domingo, 31 de agosto de 2014

CADA PARTO, CADA MUJER...

Hace poco hablaba con una amiga sobre las diferentes técnicas de manejo o alivio del dolor en el parto. Este es un tema de conversación muy recurrente entre las mujeres que creemos en la naturaleza como guía del parto, puesto que el dolor es uno de los mayores argumentos que se exponen para intervenir de un modo u otro en un parto. Y, de hecho, en muchas ocasiones es un elemento paralizante a la hora de tomar decisiones sobre el propio parto, pues el miedo puede encerrarnos en un bucle que no nos permite libertad para elegir, vivir y sentir...


Y, desde la posición de quienes creemos en el parto como algo natural, no se trata de decir que el parto no duele aunque haya un porcentaje de mujeres que aseguran que no han sentido dolor intenso o que incluso han sentido placer en la llegada de sus bebés (las revisiones estiman que esto sucede a un porcentaje de entre el 7 y el 14% de los partos, cifra nada despreciable) No se trata tampoco de demonizar las intervenciones que las mujeres deciden libremente tras haberse informado de todos los inconvenientes y ventajas de aquello que eligen, por ejemplo la analgesia. Pero tampoco podemos olvidar que si el parto duele es por motivos físicos, psicológicos y emocionales. No sólo porque el bebé haya de llegar al mundo a través del cuerpo de su madre y éste deba abrirse para que el milagro vital suceda.


Efectivamente el dolor en la actualidad está absolutamente identificado con la patología y, en ese sentido, quizás deberíamos arrancar la palabra “dolor” del proceso absolutamente fisiológico que supone un parto. Tal vez deberíamos comenzar por desterrar esa palabra de nuestro vocabulario al referirnos a los partos puesto que, de algún modo, los incluimos en la categoría de patologías al vincularlos al dolor. Y es que la reacción inmediata de una persona en nuestra sociedad a día de hoy en general cuando tiene un dolor del tipo que sea es utilizar el fármaco o la técnica necesaria para aliviarlo y, acto seguido, buscar el mal en el que se origina tal molestia y eliminarlo o hacer que finalice cuanto antes. Pero el parto, el nacimiento de nuestro bebé, no es un mal. Es un momento de poder, de amor, de entrega, de generosidad, de plenitud. El mayor de nuestra vida si somos madres.

El dolor siempre ha existido. Siempre se ha hablado de ese dolor del parto y, aunque sea un dolor no patológico, siempre se ha intentado aliviar, aunque en general en las culturas antigüas se ha aceptado como algo perfectamente natural. Se ha aliviado con masajes, con cantos, con movimiento, con tratamientos naturales, con calor localizado… cada momento de nuestra historia y cada cultura ha tenido sus propias herramientas para hacerlo.
Y la herramienta por excelencia en nuestro momento y nuestra cultura es la epidural.


No queriendo entrar en analizar el método en sí a nivel médico porque no creo que me corresponda, ni entrando a valorar en si realmente es el más idóneo porque realmente creo que cada mujer y cada parto es un mundo, sí que tenemos que reconocer que ha sido y en muchos casos sigue siendo la estrella de la “buena atención al parto” en los hospitales. Un hospital que no cuenta con anestesistas que administren epidurales en los partos es un hospital con un catálogo de servicios pobre y con una calidad de atención al paciente igualmente pobre. Así es como se ve desde la sociedad actual. ¿Por qué? Porque el dolor es malo, es síntoma de que algo no va bien. Y hemos de utilizar todos los medios a nuestro alcance para eliminarlo. Y, si estamos en un hospital, estos medios han de ser farmacológicos según la visión y la definición actual de la atención hospitalaria que nuestra sociedad entiende como adecuada.

A menudo escuchamos a mujeres que basan la elección del hospital en el que darán a luz en el hecho de si la epidural está disponible las 24 horas o no. Precisamente porque es un indicador de “buena calidad asistencial” a las embarazadas.


Entonces, en este punto de consciencia colectiva, ¿cómo podemos reprochar a las mujeres que deseen quitarse ese dolor?¿cómo podemos pedirles que se hagan responsables de ese dolor y de aprender a manejarlo con las técnicas que mejor les vengan? Si todo el mundo les dice que es terrible, que es inaguantable, que no tienen por qué pasar por él si sólo se ponen la epidural… Si el dolor es sinónimo de enfermedad, ¿cómo les pedimos que no lo teman?¿Cómo les pedimos que no “naveguen” en contra de sus contracciones durante el parto?¿Tenemos derecho a decir a una mujer que debía haberse preparado antes y que ahora ha de aguantar el dolor y no ponerse la epidural?¿Tenemos derecho a recriminar la petición de la epidural en una mujer de parto utilizando el lenguaje del miedo o del reproche camuflado?¿Está eligiendo libremente esa mujer que llega al parto no queriendo epidural pero no habiendo trabajado todo lo que significa el dolor cultural y emocionalmente?¿Somos quizás alguien para decirle: ahora no la pidas, que no la querías?


Cuando un piloto de motos profesional corre a 200 kms por hora en un circuito sabe que puede caerse y hacerse daño o incluso morir. Sabe que un día u otro llegará el momento de la caída y que le dolerá. Que a todos les ocurre en alguna ocasión. Ha elegido conscientemente correr ese riesgo sabiendo que llegará el día en el que algo sucederá y sufrirá alguna lesión. Y no por ello cuando se cae y se hace daño le decimos que debería haberse preparado para ese dolor que iba a sufrir. No. Decimos desde el sofá de nuestra casa “pobre, ¡qué cara de dolor! Se ha debido hacer mucho daño”. Sentimos compasión por el sufrimiento de ese piloto que vemos con cara de haberse roto 10 huesos.

Entonces cómo a nuestras congéneres les podemos decir que se aguanten. Que no hay opciones, que han de ser las valientes Diosas dadoras de vida que ni se quejan del dolor ni lo manifiestan e incluso lo agradecen. Existen aparatos, técnicas, terapias… Y sí, algunas pueden ser “el mal menor” porque las sensaciones y efectos que producen pueden no ser lo ideal en un parto, pero también porque sí existe un mal menor cuando se trata del sufrimiento. Y si una mujer que ha elegido no administrarse epidural sufre en su parto, sufre de verdad, entonces se puede angustiar, se puede bloquear y perderse en el mar de sensaciones negativas que quizás la arrastre si no se entrega a él en su parto… ¿qué debe hacer? ¿Y nosotros? ¿La dejamos en su tormenta o dejamos de juzgarla por elegir el mal menor y apoyamos su decisión sea cual fuere? Si hacemos lo primero, elegimos quitarle su parto de algún modo a esa mujer, presionarla para que haga lo que nosotros esperamos de ella, ejercemos la tiranía del “poderoso”, del que no está viviendo ese parto, sino que está en el exterior. Juzgando, valorando, opinando… Dominando.


www.pennydoula.com
No olvidemos que, como decía antes, el dolor del parto siempre ha existido (recordáis todos la
sentencia de "parirás con dolor", ¿verdad?) Y recordemos que las mujeres siempre lo han manejado de un modo u otro, que las técnicas siempre han estado ahí (evolucionando, pero sin perder la esencia) Desde el soporte emocional que todas las antigüas culturas muestran en las representaciones artísticas de los partos, hasta los cantos de la India y de muchos algunas sociedades tribales, pasando por el movimiento que muchas mujeres realizan y realizaban durante el trabajo de parto, la aplicación de calor o cataplasmas en las zonas lumbares, técnicas de respiración o relajación, la reflexología o la acupuntura y otras terapias y técnicas comunes en muchos lugares del mundo que no estaban comunicados entre sí pero que llegaban a las mismas soluciones cuando era necesario. Y a ellas, a día de hoy, se han unido otras más "tecnológicas" como la aplicación del Tens, el uso de Entonox y algunas otras.


Pero, sobre todo, no olvidemos que ningun@ de nosotr@s podemos juzgar el parto de una mujer, su capacidad física, psicológica o emocional para vivir el momento de su parto. Es su parto, su vivencia, su carga emocional y psicológica por sus experiencias vitales previas, su educación, sus conocimientos sobre lo que supone el parto y la maternidad, sus herramientas vitales… nada de ello es nuestro. Así que no podemos decidir por ella y ni tan siquiera juzgar si es o no la mejor opción por mucho que la evidencia científica indique que la opción que maneja la mujer es mejor o peor. Porque tampoco los estudios científicos y las teorías contrastadas abarcan al 100% de la población, porque cada ser humano es único e irrepetible. Y cada parto, cada bebé y cada mujer también lo son.





Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad,
especializada en Duelo y nuevos caminos maternales.

sábado, 30 de agosto de 2014

MI PECHO PLENO POR TI...


Hace un tiempo, en el transcurso de una ponencia que ofrecía sobre Duelo por pérdidas prenatales y neonatales, una fantástica madre y mujer que asistía aprovechó el espacio final para preguntarme algo que muchas mamás que han pasado por la pérdida de un bebé se han preguntado: “¿qué pasa con los pechos llenos de las mamás que cuyos bebés nunca mamarán de ellos?”.

Es una cuestión muy repetida, muy pensada pero pocas veces consultada o expresada en voz alta. Algo que parece que se olvida, sobre lo que se mira a otro lado, como sucede con la inmensa mayoría de lo relativo a las pérdidas prenatales y neonatales.


Cuando una mamá (una familia) pierde a un bebé que lleva ya varios meses dentro de su vientre
creciendo o a un pequeño que ha finalizado su etapa gestacional y fallece en el parto o poco tiempo después de llegar al mundo, la mayor parte de las personas que la rodean piensan en lo duro que será llegar a casa y ver todo lo que estaba ya preparado para la llegada del bebé. Su cunita, sus mantas, sus baberos, la ropita, la habitación preparada con todo el mimo del mundo, sus cositas de baño… Todo parece estorbar o causar mayor dolor según el criterio de quienes suelen rodear a estas familias.

Incluso hay familias en las que alguien del entorno se ofrece a ir al domicilio a retirar todo lo que pueda recordar que ese bebé estaba a punto de llegar, intentando así borrar toda huella de la ilusión y el amor que había preparado para él o ella motivados por la protección a los padres, algo que al menos da la opción a los padres de elegir. En otros casos, lo hacen sin más, creando un vacío que los padres no han pedido ni esperaban.


Contado así, reconozco que puede parecer algo frío: borrar a alguien de nuestra vida, hacer como si no existiera ni hubiera existido. Alguien que iba a ser el centro de nuestra vida y que de hecho ya lo era desde que supimos que iba a llegar a ella o incluso mucho antes. Pero cada ser humano defiende su bienestar emocional como puede. Y esta es una situación tan emocional, que no podemos valorar en términos de “bueno” o “malo” los comportamientos de los padres durante ella. Y cierto es que se trata de, la pérdida de nuestro bebé, del que no se habla habitualmente, como decía antes y ello hace que las mujeres y familias no conozcan demasiado bien las opciones y de qué modo pueden afectar positiva o negativamente lo que hagan en esos momentos al posterior proceso de duelo.


Pero, dentro de todo ese manto de olvido que intentamos poner sobre nuestra vida para seguir adelante ignorando que aquello que no arreglemos nos perseguirá donde vayamos para surgir un día cualquiera de nuestra existencia incluso por motivos que no parezcan relacionados, hay algo que obviamos: podemos meter todas las pertenencias de nuestro bebé en un trastero cerrado con llave, podemos guardar todas las ecografías y documentos médicos en una caja con candado, podemos cambiar la pintura de su habitación de nuevo y quitar esa preciosa cenefa o esas pegatinas y vinilos que habíamos puesto para alegrar las paredes, podemos no hablar de él o ella, hacer como si no hubiera existido pero seguirá existiendo… Y, es más, ¿qué hacemos con el maná que nutriría su crecimiento y que brota de nuestros pechos recordándonos que el que no haya existido nuestro bebé es sólo algo que queremos construir y que su marcha sí es real?


¿Qué hacemos con la subida de leche que nuestro cuerpo genera al sentir culminada la madurez del embarazo y entender que es el momento de alimentar a nuestro pequeño?

En algunos casos, el cuerpo corta esa subida de leche al tratarse de pérdidas de bebés de menos semanas de gestación. Pero la mayor parte de las mujeres que pasan de la semana 25 o 30 de embarazo y muchas anteriores  a esas semanas de gestación que pierden a su bebé, tienen la ya famosa “subida de leche” porque su cuerpo entiende como maduro el embarazo, como producido el parto, como maduros sus pechos y como necesario el que el rico alimento de nuestro pequeño salga. Y los convierte en fuente de ese alimento para nuestro bebé.

Intentemos imaginar por un momento, por duro que sea intentarlo, una madre que ha tenido que despedirse antes de lo que esperaba de su bebé porque el ciclo vital del pequeño así lo ha exigido, que quizás ni ha podido verle la cara o tenerle en brazos, y que, sin embargo, tiene el mismo proceso físico que las madres que sí disfrutan del contacto de sus bebés y de la ilusión de recibirles en sus brazos y verles crecer, verles mamar...

Como cada persona es distinta, no podemos saber cual sería la reacción y las necesidades del 100% de las mujeres. Pero sí podemos entender que resulta un proceso que nos vuele del revés, nos desmonta... y una vivencia muy intensa para ellas.


¿Qué hacer si esto ocurre? Evidentemente no todas las mujeres tienen las mismas necesidades y por ello no hay una única respuesta "buena". Pero parece lógico pensar que el apoyo es fundamental en estos momentos. Y no sólo el apoyo de la familia, sino el apoyo de profesionales que entiendan este proceso, ya que se trata de un doble duelo: por la pérdida de nuestro bebé y por la imposibilidad de cumplir esa función biológica de crianza que nos está “pidiendo” nuestro cuerpo. Así que el apoyo emocional e incluso psicológico en estos momentos es fundamental no sólo para la mujer, sino para la pareja y la familia. Y también el de un profesional que ayude a la mujer a manejar esa situación a nivel físico... Su Matrona o una Asesora de Lactancia formada y acreditada son las opciones en esta parte de la vivencia.


Frente a estas situaciones lo habitual en nuestro sistema sanitario hasta ahora era facilitar la ya famosa pastilla para evitar la subida de leche en la mujer y evitarle así un sufrimiento que se creía estéril e innecesario, en muchas ocasiones incluso sin dar tiempo a que la propia mujer decida o sienta lo que desea.

Aunque no entraremos a valorar en términos médicos (no me corresponde como Doula hacer tal cosa) , baste decir que la pastilla no siempre resulta ser efectiva (de hecho es muy abundante el número de mujeres a quienes no hace efecto) y sí provoca alteraciones en el proceso hormonal de la mujer evite o no la producción de leche que pueden modificar el curso del posparto inmediato, y muy posiblemente no para bien.

Sin embargo, muchas mujeres no se sienten bien con esa opción, pues supone pasar por alto un proceso que de algún modo sienten que han de vivir.


Otra opción es seguir el proceso del cuerpo. Dejar que la leche brote y vivir nuestra lactancia sin bebé del modo en que nos sintamos más cómodas.
Podemos sacar la leche imprescindible para no tener obstrucciones y que la producción vaya bajando poco a poco debido a la ausencia de demanda para alimentar a nuestro bebé. O bien decidirnos por donar nuestra leche para la alimentación de otro pequeño que lo necesite.

Pero todas las decisiones que tomemos moverán algo no solo en nuestra parte física, sino en la psicológica y la emocional. Podemos sentirnos aliviadas al ayudar en la crianza de otro bebé o convertir esa donación en una suerte de crianza diferida que busque cubrir el hueco de ese pequeño que no mamará de nuestros pechos nunca. Un pequeño al que jamás podremos sustituir porque a las personas que amamos no se las puede sustituir. Y a nuestros hijos los amamos más que a nadie en el mundo.


Podemos sentirnos bien porque el proceso acabe cuanto antes y decidirnos por tomar la pastilla porque sentimos que la vivencia del duelo se nos hace mucho más intensa con una lactancia que no alimenta a ningún bebé y que nos recuerda cada segundo que ese bebé no estará. O bien preferir vivir esa lactancia y nuestra despedida de ella como una parte más de nuestro duelo por el bebé que se ha ido mucho antes de lo que esperábamos pero nos ha regalado esa lactancia, entre otras muchísimas cosas.


Todo lo que decidamos en esos momentos debe ser lo que nos haga sentir bien. Lo que nos permita vivir nuestra propia realidad y no la que otros esperan que vivamos. Decidir con la cabeza en momentos así es difícil, pero tener información es tan importante como tener apoyo (una Asesora de Lactancia, una Matrona y una Doula especializadas en apoyo en duelo podrían ser de gran ayuda), pues son decisiones con las que viviremos para siempre y que colaborarán a la integración de nuestro duelo, a nuestro recuerdo de esa experiencia y también, de modo fundamental, a la vivencia de posibles futuros embarazos y lactancias posteriores, a nuestra relación de pareja si la tenemos y a muchas otras esferas relacionadas o no con la maternidad.


Así que preguntemos, informemos, dejemos de temer hablar de ello y ayudemos a que las mujeres y familias tengan capacidad de decisión plena y vivencias plenas. A que puedan sentir suya también esta parte de su maternidad.




Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, 
especializada en duelo y nuevos caminos maternales.
Madrid.
Telf: 600218964

viernes, 29 de agosto de 2014

LA LIBERTAD Y EL RESPETO

 Últimamente se habla mucho sobre apego, sobre vínculo, sobre crianza en brazos, sobre lactancia “prolongada” (curioso el término, cuando se supone que la lactancia simplemente se mantiene el tiempo que mamá y bebé desean y disfrutan ese momento y no con el calendario en la mano, aunque ese será otro artículo), sobre colecho, porteo y cualquier decisión de crianza que ayude a reforzar la proximidad, oportunidades de conexión y atención con y al bebé y de este modo favorezca el vínculo seguro y sano de mamá y bebé o niño.


Hay teorías y pruebas científicas lo suficientemente abundantes como para afirmar que el hecho de que ese vínculo emocional se mantenga fuerte y sano ayuda a nuestros hijos durante la infancia pero también en la etapa adulta. De hecho, John Bowlby publicó un estudio completo en tres volúmenes Apego,Separación y Pérdida hace más de 30 años en el que desarrollaba de modo pormenorizado el apego. Y todas esas teorías, estudios, artículos, libros y profesionales que nos explican sus conclusiones sobre el tema son de sobra conocidos en el mundo de la maternidad consciente, y aludidos constantemente como pilares de la crianza con apego. Porque no hemos inventado nada nuevo, nuestras abuelas lo tenían muy claro: escuchar el instinto y cubrir las necesidades reales de los bebés y de la maternidad.

Sin embargo, la experiencia propia y ajena nos muestra que si alguna regla tiene la crianza es que no existen reglas. Que tal y como entre las madres y familias que apoyan este tipo de crianza se recitan los argumentos para continuarla, entre las familias que crían a sus hijos de otro modo se recitan otros argumentos que también avalan sus decisiones y también están respaldados por libros, teorías y profesionales pero, sobre todo, por un alto porcentaje de la sociedad.


Una vez alguien me dijo que por cada estudio que concluyera cualquier cosa, seguro saldría uno que diría lo contrario. Y que cada individuo elegiría quedarse con aquel que le aportara más seguridad o viniera a reforzar lo que ya creía previamente. Así que, según esta afirmación (que he de decir que bajo mi punto de vista se cumple) nadie puede encontrar la verdad absoluta, única y sin excepciones en muchísimos temas que se relacionan con nuestra cotidianidad. Nadie puede desarrollar una teoría que satisfaga al 100% y se cumpla al 100%. Desde la alimentación hasta el uso de medicamentos y, por supuesto, la crianza todo está cuestionado y “dividido”.


Así las cosas, seguramente no deberíamos afirmar que hay una forma “buena” de criar y otra que no lo es. Primero porque cada niño es distinto, incluso dentro de una misma familia y con la misma crianza cada niño tiene sus necesidades, su forma de ser, su "espacio" en la estructura familiar que le condiciona también. Después porque cada niño (incluso en caso de hermanos) llega a una familia absolutamente distinta a la que recibe a otro pequeño. Con circunstancias diferentes, rutinas distintas, vivencias y aprendizajes que les han hecho cambiar desde la llegada del hijo anterior… Todo ha cambiado de algún modo, los primeros que hemos cambiado entre la llegada de un hijo y de otro somos nosotros: los padres. Así que ¿cómo podemos asegurar que lo que nos “funcionó” en la crianza de un niño nos ayudará en la de otro o ayudará a otra familia en la crianza de los suyos? Y, si no podemos asegurar que para nosotros mismos lo haga, ¿cómo podemos recriminar a otros que no utilicen nuestros métodos sin conocer sus necesidades, sus emociones y limitaciones?

No. No podemos asegurarlo. Podemos informarnos, podemos escuchar, observar, aprender y tratar de disfrutar de la crianza de cada uno de nuestros hijos tal y como nuestro instinto nos vaya mostrando. Sin perder de vista lo que sabemos, pero cuestionándonoslo constantemente y adaptándolo a las necesidades de nuestro hijo y nuestra familia en cada momento. Porque eso es ser realmente conscientes de la crianza.


Por eso, cuando se cuestiona a una madre o familia
(críe o no con apego) por el modo de criar a sus
hijos nos estamos cuestionando todas. Estamos evidenciando lo poco que nos damos cuenta de que cada individuo es diferente y cada núcleo familiar también. Dejamos al descubierto nuestra ignorancia real sobre el proceso de maternaje y crianza y sobre las estructuras familiares. Mostramos el poco respeto que realmente tenemos por el resto de las personas, de las familias, y les estamos mostrando a nuestros hijos un ejemplo carente de respeto y empatía; transmitiéndoles que lo que no encaje con su “esquema” vital mental no es válido y, es más, está mal hecho, transmitiéndoles intolerancia en lugar de respeto por los demás.
Con ese ejemplo de intolerancia, conseguiremos hacer a su vez cuestionable ese mismo esquema vital que nuestros hijos tienen por único aceptable (si no respetamos no podemos esperar respeto, y si cuestionamos seguramente eso recibiremos o percibiremos de los demás) y les empujamos a defenderlo, incluso aunque de un modo racional no esté siendo cuestionado. Simplemente porque se sentirán atacados.


Nuestra misión como madres y padres es mostrar a nuestros hijos los distintos caminos que pueden tomar en la vida. Mostrarles las opciones y ayudarles a reflexionar sobre las consecuencias que tendrán cada una de sus elecciones, mostrarles la importancia del respeto, la empatía y la armonía en la convivencia. Y no enseñándoles que lo que ellos viven es lo único positivo, no enseñarles a luchar contra lo que sea diferente a lo que viven en sus familias. Si deseamos trabajar por una sociedad mejor, no podemos hacerlo utilizando a nuestros hijos, sino siendo nosotros respetuosos, comprensivos y empáticos.

Porque este modo de criar es el nuestro, quizás el de nuestros hijos sea diferente pese a tener toda la información de la que nosotros disponemos y mucha más tal vez... Porque nosotros somos unos y nuestros hijos son otras personas diferentes... Personas a las que mostrar todas las realidades para que puedan sentirse libres para elegir...
A los que darles la libertad a través del amor, con el ejemplo del día a día.




Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, 
especializada en duelo y nuevos caminos maternales.
Telf: 600218964

jueves, 28 de agosto de 2014

MI CUERPO, MI SALUD, MI INFORMACIÓN...

Cada día muchos profesionales sanitarios, profesionales de la maternidad y madres y padres trabajan para que los derechos del usuario del sistema de salud sean conocidos y respetados en todo momento.
Para que todos sepamos qué podemos esperar y pedir al sistema y a quienes lo forman. 
La base es la información: sobre qué hemos de tenerla, cómo y cuando... 
Este es un homenaje a todas estas personas que cada día trabajan por y para la calidad de la atención sanitaria, un modo de hacer visible cómo nos ofrecen esa atención adecuada también respetando los derechos del usuario.
Y una forma de acercar los derechos de los usuarios en España a quienes no los conocen. 



miércoles, 27 de agosto de 2014

¿PENA? NO, GRACIAS

Vivimos en una sociedad donde las circunstancias negativas se ocultan, donde a casi todos nos es mucho más fácil aparentemente mirar para otro lado y no ver lo doloroso que nos rodea quizás porque nos recuerda todo el dolor que llevamos con nosotros pero que no hemos atendido, revisado o tratado de asumir.
Convivimos en una sociedad en la que ver llorar a alguien nos produce un cierto rechazo o, como mínimo, incomodidad. En la que se le dice a los niños que no lloren aunque lo necesiten, en la que se afirma que los hombres no lloran porque parecen más débiles o "menos hombres". Y en la que, en definitiva, se nos muestra que afrontar y aceptar nuestras emociones relacionadas con el sufrimiento o el dolor no es ni necesario ni positivo, sino que hemos de aparcarlas. Quizás por ello nos alejamos, miramos para otro lado con nerviosismo y tendemos a sentir lástima por quien llora, pena; pero pocas veces comprensión o empatía.


Cuando una madre/padre pierden a su bebé y muestran su dolor por la pérdida están no sólo en su derecho como personas de vivir un duelo por ese pequeño que era el centro de todo su universo vital y emocional y que no estará con ellos como habían imaginado, sino también en su derecho de ser valientes, mirar hacia dentro y negarse a cumplir con las exigencias sociales que les piden constantemente que se repongan sobre una falsa base de bienestar, que miren para otro lado, que no revisen lo que sienten, que no lo expresen y que no se “estanquen en el dolor”.

Pero reconocer nuestro dolor lícito y lógico frente a una pérdida de esta enorme importancia no nos estanca. El dolor que nos estanca es aquel que no se afronta, aquel que no se procesa, el que no se gestiona para convertirlo en un aprendizaje que nos haga crecer. El dolor reconocido, expresado, trabajado personalmente desde la valentía que implica confesar que ese dolor está ahí, que nos hace estar tristes, no entender lo que nos ha pasado, incluso sentir cierta rabia o indignación ante una situación que no consideramos justa; el dolor que somos conscientes de que tenemos y que enfrentamos no nos deja paralizados. Reconocerlo ayuda a avanzar, nos ayuda a aprender cosas de nosotros mismos y a reflexionar sobre algunas circunstancias que jamás nos hubiéramos imaginado en otros momentos de nuestra vida que llegaríamos a pensar.

¿Qué necesitan las mujeres y familias que pasan por este dolor? ¿Por qué han de justificar socialmente de forma permanente la valentía de reconocer, afrontar y expresar sus sentimientos?¿Por qué se les niega sistemáticamente el espacio y el tiempo para hacerlo?¿Por qué se les trata con pena y no con comprensión?
Para empezar, cuando sentimos pena o lástima por alguien nos ponemos por encima de esa persona del modo que sea; nos sentimos en una “mejor situación”, sea cual sea la circunstancia en la que nos encontremos realmente. Porque cuando es otro el que llora, es otro el que está mal o, al menos, peor que nosotros, que no lloramos... O de eso nos convencemos.

Es ese otro el débil, el que necesita compasión, el que no ha encontrado la energía para llevar sus experiencias de otro modo “más fuerte”, más entero, más valiente. Es ese otro el que no es capaz de enfrentarse a su vida o a lo que le está ocurriendo y por ello llora. Y solemos decirle que no llore más. Lo hacemos con adultos o con niños de forma permanente...


Pero yo me pregunto: ¿es realmente débil el que llora?, ¿es cobarde el que muestra su pesar o su emoción por algo o alguien?, ¿tiene menos herramientas para afrontar la vida quien decide o no puede evitar llorar ante algo que le ocurre?

En mi experiencia como madre que ha perdido varios bebés y como Doula que ha acompañado y
acompaña a otras madres y ayuda a formarse a otras Doulas niego que esto sea así. Niego rotundamente que quien es capaz de ser honesto consigo mismo y con los demás, escuchar sus emociones, ser coherente con lo que siente y expresarlo sea débil, cobarde o carente de herramientas. Quien asume sus emociones, mira dentro de sí mismo, acepta su dolor, su tristeza, se da permiso para expresarlas y lo hace de un modo absolutamente consciente es valiente. Es muy valiente y muy sabio. Y más en la sociedad en la que vivimos, en la que cualquier tipo de duelo tiene fecha de caducidad y algunos no están ni legitimados siquiera.


Quien es capaz de ser sincero consigo mismo y no mentir diciendo que está bien cuando no lo está, que busca su camino para elaborar el proceso que necesita, busca incluso apoyos personales o profesionales y comprensión no busca pena. Porque no es pena lo que necesita. No es la lástima lo que le va a apoyar y ayudar en su proceso, sino que se convierte en un escoyo más.


Por eso os invito a que cuando cualquiera de nosotros nos encontremos con una mujer o una familia que siente tristeza o desconsuelo por un bebé que no ha llegado a sus brazos o ha estado en ellos y se ha ido antes de lo que les hubiera gustado a todos no miremos para otro lado. Miremos dentro de nosotros, busquemos dentro de nosotros mismos la comprensión que nos gustaría que nos ofrecieran si nos sintiéramos así de mal. Y se la ofrezcamos si la necesitan.

A veces esa comprensión será solo escuchar, otras un simple gesto de cariño, otras dejarnos vencer por las emociones y llorar con ellos… Pero nunca será lo que llegue desde la pena.




Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, 
especializada en duelo y nuevos caminos maternales.
A Coruña y Madrid.
Correo electrónico: serdoulasmadrid@gmail.com
Telf: 600218964

lunes, 25 de agosto de 2014

¿DESPROGRAMADAS PARA EL PARTO Y PROGRAMADAS PARA EL SUFRIMIENTO?

Algunos expertos definen de este modo la Imprimación Cerebral: “Una vez que tenemos un pensamiento consciente en el neocórtex, se enciende un pensamiento/recuerdo asociativo/recuerdo implícito inconsciente en respuesta a nuestro entorno, y nos hace pensar lo correspondiente a este estímulo. Este proceso suele llamarse imprimación: tenemos una respuesta inconsciente ante una fuente externa que nos hace pensar y actuar de manera determinada, sin siquiera ser conscientes de por qué lo hacemos.” (extraído de www.psicologosclínicos.com)
Quizás nos podemos preguntar qué tiene este proceso neuronal con la maternidad y, más concretamente, con el parto.

Creo firmemente que no solemos ser muy conscientes de los mensajes que transmitimos en aquello que decimos y cómo lo decimos, de la importancia que a corto, medio o largo plazo puede tener lo que decimos (o más bien la sensación que provocamos al transmitir el mensaje) en el receptor de esa comunicación.
Un claro ejemplo es cómo nos expresamos y qué mostramos respecto al parto, al nacimiento…
Imagen de la serie Friends
Si damos un repaso a las representaciones que del parto se hacen en los medios de masas (audiovisuales
principalmente, ya que es el medio que llega en general a más público y que deja más “huella” en nuestro cerebro por provocar un estímulo más directo en él) podemos comprobar con facilidad cómo el parto está rodeado en esa imagen generalmente transmitida de prisas, urgencia, sensación de riesgo, auténtico peligro incluso, sangre a raudales, necesidad de que alguien lo controle para que la mujer pueda parir y el bebé nacer, separación entre mamá y bebé, necesidad de recibir instrucciones por parte de la madre para el parto, y muchas otras cuestiones que no se ajustan a la realidad de un proceso fisiológico como es el parto y el nacimiento.

Si bien es cierto que en el parto y nacimiento pueden surgir complicaciones en algunas ocasiones que requieran intervención real y que son uno de los acontecimientos vitales más críticos e intensos en la vida de madre y bebé e implica una entrega total (física, psicológica y emocional) de la madre para ayudar a su bebé a salir a sus brazos y del bebé para hacerlo, ello no implica en absoluto que este hecho sea peligroso por definición. Y menos aún en una mujer  con una atención sociosanitaria y una higiene y alimentación adecuadas a sus necesidades y con un óptimo estado de salud reinante en ella y en su bebé.
Por tanto, es una irrealidad lo que se transmite generalmente sobre el parto y nacimiento.  Pero es una irrealidad que cala, crea asociaciones en nuestro cerebro, respuestas condicionadas a esas asociaciones y a esas emociones que nos provoca.

Porque el gran problema no es que se transmita una ficción sobre el nacimiento y parto, que muchas veces es necesaria para la integración de una historia que se quiere reflejar, sino el hecho de que esa es la imagen normalizada, la que de modo habitual se presenta y que genera en el cerebro de quienes la recibimos de forma cotidiana una aceptación de ella como patrón normalizado de parto y, lógicamente, crea en quienes integramos ese patrón una reacción de temor, de urgencia, de peligro inminente hacia el parto y nacimiento tanto para madre como para bebé. Y, ante esa reacción de temor, una respuesta de intranquilidad, falta de confianza en el proceso y sensación de que no podemos conseguir nuestro parto sano y nacimiento de nuestro bebé sano por nosotras mismas, de que será algo que nos hará desear no habernos quedado embarazadas, de que será un dolor insoportable y la mayor situación de riesgo que vivamos. Y de este modo es realmente vivir un parto con plenitud y en libertad, pues el miedo es un enorme condicionante que se cultiva
Parto de Carol, rodado por FLEX en 2009
Por ello es importante ser consciente de ese patrón aprendido y las reacciones que nos causa no el parto, sino el patrón ficticio que nos han transmitido y ha calado en nosotras. Es básico  “desprogramar” esta visión del parto, del nacimiento. Contribuir a un parto y nacimiento más normalizados, más armoniosos, con más confianza en el proceso y conocimiento real del mismo, de nuestras capacidades inmensas y las de nuestros bebés.

Es fundamental alejar la imagen generalizada del parto relacionada absolutamente con la medicalización, la intervención, el control férreo, la instrucción y todas esas cuestiones que dificultan la visión y vivencia del mismo como lo que es: un proceso fisiológico que llega en una etapa vital de la mujer y que significa la llegada de un nuevo ser al mundo y de una nueva madre al mundo.
Por las madres, por los bebés y por la sociedad en general, miremos más allá.

Bea Fdez.
Doula en todas las etapas maternales,
Especializada en Duelo y Nuevos Caminos Maternales

serdoulasmadrid@gmail.com

EN EL ARCOIRIS TRAS TU MARCHA...

Cada día muchas mujeres viven (vivimos) un embarazo tras la pérdida de uno o más bebés que no han llegado a nuestros brazos como esperábamos...
Este nuevo embarazo, deseado, amado, esperado, buscado, anhelado... Puede resultar muy contradictorio a nivel emocional...
Miedos y amor se mezclan, se enfrentan y pueden producir una sensación de lucha constante... 
Entender este hecho nos libera, nos da permiso para sentir y para ser más conscientes de la vivencia y no sentirnos culpables. 
Te entendemos, estamos a tu lado... Sabemos que hay momentos grises hasta en el mayor arcoiris.




sábado, 23 de agosto de 2014

CRIANZA SIN CULPA

 


En la sociedad en la que vivimos la seguridad en uno mismo es un artículo de lujo que muy pocos han conseguido tener realmente.

Casi todos de un modo u otro nos sentimos inseguros: por cómo hacemos las cosas, por cómo nos expresamos, por cómo nos relacionamos o por cómo somos físicamente. Y, en medio de muchas de esas inseguridades, llegan a nuestros brazos los bebés que recibimos. Llenos de energía, recursos y fuerza, pero absolutamente dependientes de nosotros para su supervivencia.


Adaptarse mutuamente es algo que se consigue con el tiempo, mediante el conocimiento mutuo y la apertura para la comunicación entre nuestros bebés y nosotros y la flexibilidad respecto a nuestras expectativas y creencias. Y muchas veces no tenemos claro si es que nos hemos adaptado a nuestra nueva vida como padres o es que nos hemos adaptado simplemente a la permanencia del cambio constante y vertiginoso que se instala en nuestra vida fruto de las evoluciones y logros de ese pequeño que ha llegado a nuestros brazos y a quien a veces nos cuesta entender, pero que es el centro de nuestro universo.


Hace poco, unos padres manifestaban lo que muchos otros padres y madres han comentado en nuestros encuentros: “nadie nos había contado que esto sería así. Todos nos hablaban de lo maravilloso que es ser mamá y papá, pero nadie nos ha dicho nunca que tiene momentos tan complicados de llevar”. Y es cierto; salvo las referencias a la ausencia de sueño que casi todas las madres y padres hacen, nunca se nombran los momentos de caos. Esos en los que ya no recuerdas si has comido o no, ni cuántos días hace que no sacas tiempo para ducharte o cuándo debías haber ido a pagar el alquiler o qué día de la semana es hoy. Esos en los que la crianza de tu bebé te tiene absolutamente envuelto y absorto, pues es lo más importante de tu vida. Porque, en realidad, tu bebé es tu vida.


Esto hace que quienes sienten ese caos dentro del amor, ese "no vivir" dentro de la vida más intensa, ese estrés dentro de la extraña armonía del posparto, decidan no contar nada porque ¿qué ocurre si lo contamos? ¿Qué pasa si decimos que nos estresamos en muchos momentos del día pese a tener un bebé sano y el apoyo de nuestra pareja o familia y una vida llena de amor? ¿Qué sucede si contamos que tenemos momentos en los que sentimos que no podemos más y nos preguntamos si podremos con la vivencia de la crianza? Y la respuesta es nada.

No pasa absolutamente nada. No dejamos de merecer ser padres, nuestro bebé no enferma ni piensa que
no le amamos, nuestro amor por él no desaparece ni le abandonamos. Simplemente reconocemos, conocemos y aceptamos que tenemos momentos en los que no todo es luz, que no vivimos en una felicidad permanente las 24 horas por mucho que seamos felices porque la personita que más amamos está con nosotros/as y está sana y feliz. Y simplemente nos damos permiso para reconocer que tenemos momentos fantásticos y otros que no lo son tanto, simplemente damos espacio para que, si otros sienten lo mismo, puedan expresarlo, descargarlo y continuar disfrutando de todos esos momentos hermosos de la maternidad y la paternidad con absoluta libertad, sin miedo a ser juzgados por nadie por expresar lo que sienten. Y, soltando toda esta extraña sensación de "no puedo más pero no lo voy a expresar", soltamos un lastre innecesario y que dificulta nuestra comunicación, nuestra vivencia plena de la crianza y la de nuestro bebé. Porque a la gran pregunta de: "¿le ocurre a alguien más o es que yo soy mal padre/mala madre?". La respuesta es que a todos nos ha pasado. Todos nos hemos sentido superados, estresados o hemos sentido que no podríamos en algún momento.


Conozco muchas familias y muy pocas puedo nombrar a las que no les haya ocurrido esto, que no hayan sentido en algún momento con el primer hijo, o con el segundo, o con los siguientes incluso ese “no puedo más”, esa especie de “estafa”, ese “engaño” de que todo es maravilloso. Pero todas ellas aman a sus hijos, los crían desde ese amor y buscan siempre lo mejor para ellos. Porque todos estamos presionados por el tiempo, las circunstancias económicas, el entorno familiar o social en general, nuestras propias expectativas, el trabajo, nuestras creencias... Todos llevamos una enorme mochila que pesa...

Por eso es importante darse permiso. Porque sin culpabilidad ni miedo a que nadie nos juzgue podemos mirar con más calma lo que nos ocurre, lo que sentimos y cómo lo sentimos para ser más conscientes. Sin miedo, podemos vivir la crianza de nuestros hijos con más intensidad, con más consciencia y de un modo más pleno y seguro.


Y, sin culpa ni miedo, podemos confiar más en nosotros mismos como madres y padres, en nuestras capacidades, nuestro instinto infinitamente sabio y nuestra conexión emocional con ese pequeño bebé al que amamos profundamente. Sin culpa ni miedo podemos ser nosotros como padres, como familia, y disfrutar mucho más.

Sí, y también me he sentido superada. ¿Y tú?




Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, 
especializada en duelo y nuevos caminos maternales.

viernes, 22 de agosto de 2014

UN ESLABÓN MUY PERDIDO...

Como muchas mujeres y profesionales de la maternidad, en estos días me he sentido absolutamente retratada en las palabras de un hombre que definía a quienes decidíamos sobre nuestra maternidad y el nacimiento de nuestros hijos como “personas vencidas por el mal” y “mentes podridas de desinformación y mentira”. Y, qué queréis que os diga. Si soy todo eso, que viva la victoria del mal y la mente podrida. Viva!

Aunque sería muy, muy fácil atacar este escrito (ni lo considero artículo porque no aporta nada, simplemente escupe palabras) atacando la base de su autor, su recorrido con tropiezos con la legalidad y su calado ético más que cuestionable, no me pararé en ello porque lo que me preocupa es el poso de desinformación y neandertalismo que transmite y que parece ser compartido por algunas partes de nuestra sociedad.
Tampoco me meteré en la extraña e incoherente relación que establece entre quienes desean decidir sobre SU parto y el nacimiento de SU hijo con la izquierda o con el derecho al aborto y que está absolutamente introducida a calzador en sus palabras porque se desmonta por sí misma y nadie con dos dedos de frente hace una relación entre ambas cuestiones. El parto lo decide cada mujer independientemente de sus creencias políticas, señor mío. No por ser de izquierdas una mujer decide parir en su casa.

Lo primero que hace este escrito absurdo y carente de base informativa es obviar los derechos humanos y la
Ley de Autonomía del paciente, entre otras cosas. Ya de entrada me parece suficiente metedura de pata que se afirme que cuando entramos en la consulta de un profesional sanitario (el que sea) pasamos a ser de su propiedad. Esto es, como punto de partida, ilegal por completo. Este profesional diagnostica y propone posibles soluciones a la situación que nos lleva a su consulta. En ningún caso esto supone que seamos de su propiedad. Y, evidentemente, cuando no acudimos por un problema de salud, sino por un proceso fisiológico el objetivo en la consulta del profesional sanitario es el mismo. Porque el parto, señor mío, es un proceso fisiológico y no una enfermedad.

Otra cuestión que nos deja ver la ignorancia reinante en esta obra maestra del “hablo de lo que sea sin saber sólo para que se hable de mi” es el afirmar que el profesional sanitario asignado a la tarea de atender un parto sea el Ginecólogo y obviar la existencia de otros profesionales, ya que en el BOE podemos encontrar fácilmente las atribuciones de la Enfermería Obstétrico-Ginecológica (Matrona) y entre ellas está precisamente esta que copio textualmente: “Prestar atención al binomio madre-hijo en el diagnóstico, control y asistencia durante el parto, auxiliándose de los medios clínicos y tecnológicos adecuados.”
Es decir, que, como indica el BOE, el profesional sanitario que tiene como competencia la atención al parto es la Matrona y no el Ginecólogo, aunque éste también puede atender partos, evidentemente, pues debe tener la formación y capacidades para ello. Y muchos son grandes profesionales que cada día atienden partos de mujeres en Hospital o domicilio. Pero entiendo que la ignorancia y la misoginia reinante en el texto publicado no permitan al autor ser consciente de este hecho o siquiera valorar que esto sea así. Para que se sienta mejor el autor y no se eche las manos a la cabeza por ser una mujer la que controla el proceso de nacimiento y parto, he de decir que también existen excelentes Matrones o Matronas hombres.

Y aquí pasamos a algo mucho más complejo para las personas que no se molestan en informarse antes de escribir: la evidencia científica. Porque si ni se ha revisado los derechos del usuario en el sistema sanitario, los derechos humanos o las competencias de cada profesional en el área de la atención al parto, no podemos pedir que se informe sobre las estadísticas de seguridad e intervenciones en el momento de nacimiento y parto.
Bueno, el caso es que las recomendaciones de la OMS y la Estrategia de Atención al Parto del Ministerio de Sanidad incluyen, entre otras cosas, rebajar el número de intervenciones médicas al mínimo o facilitar la decisión de las mujeres sobre su parto y el nacimiento de su bebé, eso de base. Y, por otra parte, los estudios avalan la seguridad del parto domiciliario, equiparándola con la del parto hospitalario. Hasta tal punto que en países como Holanda o Reino Unido el parto en casa, lejos de ser una novedad o aún un tema de debate, es algo absolutamente cotidiano. Pero, claro, es que para conocer datos hay que buscarlos e informarse sobre lo que uno escribe.

Decir que las mujeres que deciden sobre lo mejor para ellas y sus bebés en el momento del parto y nacimiento están “vencidas por el mal” o nubladas por su izquierdismo, feminismo o locura es no saber ni conocer a estas mujeres, sus familias y la base de sus decisiones. Con esto, volvemos a la ignorancia… una vez más.
Opiniones puede haberlas para todos los gustos porque, le pese a quien le pese (lo lamento por el autor de semejante escrito sin sentido porque parece molesto con el concepto de libertad) hombres y mujeres somos teóricamente libres en este país para poder opinar y actuar en consecuencia. Libertad que ampara incluso a quienes hablan sin saber. Eso sí, dicha libertad choca con el límite del respeto básico al resto de la sociedad, límite que hay quienes traspasan una y otra vez sin ningún tipo de cortapisa ni consecuencia, e incluso en ocasiones rodeados de aplausos y siendo pagados por ello. Vergonzoso.

Decálogo de los derechos del Nacimiento
Plataforma Pro Derechos del Nacimiento
Pero la realidad, por mucho que choque a personas que ni conocen ni quieren conocer sobre el tema, es que las mujeres y familias que viven un parto en su casa son, en su inmensa mayoría, personas que han buscado información, han reflexionado sobre ella, han valorado y han decidido en base a lo que creen que es mejor con esa información en la mano. Y son personas que no deciden en base exclusivamente a sus deseos, sino que lo hacen como madres y padres, en nombre de sus bebés y en base a lo que encuentran mejor también para estos pequeños, haciéndose responsables de su maternidad y paternidad. Sólo por ese proceso de buscar opciones, valorar, decidir y reflexionar, decidan traer a su bebé al mundo en el Hospital o en casa y hagan o no un plan de parto, ya merecen muchísimo más respeto que quienes hablan sin conocer y con la más absoluta carencia de respeto en sus palabras.

Encantada, yo pongo en manos de quien lo desee la información para documentarse acerca de lo que es un parto (repito: proceso fisiológico, no enfermedad) y las recomendaciones basadas en evidencia científica que se manejan a día de hoy. Pese a que, con poco esfuerzo, estas son documentaciones que se encuentran en la red.
Pero, pese a ello, afirmo con firmeza y claridad que una persona que escribe en un medio ofreciendo información incorrecta, faltando al respeto a una persona o colectivo y confundiendo términos es un mal profesional a todas luces, pues lo mínimo es documentarse para escribir sobre algo antes de hacerlo, se sea periodista o no. Y que, evidentemente, el medio que lo publica es absolutamente responsable de lo que se difunde en él.
Por ello no me paro a pedir responsabilidades al autor de semejante muestra de ignorancia y carencia de respeto, responsabilidad o profesionalidad, sino que pido al medio en el que ha sido difundido la inmediata retirada de un artículo que jamás debió publicarse si se hubiera seguido un criterio de coherencia, servicio público y profesionalidad.


En ocasiones creo, honestamente, haber encontrado el eslabón perdido… Pero uno muy, muy perdido... 


Bea Fdez.
Doula, Madre y Educadora Infantil
serdoulasmadrid@gmail.com 

miércoles, 20 de agosto de 2014

ADULTOS, MANUAL DE INSTRUCCIONES

Quien me conoce sabe que no soy persona que “ataque” gratuitamente y a la ligera nada. Muy al contrario, reviso cada cuestión que me llega y reflexiono sobre ella, tratando de sacar algo constructivo de ella, aunque parezca radicalmente opuesta a lo que pienso, siento o soy, de entrada.
Explico esto porque quien me lee o me conoce se sentirá algo confus@ con esta intervención que tiene delante, pues es un ataque, una crítica, una expresión franca y clara de repulsión hacia algo que, por más que reflexiono, reviso o cuestiono no deja de parecerme de todo punto inaceptable.

Cierto es que vivimos en una sociedad en la que en ocasiones parece que disfrutamos despreciando o menospreciando a otros, o directamente agrediéndoles. Da igual que lo hagamos porque sean de sexo diferente, porque tienen diferentes tendencias sexuales, porque son de menor estatura, de mayor o menor peso, porque cuenten con mayor o menos formación académica, tengan mayores o menores habilidades en cualquier campo… o porque tengan menos edad que nosotros. Y ahí voy: a los más pequeños.

Todos hemos escuchado la expresión “infantilizar”, es decir, tratar a otro como si fuera un niño. Y realmente no es una expresión positiva, sino todo lo contrario. Cuando tratamos a otro como si fuera un niño le ponemos por debajo de nosotros, le presuponemos menos conocimientos, habilidades, capacidad de comprensión o decisión… o madurez. Es decir, que todas esas carencias son las que atribuimos a los niños, y por ello cuando “infantilizamos” atribuimos todo ello a un adulto.
Es evidente que los niños tienen menos experiencia, menos conocimientos en diversas cuestiones y todo un mundo por conocer. Pero de base considerarlos “inferiores” por ese motivo es una clara y auténtica falta de respeto hacia su persona y sus capacidades. Y la presuposición de que nosotros somos superiores que, en muchos casos, nos lleva a pensar que hemos de “domesticarlos”, “domarlos” y cosas similares. Pero, señores, un niño es una persona en desarrollo y evolución, que quizás es lo que de adultos se nos olvida: desarrollarnos y evolucionar, aprender cada día.

La falta de respeto hacia los más pequeños es, de entrada, intolerable. Pero cuando viene del mundo de la enseñanza, psicología infantil y pedagogía (supuestos estandartes del conocimiento sobre el desarrollo infantil que han de informarnos y guiarnos en los procesos en los que están especializados) adquiere tintes dramáticos e incurre en una irresponsabilidad insostenible.

En muchas ocasiones hemos de aguantar que se publiquen guías y postulen teorías sobre cómo conseguir
que los niños sean como deseamos, que se ajusten a nuestras necesidades y a lo que esperamos de ellos nosotros, que se adapten a la sociedad que hemos creado y seguimos sosteniendo. Hemos tenido que ver en programas de televisión cómo se trata a niños y sus dificultades de comportamiento culpabilizándolos en lugar de decir claramente a los padres que muchas veces nuestra falta de herramientas, nuestra vida apresurada o nuestras propias carencias personales han podido propiciar que nuestros hijos entiendan que esos comportamientos, incluso autolesivos, son el camino para comunicarse con nosotros.

Pero, no contentos con editar guías, escribir artículos, ofrecer cursos y emitir programas sobre las técnicas a aplicar para “domesticar” a los niños bajo diversos títulos que ya presentaban ciertas carencias en lo que a respeto por ellos se refiere, ahora también hemos de ver en las librerías un “Niños: manual de instrucciones”. ¿En serio no había un mejor título? ¿Uno menos ofensivo? ¿Menos “cosificador”?

Yo me pregunto (porque estas líneas no son fruto de mi gran indignación inicial, sino que vienen tras reflexión) qué pasaría si alguien escribiera un libro titulado “Mujeres: manual de instrucciones”. ¿Nadie protestaría? ¿Ninguna asociación feminista levantaría la voz y pediría su retirada inmediata de las librerías? ¿A nadie le sonaría falto de respeto y discriminatorio? Porque a mi me molestaría profundamente, la verdad. ¿Harían cola para que el autor se lo firmara?
Esto es lo que ha pasado en la Feria del Libro de Madrid, espacio donde la persona responsable de este libro firmaba ejemplares en el fin de semana de inauguración del evento y donde se acumulaba una larga cola de padres que, con sus hijos de la mano, iban a adquirir un ejemplar de esta obra de inefable título.

Y yo pido a todos una reflexión profunda sobre cómo tratamos a los niños, cuanto podemos llegar a faltarles al respeto, cómo podemos insensibilizarnos ante las constantes faltas de respeto que reciben, menospreciándoles como personas sólo por ser de menor edad. Por estar creciendo. ¿Acaso no lo estamos todos o eso debería ser?


Quizás es que hemos de escribir un “Adultos: manual de instrucciones”.


Bea Fernández, Madre, Educadora Infantil y Doula
serdoulasmadrid@gmail.com

martes, 19 de agosto de 2014

¿LOCA? NO, PREPARÁNDOTE PARA LA CRIANZA

Porque a diario muchas mujeres embarazadas reciben comentarios de que sus hormonas las vuelven locas, de que mejor no hacerles mucho caso a sus emociones o directamente de que están "insufribles".
El día que de verdad comprendamos todo lo que implica para una mujer el embarazo, los cambios reales y completos que vive y el objetivo de los mismo, seguramente se deje de "ningunear" este momento, se integre en la normalidad e incluso en lo deseable. 
Porque estás empezando a ser madre, porque tu cuerpo te está preparando para criar a tu bebé y este es un proceso mágico y con el que maravillarse. 
"No hay nada más increíble que la mirada de una mujer que al fin comprende lo que le está sucediendo en su maternidad, que al fin encuentra las respuestas a lo que no entendía. Es luminosa, poderosa y dueña de su proceso al fin." Bea Fdez, Doula


jueves, 14 de agosto de 2014

DOULAS EN EL PARTO: DOLOR Y DOULA

Cada día miles de mujeres se ponen de parto y miles de familias reciben a sus nuevos bebés, en su mayor parte en hospitales. Y cada día, las mujeres llegan al parto preguntándose cómo podrán afrontar las contracciones y el dolor.
Analizar el dolor en el parto es algo que muchos expertos han intentado y que ha hecho correr auténticos ríos de tinta. La autora Verena Schmid, por ejemplo, hace un fantástico análisis en su libro El dolor del parto, creando una visión más que completa, concreta y accesible de este aviso de llegada que nuestro cuerpo nos ofrece. Como ella refleja, el dolor en el parto está siempre influenciado por más factores de los que se suelen mencionar. Cuestiones físicas, psicológicas y emocionales se unen a las influencias ambientales referidas tanto al espacio como a las personas que nos rodean en el momento del parto para hacer que la percepción del dolor sea una u otra, dependiendo de cómo cada factor actúe en su momento y de cómo cada mujer sienta en cada instante y de su estado físico, psicológico y emocioal. Por tanto, cada mujer en su parto tendrá percepciones distintas, incluso la misma mujer en distintos partos. Y, en muchas ocasiones, estas sensaciones y percepciones nada tendrán que ver con lo que esperaba. 

Mucho se ha dicho también sobre el papel que las Doulas tenemos en el parto. Se nos ha confundido con otras profesiones, se nos han atribuido funciones que no nos corresponden, se nos ha intentado mostrar como "ayudantes" de otros profesionales e incluso como sustitutas de dichos profesionales. Pero nada más alejado de la realidad, pues el papel de la Doula en el parto es otro y ha de estar bien definido desde el primer momento entre la Doula, la mujer y quienes atienden el parto. Se trata de facilitar, ofrecer espacio emocional, permanecer en atención constante de las necesidades y las situaciones que rodean a la madre, de estar sin que nuestra presencia sea sentida apenas por el resto del mundo, de mantener abierto el canal de comunicación que con la madre hemos creado antes del parto para que sienta libertad para utilizarlo, para expresarse con nosotras y el mundo, para parir en libertad se encuentre donde se encuentre.

Es evidente que las Doulas no somos la solución definitiva para evitar el dolor del parto, no somos el milagro para tener partos sin dolor. Pero, las Doulas sí somos quienes nos sentamos con la mujer durante el embarazo y en ocasiones en el parto, ofreciendo comprensión, escucha, respeto y apoyo que se traducen en seguridad y paz. Dos cosas que en el momento del parto son fundamentales. Quizás sea esa la clave, el motivo, uno de los que provocan que diversos estudios y metaanálisis hayan documentado menor necesidad de la ya famosa epidural, partos más cortos y mejor recuerdo del parto en aquellos nacimientos que han sido acompañados por Doulas. Se trata de que la mujer pueda sentir espacio emocional y físico para sacar miedos, inseguridades, nervios y tensiones para sembrar en su maternidad tranquilidad, seguridad, paz y confianza. Eso es lo que ofrecemos acompañando el camino de las mujeres que así lo deciden a su parto, al nacimiento de sus bebés: que cada mujer viva las olas de su mar del modo que desee, pero desde la tranquilidad y el apoyo que necesitan. 

Pero no todo es tan sencillo como la teoría puede aparentar, las Doulas no somos la herramienta mágica. Acompañamos madres, personas que tienen una vida tras ellas, repleta de experiencias, vivencias y aprendizajes. Y todas las personas tenemos muchas emociones y relaciones entre palabras y sensaciones integradas de modo inconsciente incluso. Un claro ejemplo lo tenemos en esa palabra que tanto asusta a veces a las mamás y a los papás: contracción. Cuando alguien la nombra muchas caras cambian en una sala llena de mamás y papás en espera de su bebé. Las propias caras se contraen en un gesto de tensión y esto es un ejemplo de lo que hace en nosotras la contracción. Evidentemente la palabra es absolutamente correcta, pues se trata de un espasmo de las fibras musculares que forman el útero, que en el momento del parto están en un intenso trabajo de contracción para que el parto sea posible. Pero, ¿qué ocurre con ese término al nombrarlo? ¿Qué nos hace sentir? En general, nos hace sentir tensión. Si nos hace sentir tensión, luchamos contra lo que significa. Nos ponemos más tensas cuando lo que necesitamos es precisamente lo contrario: dilatar. Y para que nuestro cuerpo pueda dilatar, una de las mayores ayudas es intentar relajar.
Este es uno de los motivos por los que muchos profesionales han comenzado a cambiar el lenguaje, a ofrecer al parto y al nacimiento palabras más acordes con lo que realmente debería ser si todo discurre de forma fisiológica y sana: una celebración de vida, un encuentro de amor. Así, algunas técnicas de preparación al parto nos ofrecen palabras como "olas" o "abrazos" para referirnos a las contracciones. Porque cambiar el lenguaje ayuda a modificar nuestro pensamiento respecto a aquello de lo que hablamos.

Otra de las grandes cuestiones es el dolor... El tan temido dolor del parto.
Es importante desterrar la asociación entre dolor y enfermedad. Una asociación que tenemos absolutamente integrada y que en el caso del parto no es cierta. El parto no es una enfermedad, sino un proceso absolutamente natural y fisiológico que culmina con la celebración de una nueva vida, si todo sucede como esperamos. 
De este modo, con nuestra asociación entre la enfermedad y el dolor y de éste con el parto, conectamos directamente el parto con la enfermedad, haciendo que la inseguridad y el miedo aparezcan y apliquen una presión extra como factor psicológico y emocional durante el parto a la mujer. Al margen de la existencia demostrada de partos naturales sin dolor e incluso placenteros, el dolor no es sino un síntoma de que algo ocurre en nuestro cuerpo o de que algo va a ocurrir. Pero no es una enfermedad en sí, ni nos confirma siempre que aparece que una enfermedad nos llega o ya está instalada en nosotros. Si asumimos e integramos esto, romperemos la asociación dolor igual a enfermedad y nuestra presión disminuirá, y con ella nuestra percepción del dolor.

Las Doulas no somos la varita mágica que elimina todo dolor, pesar o genera felicidad inmediata ni en el parto ni en ninguna otra etapa, pero sí somos facilitadoras de espacio emocional. Y con ese espacio cada madre hace lo que siente: relajar, soltar, expresar... O simplemente dejarse sentir junto a su Doula en su maternidad...


Bea Fernández
Doula especializada en Duelo y nuevos caminos maternales
serdoulasmadrid@gmail.com
Telf: 600218964

miércoles, 13 de agosto de 2014

CON LA INFERTILIDAD PUEDE LLEGAR...

Cada día muchas personas reciben la noticia de que no podrán tener hijos biológicos o necesitarán algún proceso médico o de algún otro tipo para tenerlos. Este es un momento difícil y crítico normalmente para quienes lo viven y es importante no mirar a otro lado y tener en cuenta las posibles emociones y necesidades de cada una de estas personas. 
Porque la maternidad tiene muchos caminos, algunos inesperados.
http://convertirseendoula2014.blogspot.com.es/2014/04/nuevos-caminos-maternales-por-que.html



martes, 12 de agosto de 2014

TIENES UNA DOULA ACOMPAÑÁNDOTE SI...

Buscar una Doula es a veces complicado. El sentirnos en comunicación con ella es fundamental, encontrarnos cómodas con ella, ser conscientes de que conoce y comprende las etapas maternales... pero también saber qué no es una Doula, qué es lo que delimita y concreta a una Doula a nivel "práctico". Cuando deja de ser Doula para hacer otras funciones, ser otras cosas... 

QUIERES SER DOULA? QUIERES ACOMPAÑARNOS EN ESTE CAMINO Y FORMAR PARTE DE SERDOULAS? Accede a nuestra nueva formación, este año con plazas reservadas online para que puedas estar con nosotras, estés donde estés!!
http://convertirseendoula2014.blogspot.com.es/2014/07/formacion-convertirse-en-doula-20142015.html




lunes, 11 de agosto de 2014

¿QUÉ PUEDE CAMBIAR NUESTRA SENSACIÓN DE DOLOR EN EL PARTO?

El parto es uno de los momentos más intensos en la vida de una persona. Tanto por lo que significa para la madre como para el bebé y la sociedad en general, debería ser considerado tan crucial como es en realidad y facilitado como vivencia feliz y armoniosa. 
Muchas cuestiones pueden influir en la percepción de un parto como bueno o malo por parte de una mujer, y el dolor que pueda sentir o no es una de ellas, de las que más miedo provoca antes de llegar a ese momento. Comprender lo que puede influir en ello y tratar de ofrecer herramientas y consciencia para que este dolor, si se produce, sea vivido de otro modo es importante... 



viernes, 8 de agosto de 2014

CESÁREA: ¿CONDENA O VIVENCIA?

Todos hemos oído y dicho alguna vez eso de: “depende del color del cristal con el que se mire” cuando nos hemos referido a alguna situación sobre la cual la visión puede ser variable en función de quién la analice. Así lo que para algunos puede ser una condena fatal que les marque de modo negativo en su futuro y les cause un trauma, para otros es una vivencia de la que aprenderán en el momento que les corresponda.

Y realmente algo así ocurre con las vivencias maternales, incluidas las cesáreas. Cada año se realizan en
nuestro país miles de ellas para traer al mundo a otros tantos niños. En muchos casos la necesidad impera debido a motivos médicos incontestables. Pero en otros, los motivos que propician que un bebé llegue a los brazos de su madre a través de una intervención de cirugía mayor en lugar de hacerlo a través de un parto vaginal poco o nada tienen que ver con la preservación de la integridad física de mamá y/o bebé o con pruebas médicas diagnósticas que así lo aconsejen.

Sean cuales sean los motivos y justificaciones que se dan en cada caso, lo más habitual es que la cesárea sea algo traumático para mamá y bebé y que suponga una “condena” a una nueva cesárea en los siguientes partos que esa mujer pueda tener.

Portada del trabajo "Cesárea, más allá de la herida".
De la artista Ana Alvarez-Errecalde.
Y hablo de algo traumático para mamá porque lo es. Comenzando por el instinto primario de reproducción que nuestra especie tiene y para el que nuestro cuerpo está preparado, rompemos con esa función fisiológica, privamos a nuestro cuerpo de llevarla a cabo. Privamos a nuestro cuerpo del equilibrio hormonal que desencadena en un comportamiento emocional que nos hace reconocer a nuestro bebé y amarle desde el primer instante. Y esto puede causar entre otras cosas, en ocasiones, un comportamiento de desapego inicial o incluso en un tiempo más prolongado hacia su bebé. Esto se debe a la inseguridad en el vínculo emocional entre madre y bebé que se puede producir al haber interferido en el establecimiento fisiológico del mismo. Es algo a lo que muchas mujeres han hecho referencia en múltiples ocasiones y de forma muy privada habitualmente, pues suele causar un fuerte sentimiento de culpa pese a que ellas no hayan tenido elección o información real a la hora de elegir, emoción que no ayuda en absoluto a la construcción del vínculo necesario para madre, bebé y familia.

¿Y para el bebé? ¿Es realmente, como se suele decir, menos traumático para los bebés llegar sin pasar por el canal de parto? Nadie en su sano juicio puede negar que el paso por el canal de parto sea una experiencia estresante. Pero la naturaleza no hace nada al azar. Nuestros bebés nacen tan inmaduros para poder pasar precisamente por el canal de parto. En él, conectados aún a sus madres, se benefician del torrente hormonal que reciben de ellas para iniciar su vida en el exterior. Continúan recibiendo oxígeno a través del cordón umbilical hasta estar preparados para respirar con sus propios pulmones, que van vaciando gracias a los “empujones” que sufren en su salida por vía vaginal, además de ir siendo estimulados enérgicamente gracias a ellos también. Con todo ello, la experiencia del parto les ayuda a salir al mundo de un modo más natural, más armonioso... Y ser recibido por los brazos de su  madre es el culmen.

Cuando pasamos por un momento traumático, cada uno tenemos nuestros mecanismos de defensa, nuestras herramientas para recomponer aquello que cambia o se rompe en nuestro interior. Y estas herramientas dependen de muchos factores, por ello lo que a unos destroza, a otros enseña y ayuda a crecer. No es nada extraño que, ante situaciones similares, dos personas reaccionen de modo muy distinto.

En el tema que nos ocupa (las cesáreas) aquellas mujeres que se sienten traumatizadas por la experiencia (que no son todas ni mucho menos) también reaccionan de modo distinto. Así encontramos mujeres que aceptan la condena de recibir al resto de sus hijos del mismo modo y tratan de asumir que esto será así para permitirse tener más hijos. Y también encontramos mujeres que deciden que las cosas no han de ser así, que quizás haya otras opciones e investigan. Buscan respuestas a sus preguntas, se revelan ante lo que ellas consideran un castigo. Y en muchas ocasiones lo consiguen, consiguen el nacimiento que deseaban para su siguiente bebé, el parto que deseaban para ellas.

Efectivamente, se trata de una condena injusta. Hoy en día se conoce de sobra el hecho de que un parto vaginal después de una e incluso dos cesáreas tiene menos riesgos para mamá y bebé que una nueva cesárea. Entonces, ¿por qué se sigue dando la sentencia condenatoria a las mujeres tras su primera cesárea? ¿Se trata quizás de miedo ante lo que pueda ocurrir en el parto?¿Se trata de continuar estandarizando a las personas y sus nacimientos?¿Se trata de querer controlar y definir las rutinas aplicables en cada caso para comodidad de nuestro sistema sanitario? ¿Quizás es esa obsesión por mantener el poder de la información y considerar que las mujeres son seres que ignoran la misma por defecto y hemos de "protegerlas" de su ignorancia? ¿Es tal vez el afán de no perder protagonismo frente a una función fisiológica que la mujer puede llevar a cabo sin intervenciones si todo transcurre de modo normal?¿A qué le tenemos miedo?¿Qué nos impide asumir que el papel protagonista es sólo de las mujeres en sus partos y en toda su maternidad?¿Qué nos impide entregarles las decisiones sobre su cuerpo?

Todas las mujeres que han sentido su cesárea como un trauma físico y/o psicológico deben buscar su propio camino. Tal vez les lleve a una nueva cesárea, a no repetir experiencia en la maternidad y decidir no tener más hijos o a un parto vaginal como el que deseaban inicialmente o han descubierto después que deseaban. Pero cada una buscará respuestas a sus propias preguntas, herramientas que les ayuden a curar sus heridas y personas que estén a su lado en ese proceso de curación. ¿Estará nuestra sociedad y estaremos los profesionales a la altura?


Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad. 
Especializada en Duelo y Nuevos Caminos Maternales.
serdoulasmadrid@gmail.com

jueves, 7 de agosto de 2014

TU PIEL CON MI PIEL... TODO UN MUNDO

El "método" piel con piel o Madre Canguro es el reflejo del instinto maternal unido con el instinto de supervivencia de nuestro bebé. La respuesta natural a las necesidades primarias de mamá y bebé en el posparto y la primera etapa de crianza... 


martes, 5 de agosto de 2014

UN PEDACITO DE TI...

 Se dice siempre que los hijos son parte de los padres… porque se dice que llevan mucho de ellos: la sonrisa de mamá, los ojos de papá… Cada una de las personas que miramos a un bebé o a un niño buscamos los pedacitos de mamá y los de papá. Buscamos lo que han heredado de ellos, lo que les identifica con ellos… Lo que les hace no solo ser parte de sus padres, sino parecerlo a ojos de los demás también…

Pero, al menos para mi, es importante tener claro que los padres estamos hechos de pedacitos de nuestros hijos también. Porque las personas estamos hechas de pedacitos de vivencias, además de las herencias biológicas de nuestra familia. Y pocas personas hay que nos ofrezcan más experiencias y más intensas e importantes mucho antes incluso de llegar a nuestros brazos que nuestros hijos.
Estamos hechos de las vivencias que nos acercan, las experiencias que nos ofrecen, las emociones que nos provocan, lo que nos hacen cambiar dentro de nosotros y en nuestro día a día, lo que nos hacen correr, reír, llorar, anhelar… Las personas en las que nos convierten son diferentes a las personas que éramos antes de que llegaran a nuestras vidas esos pequeños tan especiales.

Y no importa que hayamos tenido a nuestros hijos años, meses o semanas o días… Somos una parte de De esos momentos de movimientos haciendo olas en nuestro vientre, de la ilusión de preparar sus cositas para cuando nacieran, de la emoción de sentir que están a punto de salir para que los recibamos con todo nuestro amor, de su primera mirada hacia nosotros, la primera vez que les sentimos en nuestro pecho, su primera sonrisa, la primera vez que nos agarran un dedo o sus primeras palabras… Sus noches sin dormir, que son las nuestras, sus enfados y sus llantos que son los nuestros, sus pequeños accidentes que son los nuestros también y cada instante juntos, aunque sea fugaz o parezca no tener importancia…
ellos como ellos lo son de nosotros. Los pedacitos a veces son vivencias y otras son esperanzas… Esperanzas de lo que imaginábamos para ellos. De los ojitos de papá que nos ilusionaba que tuvieran o de la sonrisa de mamá que deseábamos ver en la cara de ese bebé…
Porque nosotros, como padres que somos, nos convertimos también en pedacitos de toda esa maternidad y paternidad que vivimos o esperamos vivir. Que nos hace imaginar, soñar, reir y llorar. Volcar en ella todas nuestras ilusiones, todas nuestras expectativas, que hemos creado sólo para ese pequeño bebé que esperamos que llegue tal y como lo soñamos.

Cada una de esas esperanzas, de esas ilusiones, de esas sensaciones que nos ofrecen, va cambiando algo dentro de nosotros. Va haciéndonos diferentes, moviéndonos a dar nuevos pasos en el camino de la vida para volver a ponernos en el lugar donde nos sentimos nosotros: ese nuevo nosotros.

No importa la cantidad de tiempo compartido porque, a poco que sea, nos habrá marcado de modo imborrable. Somos una parte de ellos, como ellos lo son de nosotros porque todo lo que hemos soñado, imaginado, sentido y vivido ha dejado una huella en nosotros. Y que se cumpla o no, que nuestro bebé llegue como lo soñábamos o que no llegue de ningún modo similar a como lo habíamos soñado (o que no llegue y no lleguemos a recibirle tras su nacimiento) no hace que todo vuelva a estar como estaba. No es un camino con retorno, sino un camino en el que siempre vamos hacia algún lugar. Siempre vamos avanzando hacia el lugar que sea, cada uno el suyo. En constante cambio.

Tanto las mamás y papás que tienen a su bebé con ellos como quienes no han podido recibirle como deseaban cambian en función de las necesidades de su familia. Porque su esencia ha cambiado, porque han tomado para sí pedacitos de ese bebé y de sus sensaciones y experiencias juntos. Sensaciones, emociones y vivencias que les han hecho diferentes para siempre.


Por eso las mamás y los papás son (somos) siempre y siempre serán (seremos) pedacitos de esos pequeños que han (hemos) tenido o esperado…
Siempre seré un pedacito de vosotros…

Beatriz Fernández
Doula en todas las etapas de la maternidad, especializada en duelo y nuevos caminos maternales.
A Coruña y Madrid.
Correo electrónico:
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Telf: 600218964