro de muchos círculos se habla de forma casi constante de la desconexión de la maternidad que existe en nuestra sociedad de modo habitual. En nuestro día a día ya no nos rodeamos de embarazadas, de bebés, ya no hay familias numerosas, las últimas experiencias de crianza de nuestras madres cuando las convertimos en abuelas suelen remontarse a 30 años atrás, nuestras vecinas muy habitualmente son desconocidas y sus maternidades más aún...
Podemos ir a una librería y encontrar mil manuales de crianza, de lactancia, de técnicas en el embarazo, teorías de todo tipo avaladas por unos u otros estudios. Programas de televisión con expertas y expertos que nos hablan sobre lo que debemos hacer o no con nuestros bebés, profesionales asistenciales que nos indican cómo alimentarles, bañarles, hablarles, vestirles, detectar si tienen fiebre, estimularles en su desarrollo y mil cuestiones más del día a día que a cada cual le parecen más o menos válidas o importantes a la hora de criar a sus hijos.
Podemos encontrar aparatos para escuchar a nuestros bebés dentro del útero durante el embarazo, técnicas para sentirles más cuando están dentro de nosotras creciendo, técnicas para "estimular" su inteligencia intraútero, elementos para llevarles de un sitio a otro sin llevarles en brazos, para escucharles y verles cuando no estamos en la misma habitación, para detectar su temperatura sin tocarles, métodos para comunicarnos con ellos antes de que desarrollen el lenguaje verbal, técnicas de estimulación multisensorial para que caminen o hablen antes o mejor, hamacas que les mueven solos, aparatos con música y luz que se conectan automáticamente con su llanto para calmarles, aparatos que nos avisan si parece que su corazoncito ha dejado de latir estando en la cuna y mil medios, informaciones y materiales más que nos podamos imaginar.

Evidentemente, la información es importante, los medios y recursos son herramientas útiles cuando
se las precisa. Pero si unimos todo ello: desconexión y herramientas, el retrato de la maternidad a día de hoy es muy diferente al de la maternidad de hace 30 o 40 años, por ejemplo. Quizás con más protagonismo en la "efectividad" y "eficacia" de una buena maternidad y crianza que en el vivir la experiencia en sí en general.

Es lógico que si nos encaminamos a una etapa vital sobre la que desconocemos casi todo la inseguridad es una emoción normal en ese camino. Seremos capaces de hacerlo bien?
Es en ese momento cuando, buscando soluciones y herramientas, encontramos en nuestra sociedad todo este mercado de artículos diversos (desde libros a aparatos o cursos) que trata de cubrir esa necesidad de seguridad, de tranquilidad en la maternidad. Responden a nuestra petición, y nuestra petición alimenta a su vez la aparición de más y diferentes productos.

La gran  pregunta es... Se necesita para la crianza de un bebé leer 15 libros, acudir a 10 formaciones, comprar 20 productos diferentes y pasar por 10 profesionales que nos aseguren que lo estamos haciendo bien? Y, es más, nos aporta esto de verdad seguridad o alimenta nuestra dependencia de elementos ajenos para sentir que ofrecemos una crianza adecuada a nuestros bebés?
Por qué sentimos la necesidad de que algún/a expert@ nos diga que lo estamos haciendo bien? Por qué necesitamos seguir un método u otro para sentir que lo hacemos bien?
Qué pasaría si simplemente escucháramos a nuestros bebés y nos escucháramos a nosotr@s mism@s? Qué pasaría si en lugar de dudar de nosotr@s y buscar soluciones en equipos o expert@s cuestionáramos todo ello para sentir qué partes nos pueden ser beneficiosas?
Qué pasaría si nos saliéramos del manual?

Salirnos del manual, de las normas, causa cierta inquietud. Si nos han dicho que nuestro bebé necesita esto o lo de más allá para desarrollarse adecuadamente y nos lo cuestionamos, tomamos la responsabilidad, nos hacemos conscientes de nuestras decisiones, tomamos las riendas de nuestra maternidad y paternidad. Y eso, en la sociedad en la que vivimos, guiados como estamos de forma casi constante y confiando en diversos sistemas para que sean los que tomen las decisiones sobre alimentación, salud o educación, es difícil a veces.

Pero, al final, cada cual decidimos a qué retos nos enfrentamos y asumimos nuestras decisiones.
Saber que seguimos un manual o teoría que no nos acaba de hacer sentir bien, pero ser conscientes de que lo hacemos porque es lo que podemos hacer en ese momento es igual de respetable y adecuado que decidir elegir lo que creemos mejor de ese manual descartando lo demás.

Elijamos, sintámonos libres para seguir el camino que nos marcan o para salirnos de él. Pero seamos conscientes de lo que cada una de las opciones nos supone personalmente. Reflexionemos...
Porque no pretendo con esta entrada dar una respuesta, porque cada madre y padre tiene su propia respuesta que es la mejor y más válida que nadie le pueda dar. Porque cada maternidad y paternidad son diferentes y se ven influidas por mil matices, experiencias, conocimientos, creencias, deseos y expectativas... Porque mi única intención es preguntar...
Que nos preguntemos qué necesitamos de verdad y por qué, si es que sentimos que es nuestro momento. Y, si no sentimos nuestro momento para cuestionarnos, simplemente olvidemos este escrito y sigamos adelante.


Bea Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad,
especializada en Duelo y nuevos caminos maternales.
Telf: 600218964
serdoulasmadrid@gmail.com



viernes, 2 de enero de 2015

UN NUEVO AÑO... UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Un nuevo año comienza y, con él, nuevas oportunidades de aprender, crecer y crear...
La maternidad es un evento único en la vida tanto de los protagonistas directos como de la sociedad en general por muchos motivos. Por ello esto es algo que debe ser prioritario a la hora de dedicarle nuestra atención e interés, de escuchar sus necesidades, sus realidades y sus caminos diferentes...
En SerDoulas apostamos este nuevo año por trabajar aún más intensamente 
por una maternidad más escuchada, apoyada y respetada. 
A ello nos entregaremos en cada uno de nuestros 364 próximos días. 
Nos acompañas?