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martes, 24 de mayo de 2016

QUERIDA SAMANTA VILLAR...



Querida Samanta,

Me dirijo a ti no sólo como una de las responsables de tu propio programa, sino también como madre que eres, papel del cual espero que disfrutes enormemente y que te aporte tanto al menos como sentimos muchas mujeres que nos ha aportado nuestra llegada a la maternidad.

Mi nombre es Bea Fernández. Soy Madre de 5 bebés estrella, de una niña arcoíris y de otro bebé que está en camino y que, pese a sus problemas de salud actuales, esperamos que sea otro arcoíris más que nos ilumine cada día con su presencia.

Además, soy Doula especializada en duelo, infertilidad, adopción, bebés con problemas de salud y gestación subrogada. Así que, como ves, algo de los procesos maternales puedo conocer tanto de modo personal como profesional. Y por ello me atrevo a escribirte, como sé que muchas madres más lo han hecho.

Mi historia comenzó en 2007, cuando perdí a mi primer bebé en primer trimestre de embarazo y, de repente, me encontré de bruces con una dura realidad: ni mucho menos todos los bebés llegan a crecer sanos y felices en brazos de su familia. De repente, todo lo que creía cierto y todo lo que pensé que aseguraba que mi bebé creciera sano se convirtió en algo que favorecía este hecho, pero que ni de lejos lo garantizaba. Podía cuidarme, tener precaución, reposos, los mejores profesionales del mundo o lo que quisiera. Pero si mi bebé no debía llegar, no lo haría independientemente de todo ello. Aprendí que sólo podía cuidarle y esperar que lo demás fluyera de modo sano. Pero que una gran parte de la maternidad no estaba en mis manos realmente, sino en las de la vida.

Desde ahí, he tenido a mi hija, que pronto hará 8 años y varias pérdidas prenatales más. Y ahora estoy embarazada de un bebé con Hernia Diafragmática Congénita, una malformación fetal mortal en un 50% de los casos según los estudios.

En este camino desde el 2007 he aprendido mucho, muchísimo. Y sé que me queda mucho por aprender. Y siento que gran parte de lo que he aprendido con mis duelos, mi información y formación y el acompañamiento que he dado a quienes así me lo han pedido se remueve al ver cómo ha sido tratado el tema del duelo prenatal en tu programa.

Para empezar, creo que es importante ser muy conscientes de que el porcentaje estimado de embarazos que no llegan a término con un bebé vivo es de un 25%. Es decir, que los casos de madres y familias que han de asimilar la despedida temprana de sus bebés, que es tan antinatural y tan dolorosa, son muy abundantes. Una de cada cuatro mujeres ha tenido un aborto involuntario en algún momento de su vida, y eso requiere mirar más hacia esa situación, pues afecta a muchas personas, a muchas familias, a una parte importante de la sociedad. Y en este punto agradezco que lo hayáis reflejado en tu programa.

La gran cuestión es… cómo se refleja. Se nos presenta a una mujer que, evidentemente, no ha procesado el duelo por la muerte de su bebé. Que utiliza un mecanismo de apoyo o incluso de huida para sostenerse y continuar en su día a día. Y, perdóname, yo entiendo que pertenecéis a un medio de comunicación, sé que o seguís por la expectativa de audiencia que pueda dar cada historia a la hora de elegir, y que de eso vivís… Pero ¿de verdad crees que este es el modo más adecuado de reflejar con normalidad el duelo por pérdidas perinatales o neonatales? Sacando un caso de una mujer que, evidentemente, lo vive de un modo no natural, sino patológico, lo que conseguimos es que la visión de las mujeres y familias que deciden sentirse libres para vivir su duelo sea el de personas que se regodean en su dolor. Y esa no es la realidad.

El proceso de duelo está definido como la reacción natural a la pérdida de un ser querido o una abstracción equivalente. Un proceso que afecta a nivel físico, mental, emocional y social a quienes lo viven. Pero un proceso natural al fin. Que requiere su aceptación, su integración y normalización. Que es ignorado y patologizado por una parte de la sociedad que no quiere o no puede mirar al duelo de otros por diversos motivos. Y que, por tanto, en un porcentaje alto de vivencias no es comprendido ni apoyado y se ve condenado a la ocultación en lugar de permitir una normalización y socialización sana y natural.

No dudo de que antes de ser madre pudieras imaginar el torrente de emociones de una pérdida de un bebé, pero ahora que lo eres quizás tengas aún más herramientas para ello. Y por eso me sorprende el tratamiento que ofreces a este tema.

Me pregunto por qué no acudisteis a alguno de los profesionales que trabajamos con duelo a diario. Hay una asociación de Psicología Perinatal en nuestro país, por qué no preguntar a ellos por el duelo. Hay Matronas y otros profesionales sanitarios que cada día viven con las mujeres y familias los procesos de duelo en los centros hospitalarios, por qué no consultarles las vivencias que comparten. Hay Doulas especializadas en duelo en España, por qué no llamarnos y preguntarnos cómo lo viven las familias a nivel emocional.

Por qué acudir a una historia que claramente busca el morbo por mucho que lo tiñáis de ternura y comprensión. Es una forma más de vivirlo, una realidad innegable. La de esta mujer y otras. Pero no es la habitual. Y mostrarla de modo aislado la hace parecer normal cuando no lo es. Y hablo a nivel estadístico, no opino sobre la normalidad o no de utilizar un reborn para tapar un espacio emocional, social y psicológico que no podemos rellenar de otro modo.

La mayor parte de las mujeres y familias viven su duelo procesando su realidad y sus emociones, aceptando su pérdida por dura que sea, buscando los apoyos que pueden a nivel profesional y personal y sanando sus heridas más que comprensibles poco a poco, desde la aceptación y el permiso que obligatoriamente han de darse para poder avanzar en su propio camino.

Querida Samanta, comprendo vuestra necesidad de espectáculo y audiencia. Y comprendería que mostrárais esta realidad minoritaria si lo hubierais hecho en el marco de las diferentes realidades del duelo. Pero desde este prisma aislado nos hacéis un flaco favor a las madres y familias que tratamos de vivir nuestro duelo desde la salud mental, física y emocional que el proceso representa.

Por ello, Samanta, personal y profesionalmente me dirijo a ti. Porque la necesidad de estas familias es la normalización y no este tipo de trato. Porque como medio de comunicación tenéis una responsabilidad social que no deberíais eludir. Y porque no es justo ni adecuado que se juegue a conseguir audiencia con este tipo de temas.

Lo siento, Samanta. Esperaba sentir emociones con tu programa, con tu camino a la maternidad. Pero no esperaba que las emociones fueran tan negativas.


Bea Fernández, Madre y Doula.

lunes, 30 de noviembre de 2015

CUANDO VOMITAR NO ES LO NORMAL: HIPERÉMESIS GRAVÍDICA

La hiperémesis gravídica apareció en mi vida hace 8 años. Hasta ese momento, esas palabras no significaban nada para mi, ni sabía siquiera de su existencia, significado semántico y, mucho menos, lo que implicaba a nivel de vivencia semejantes palabrejas.

Recién descubierto mi sorprendente primer embarazo, empecé a tener las "típicas" naúseas. Nada importante, creía yo. Nada por lo que consultar o que pudiera ser preocupante. Serían unas mañanas malas y nada más... Pero pasaban los días... las mañanas eran horribles, pero las tardes no eran mejores y las noches de terror... Vomitaba entre 8 y 10 veces al día, no podía beber líquidos de ningún tipo y todo lo que comía terminaba conmigo agachada en el water, casi sin poder respirar y con los ojos llenos de lágrimas por los esfuerzos del vómito.
No pasa nada, todo normal. Habrá quien vomite más y quien vomite menos, pensé... Y entonces, empecé a vomitar también cuando ya no quedaba nada que vomitar. Mis días pasaban entre escalofríos, sofocones de calor, retortijones de estómago, intentos vanos de contener los vómitos... Y así llegué al día en el que me dijeron que mi bebé no tenía latido fetal...

Otro día seguro hablo de mi primera experiencia maternal propia (prometido), pero hoy me centraré en lo que supone la HG. Ya que el siguiente embarazo, pese a las previsiones de quienes me atendieron, transcurrió también por el camino de los vómitos, las naúseas, los mareos, las lágrimas, el sentir que nunca volvería a tener una vida normal ni podría disfrutar de mi embarazo como lo hacían todas las mujeres "normales". "Nomales", cómo pesa esa palabra! Qué es lo normal y qué no es normal... cómo de extraordinario era eso que me pasaba?

Pasaban los días, las semanas, y yo seguía vomitando todo... sueros, agua, zumos, sólidos... Vomitaba las pastillas para no vomitar un día tras otro. Probaba todos los trucos posibles: puntos de presión, té de jengibre, dietas de proteínas, fármacos, relajación... nada funcionaba, y mi ánimo cada día estaba más bajo.
Nadie le daba importancia, eran los vómitos de embarazada, unas teníamos más que otras, y se me pasarían a las 12 semanas... Las ansiadas 12 semanas!!

Pero llegaron las 12 semanas y todo seguía igual... las 15, las 18, las 20 semanas... Y empezaron las acusaciones de que yo misma me provocaba el vómito, de que me ponía nerviosa, de que le hacía daño a mi bebé... Mi impotencia iba a más... cómo podemos acusar a una mujer embarazada, que lleva 2 meses vomitando y encontrándose mal de ser mala madre porque no puede evitarlo? Qué tipo de pensamiento nos lleva a esa conclusión y a la necesidad de trasladársela? Prefería no pensarlo y tratar de llevar mi estado lo mejor posible.

Al fin, en la semana 24 aproximadamente los vómitos empezaron a remitir... sí, tenía alguna naúsea, pero ya no sentía esa necesidad constante de expulsar todo el contenido de mi estómago y los espasmos y dolores que acompañaban a ese horrible momento que se venía repitiendo desde hacía 18 semanas a diario una media de 8 veces... Y entonces pude pararme a reflexionar, a buscar información más amplia y centrada en posibles soluciones.

Entonces descubrí que hasta un 3% de las mujeres embarazadas sufren este transtorno, que en la mayor parte de los casos pasa desapercibido o se mitiga en parte con los remedios paliativos que se les ofrecen, pero que hay un porcentaje que parece resistirse a cualquier remedio y persiste hasta incluso el momento del parto.
Comprobé que ni siquiera había demasiado consenso sobre los motivos claros, o que al menos no había relaciones causa-efecto definitivas. Se hablaba de altos niveles de HCG, de antecedentes propios o familiares de hiperémesis, de deficiencias de ciertas vitaminas o minerales... Todo desde el punto de vista estadístico. Pero, claro, la estadística no es más que números... si te ha correspondido ser una de las mujeres que entran en ese porcentaje, por bajo que sea, la estadística no te ayuda ni te consuela...

Y reflexioné sobre cómo se siente una mujer en esa situación:
- débil: se encuentra mal permanentemente, está vulnerable física y emocionalmente porque este estado va minando su estado anímico.
- ajena a su vida: toda su vida se trastoca! No puede apenas moverse de casa, no puede tener una vida normal, ni siquiera en el simple acto social de comer con su familia es normal...
- culpable: y si los vómito dañan a mi bebé? y si le están faltando nutrientes? y si no crece sano por lo que me está sucediendo?
- extraña: por qué me está pasando esto a mi? Todas las mujeres que me rodean pueden tener vida normal en sus embarazos, permanecen más o menos activas y pueden disfrutar... todas menos yo.
- impotente: he hecho todo lo que me han dicho, he probado todos los remedios, he parado mi vida para poder reposar y favorecer mi tranquilidad... no puedo hacer más! qué hago?
- sola: todo el mundo da por hecho que las embarazadas vomitan, nadie valora ese malestar permanente, ese sentir que en cualquier momento desfallecerás si vomitas una vez más, ese sentir que toda tu vida está pasando entre frustración e impotencia por no poder hacer nada...

La hiperémesis gravídica es un problema que viven no pocas mujeres, y la mayoría lo hacen sin saber lo que es o cómo pueden intentar mejorar su calidad de vida, sintiéndose extrañas porque nadie valora o valida lo que sienten y lo que viven... viendo como, en cada vómito, su energía se va desgastando en el camino y sinténdose solas...

La hiperémesis gravídica no son los vómitos normales del embarazo, sino algo mucho más intenso y agotador. Escuchemos lo que tienen que contarnos las mujeres y apoyemos sus necesidades. Porque apoyar a estas mujeres es apoyar a sus bebés y su maternidad. Y porque vivir el embarazo de este modo puede ser muy frustrante, y más si sentimos que no nos escuchan, que no nos entienden, que no nos apoyan...


Bea Fernández
Doula.
Telf: 600218964


martes, 27 de octubre de 2015

SON MIS ZAPATOS, NO LOS TUYOS

Hace un tiempo me casé. Sí, las etapas de esta vida me llevaron a casarme con quien creía que estaría siempre compartiendo mi vida y, pese a que no fue así, estoy muy agradecida por esa vivencia y por esa persona.

El caso es que, como toda novia, preparaba ese día con inmensa ilusión. Iba a ser un día único en mi vida y mimaba cada detalle porque sería irrepetible. Quería que todo fuera perfecto y había mucho que hacer y que elegir.
Desde las flores, lugar y tipo de ceremonia, vestido, invitados... y entonces, un día, me di cuenta de que no tenía zapatos aún y faltaba muy poco para la fecha de la boda. Me estresé mucho, porque realmente no tenía mucha idea de zapatos de novia y lo que había visto por ahí me había asustado un poco, la verdad tanto en cuanto a diseño como a precio. Además, mi presupuesto no me permitía errores ni segundas compras, por lo que solo tendría una opción para comprar los zapatos ideales.

(ya sé que a estas alturas estáis pensando que me ha cambiado al sector de la moda, pero os pido que sigáis leyendo y veréis como todo tiene sentido)

Pensé lo que era importante para mi: que fueran bonitos... Sí, eso era importante porque se verían bajo el vestido que con tanto mimo había elegido y pedido reformar a mi gusto. También que fueran cómodos, eso sí, pues eran muuuuuuchas horas de pie y no pensaba quedarme parada después de la cena. Quería disfrutar el día hasta la mañana siguiente sin problemas. Y, claro, estaba el tema del presupuesto. Debían adecuarse a él. Era lo que había, y era limitado porque se me había escapado ese gasto de mi cálculo.

Ordenadas mis ideas sobre los zapatos ideales, pensé que sería bueno que alguien más experto que yo me acompañara a comprarlos, por lo que llamé a una amiga que se había casado hacía poco y que mantenía toda esa sabiduría sobre bodas y sus entresijos que las personas atesoran cuando preparan su boda desde el principio. Un cúmulo de conocimientos sobre tiendas, precios, cuestiones prácticas y consejos. Ella lo había vivido y sabría orientarme seguro!

Encantada, accedió a acompañarme. De hecho, para ella era en parte como revivir la ilusión de su propia boda y, por otra parte, era muy halagador que yo confiara uno de los secretos de la boda en ella... y que le pidiera estar conmigo!

Pasamos la tarde recorriendo tiendas en Madrid. Tiendas de novias, especializadas en calzado para
novias, zapaterías normales... Y al fin, al borde de la desesperación, en una de ellas encontré los zapatos que había descrito a mi amiga días atrás! Los que había visualizado! "Son estos, son los tuyos!", reconoció ella rápidamente.
Pero yo estaba en otro planeta, enamorada de otros zapatos que reposaban cerca de aquellos que encajaban perfectamente con lo que había deseado hasta ese momento. Los que me atraían tanto como para hechizarme no eran lo pensado, sino unos preciosos zapatos de tacón infinito en color blanco roto, forrados y un poco más caros de lo presupuestado... Realmente no encajaban con lo que yo había imaginado y deseado antes, pero ahora eran lo que yo quería. Quería esos zapatos aunque tuviera que descalzarme a ratos para bailar!

Inmediatamente mi amiga me empezó a recordar lo que yo deseaba al empezar la búsqueda, las razones más que lógicas que le había dado para elegir los zapatos cómodos y no los que se habían convertido en el objeto de mis anhelos. Con toda su buena intención, me recordó cada palabra mía, cada motivación y circunstancia, que habíamos recorrido más de 15 tiendas de todo Madrid para encontrarlos y que ahora al fin los tenía delante y no podía dejarlos ir. Que ya los tenía casi en mi mano, que tenía en mi mano lo que había deseado que, además, era lo mejor que podía elegir de modo lógico.
- Tienes estos en el 38?
Así, con voz apagada pero amable pedí los zapatos cómodos, los imaginados. Y los que me enamoraron se quedaron en la estantería de esa tienda, en espera de otra novia que decidiera quizás por sí misma permitirse caer en profundo hechizo y olvidarse de las expectativas que traía antes.

Con el tiempo, sigo recordando aquellos zapatos y cuanto me costó renunciar a lo que deseaba en ese momento, cuan presionada me sentí y poco autorizada a cambiar mis decisiones previas para adecuarlas a lo que sentía en ese momento...
Eran mis zapatos, no los suyos. Y no tenía derecho a presionarme ni siquiera con los deseos que yo antes había expresado. Mi amiga ese día me robó los zapatos sin saberlo, desde el amor que me profesaba y con la mejor intención.

Recuerdo esta historia cada vez que alguien me dice que como Doula he de recordar a la mujer en su parto las cosas que deseaba para ese momento... Ella las sabe, ella las eligió, y ella elije en cada momento, vaya esto o no en contra de sus deseos iniciales. Son sus zapatos, no los míos. 
Por eso si alguna vez alguien os dice que no podéis ir en contra de lo que deseábais previamente, recordad aquellos preciosos zapatos, aquella novia que renunció a ellos y daos permiso para simplemente seguiros y escucharos más allá de expectativas, planes o consejos. 

Elegid vuestros zapatos, porque vosotras los llevaréis. 


Doula
Telf: 600218964


miércoles, 16 de septiembre de 2015

CUANDO UNA MUJER ENTRA EN URGENCIAS...

Cuando una PERSONA entra en un servicio de urgencias. En este caso, cuando una mujer entra en el servicio de urgencias de ginecología, lo mínimo que debería recibir es RESPETO. Y, si además del RESPETO, recibe una dosis de EMPATÍA, ya sería la bomba.
Una mujer que acude a urgencias con un pronóstico negativo, como lo es la pérdida de un bebé, la interrupción involuntaria de un embarazo o como lo queráis llamar no debería pasar por cierta situaciones JAMÁS. 

Una mujer que llega a una sala de espera de maternidad, RODEADA de mujeres embarazadas felices, radiantes, respirando entre contracciones, mirando a sus parejas entre contracción y contracción con esas miradas de complicidad, de felicidad, acariciándose la tripa con todo el amor del mundo.... No puede ser llamada al control y escuchar palabras tales como: "Si vienes a repetir la beta, mejor te vayas a tu casa y vuelvas mañana, que hay muchas mujeres de parto". 
Ni un "buenas noches", ni un " cómo te encuentras " previos a la indicación en la que parece que lo que se desea es no ser molestad@ por esa mujer que no trae un parto inminente de un bebé a término (más quisiera ella que llegar con esa realidad y no con la que tiene)
Una mujer que va a maternidad a las 12 de la noche o a la 1 o a las 2 de la madrugada (o a la 1 de la tarde, da igual) a sabiendas de cuál es su pronóstico, no lo hace por gusto. No está allí porque se aburra, ni porque no tenga mejores cosas en las que invertir su tiempo. Lo hace, casi con toda probabilidad, con miedo, con angustia, con el corazón encogido en un puño. Lo hace... Porque así se lo indicaron anteriormente en otra visita a urgencias, porque quede constancia en su historia de que ha tenido un aborto, para quedarse lo más " tranquila" posible (todo lo que se puede estar en esos momentos), para confirmar que todo esté "yendo bien" dentro de lo terrible que siente lo que le sucede en esos momentos. 

Y.... ¿Cómo creéis que se puede sentir con un recibimiento así, con unas palabras así, con un trato así? Si, por si eso fuera poco, esa mujer, lo más centrada posible explica que ha ido a urgencias no por la beta (que por cierto dan por hecho que sabe el significado de esta palabra!!!) sino porque tiene una PÉRDIDA, porque lleva todo el día sangrando, porque expulsa coágulos y porque en el anterior informe le piden que si esto ocurre regrese de nuevo, y explica que sólo se queda allí para que la exploren si es ESTRICTAMENTE NECESARIO, porque de no serlo regresa a su casa a seguir llorando, a seguir peleando con uñas y dientes con su dolor, a meterse en la cama y ahogar en lágrimas sus sentimientos, recibe otra respuesta así: 
- "No mujer, pero entonces quédate y te echo un vistazo". (A todo esto, otro ginecólogo entrando e interrumpiendo continuamente) " Quería decir que si era sólo (¡sólo!) para la beta es mejor que vuelvas mañana, pero si me dices que tienes manchado, te exploro. Pero tienes que esperar porque hay muchas mujeres de parto (insiste)" (Interrupción de nuevo) 
La mujer, sintiendo que aquello era una escena de una película absurda y sin sentido, repite con voz frágil que lo sabe, que es consciente de las mujeres de parto que hay porque le tocó venir con 2 de ellas por el pasillo acompañadas de la celadora y porque ella misma las ve en la sala de espera. Por eso, por eso y porque NO PUEDE GESTIONAR SU DOLOR de un aborto frente a la felicidad de aquellas mamás, le dice, una vez más que si se puede ir a su casa, lo hará. Que sólo se queda si es absoluta y estrictamente necesario. 

¿Cómo se puede sentir esa mujer? ¿Qué se le puede pasar por la cabeza? ¿En qué clase de Sistema Sanitario estamos metidos, en el que un Ginecólogo, esa persona supuestamente experta en cómo tratar a una mujer en estos casos, tiene la frialdad de una serpiente? ¿Qué clase de sanitarios, en este caso de Ginecólog@s están formando en las facultades? ¿O en sí mismos? ¿Es, acaso, una forma de evitar sentir dolor? ¿Una forma de alejarse, de no involucrarse en el dolor? 

Quiero pensar que es por ese motivo. Pero es que... Aún poniéndome en ese caso, no me sirve, no es justificable de ninguna manera. ¿Cuando estas personas llegan a su casa y se meten en la cama... tendrán su conciencia tranquila? ¿Serán capaces de pegar ojo, sabiendo la forma en la que tratan a las mujeres? 
Esta respuesta... Tiene mucha miga. Si la respuesta es "sí", es que vivimos en un mundo de locos, de insensibles. En un mundo en el que todo y todos les importamos muy poco y somos un número más. Un número con el que terminar lo antes posible y pasar al siguiente. Como en la cola de la panadería.
Si la respuesta es "no".... Pero no mueven un dedo, no mueven un pelo, no trabajan consigo mismos por ponerse en el pellejo del de enfrente, no trabajan su empatía, su ¡¡HUMANIDAD!!

No sé dónde vamos a ir a parar. Sólo les deseo, a este tipo de "profesionales" que ojalá NUNCA en sus vidas, tengan que pasar por una experiencia así. Que nunca tengan que vivir en sus propias carnes lo que es perder a un hijo. 
Les deseo... Toda la suerte del mundo porque la van a necesitar. Porque confío en que las mujeres que sufran ese mal trato denuncien, pongan voz a sus sentimientos y emociones y esto acabe ya.


Doula

lunes, 7 de septiembre de 2015

EMPODÉRAME, QUE YO NO SÉ

Hace unos años que un término ha entrado en el vocabulario de la maternidad con fuerza, creando largas conversaciones y ríos de tinta sobre él y la consecución de lo que implica, de lo que nos puede aportar: empoderamiento.

Empoderar, según la RAE, es un término usado en los textos de sociología "con el sentido de ‘conceder poder [a un colectivo desfavorecido socioeconómicamente] para que, mediante su autogestión, mejore sus condiciones de vida’." Quizás, como en ocasiones anteriores, la RAE haya de revisar su definición para actualizarla y adecuarla a la sociedad actual, pero el sentido de esta palabra es básicamente el que esta entidad describe: ceder el poder, favorecer la autogestión para que, a través de ella, alguien que ahora está en situación más débil pase a estar en otra posición mejor. 

Hasta ahí estamos todos conformes; todos estamos de acuerdo en dar el poder a cada individuo para que decida cómo ha de gestionar su vida y, en concreto en nuestro caso, cómo ha de vivir su maternidad y qué decidirá en ella, haciéndose así responsable y propietaria de esa vivencia. 


En aras de este empoderamiento trabajamos muchos profesionales de la maternidad y la salud. Dedicamos nuestro tiempo a aprender y mejorar en nuestro día a día para poder ofrecer informaciones más completas y mejores servicios a las mujeres y familias que deciden acudir a nosotros pero... cómo enfocamos ese empoderamiento? Lo hacemos de modo adecuado?

Cada día encuentro pistas que me llevan a creer que quizás no estamos trabajando del modo que debemos... Se trata de frases, palabras sueltas a veces, tonos en conversaciones o mensajes escritos u orales... muchos mensajes más o menos explícitos que realmente no dejan espacio a la entrega de poder, sino a un conductismo diferente al anterior en cuanto al destino al que nos quieren llevar, pero conductismo al fin.

Quizás, para que se entienda mejor, será bueno que ponga un ejemplo... 

Esta mañana, en la tutoría que ofrecía a una alumna de la formación online para Doulas, hablábamos sobre parto y expectativas. Y entonces llegó. El momento que muchas Doulas hemos vivido. Ese en el que pesa sobre las expectativas que los demás tienen respecto a nosotras la palabra Doula y la imagen que parte de la sociedad tiene de ella. 
A mi alumna (me cuesta llamar así a las Doulas en formación porque para mi son también grandes maestras) ya le habían dicho que, claro, al ser Doula, si tenía otro hijo pariría en casa. Y al responder mi alumna que a día de hoy no se lo planteaban así, su interlocutora se apresuró a juzgar que lo que necesitaba era un "empujoncito" hacia el "buen parto" y le recomendó hablar con esta u otra persona para que se le quitaran "esas cosas de la cabeza".

En toda esta conversación, aparentemente sin importancia, se ve claramente a lo que me refiero con el adoctrinamiento hacia otros lugares diferentes... pero adoctrinamiento al fin.

Dejando a un lado esa imagen falsa de que las Doulas hemos de cumplir el estandar de parir en casa o tener una crianza específica de nuestros hijos, cosa que de por sí es un prejuicio absoluto hecho desde el desconocimiento, me voy a centrar en la segunda parte...

Qué implica decirle a una mujer que si no quiere parir en casa es porque ha de quitarse esto o lo otro de la cabeza? No supone dejar de dar valor a los criterios de esa mujer y, por tanto, dejarla sin poder porque se la considera desinformada o manipulada en la toma de decisiones? 
No es acaso lo mismo que se hace cuando se vulnera la ley de atención al paciente y se ignora el criterio de las mujeres respecto a sus decisiones de parto diciéndoles que sólo el personal sanitario sabe lo que es mejor para ellas?
Para mi sí es lo mismo. Quien hace uno u otro intento de convencer a la mujer lo hace desde la absoluta creencia de que aconseja lo mejor para ella, de que las otras opciones son negativas para ella. Pero... dónde está ahí el poder de la mujer a la hora de decidir? En qué sentido le estamos dando poder alguno a una mujer a quien le decimos de modo más o menos sutil que es incapaz de decidir? 

Claro que hay una serie de evidencias científicas que apoyan un tipo de parto más fisiológico, más natural, menos intervenido pero... acaso damos poder a la mujer tratándola como una pobre marioneta desinformada? Es esta la forma en la que somos conscientes, respetuosos y tratamos de mostrar a las mujeres el poder inmenso y la gran capacidad que tienen? No sería mucho más respetuoso con sus decisiones, su poder y su camino darles la información que poseemos si la desean de modo objetivo y no esperando que cambien sus opciones en modo alguno?

Nos falta mucho camino, me temo... Porque este no es un hecho aislado, es algo que se puede observar con cierta cotidianidad. 
Se ven caras de pena cuando hablas de una u otra intervención en tu parto, mujeres que esconden el hecho de haber elegido esto o lo otro para su parto, lactancia de su bebé o crianza... Por qué lo hacen? Por qué sienten la necesidad de esconderse o incluso de justificarse o mentir ante una decisión que toman? 
No será que en el camino a la maternidad consciente y el empoderamiento nos hemos perdido por senderos que conducen a otro tipo de conductismo y adoctrinamiento? No es tal vez muy fácil caer en ello cuando crees absolutamente en que ese tipo de maternidad, de parto, es el mejor? Claro que sí, puede ser el mejor. Pero el mejor para quién? Para quien ofrece la información o para el total de las mujeres y familias sin tener en cuenta sus circunstancias?
Honestamente, eso no es devolver el poder, eso no es ofrecer el espacio para que la mujer decida libremente y se autogestione. Con este modo de actuar lo que hacemos es trasladarle que ella no puede, no sabe, está atada y manipulada, y por ello nosotros la hemos de ayudar, salvar... la hemos de empoderar... Y, en el camino, quién se empodera? Ellas o nosotros? No es ella quien ha de decidir tomar las riendas, tomar sus decisiones y valorar sus alternativas? No es ella acaso quien ha de empoderarse?

Personalmente no creo que haya un estandar de maternidad bueno para todas las mujeres, ni para todos los bebés. No creo que haya un manual de actuación para una maternidad feliz que indique que si tienes este parto, esta lactancia y esta crianza seréis felices. Creo en el camino individual de cada mujer, en su capacidad de decisión de lo que es mejor para ella y su bebé, en que la información que le llegue la procesará en el momento que sienta que ha de hacerlo, y que solo ella puede identificar. Creo en cada maternidad y paternidad individual, en cada bebé.
Porque ellos pueden, ellos son poderosos, y yo... yo no soy más que una persona que está a su lado, confiando, conteniendo y escuchando lo que desean trasladar.
Y tú? Crees en su poder?


Doula, Formadora y madre.
serdoulasmadrid@gmail.com

martes, 11 de agosto de 2015

¿QUÉ ES LA MATERNIDAD?

Hace unos meses preparé unas Jornadas para profundizar en la base de la Doula, en los conceptos clave de la profesión que acompaña emocionalmente a la maternidad. Y esta fue precisamente la primera cuestión que desgrané: maternidad.
¿Qué es la maternidad? ¿Qué implica la maternidad?

Desde luego, no es mi intención desgranar aquí el contenido de las jornadas ni mucho menos, pero en los últimos tiempos he vivido y sentido debates intensos que quizás se hubieran entendido desde otros prismas si realmente todos supiéramos lo que para aquel con quien dialogamos significa la maternidad. Así que hoy iré a la base de todo por difícil que se haga explicarlo y por más ampollas que pueda levantar quizás (cosa que lamentaría porque realmente no es mi intención, sino más bien al contrario)

¿Qué es maternidad? Esa es la pregunta clave.
Está claro que si para alguien maternidad es gestar y parir a un bebé, es lógico que esa persona no
considere maternidad la vivencia de un hombre que cría a sus hijos solo, o la de una mujer que pasa por un legrado por una pérdida prenatal y nunca ve a su bebé, o la de una mujer que adopta a un bebé o niño, o la de una persona que recibe a su bebé gracias a la maternidad (o gestación) subrogada.
Si para alguien la maternidad pasa exclusivamente por parir como acto fisiológico en sí, las mujeres que han recibido a sus bebés tras una cesárea tampoco tienen maternidad, o quienes tienen a sus hijos fruto de un proceso de adopción.
Y si para alguien la maternidad pasa por criar a un bebé o niño, excluye a las personas que pierden a sus bebés antes de que nazcan o poco después.
Y de este modo podemos continuar acotando vivencias, poniendo límites a lo que significa la maternidad, estableciendo reglas para determinar quienes son madres y quienes no, y quienes maternan y quienes no...

A día de hoy no hay un único camino para llegar a la maternidad, como no lo había hace siglos (no, no hemos inventado ni los tratamientos de fertilidad, ni las adopciones ni la maternidad subrogada, aunque sí hemos incorporado tecnologías, controles o factores diferentes a estos caminos) Cada sociedad ha ido abriendo los caminos maternales en función de sus creencias sociales, religiosas, culturales y, desde luego, de las técnicas a su disposición para favorecer el proceso de maternidad.
De hecho, todos hemos escuchado expresiones como: "su abuela ha sido como una madre para ellos" o "su padre ha ejercido de madre y padre". Y están absolutamente introducidas en la normalidad social, totalmente aceptadas como frases hechas pero... son sólo frases hechas o nos aportan una pista para acceder a una visión más global y abierta?

Cuando vamos a la RAE, encontramos que maternidad es la condición de madre pero... ¿qué es lo que marca la condición de madre? ¿Gestar? ¿Parir? ¿Lactar? ¿Colechar? ¿Portear? ¿Criar? ¿Que la genética nos una? ¿Todo ello unido? ¿Sólo algunas partes?
¿Acaso no convierte a una persona en figura maternal el hecho de maternar? ¿El hecho de que ese pequeño sienta que le materna? ¿El que esa persona sienta que ama y cuida como madre? ¿Podemos negar el maternaje a alguien por no cumplir unas condiciones concretas o se trata de amar como madre y cuidar como madre? Amar y cuidar incondicionalmente, ¿no es eso maternar? ¿No es eso ser madre?
Y, más allá, ¿qué nos da derecho a juzgar si una u otra persona vive o no un proceso maternal por el hecho de que cumpla o no alguna de las condiciones de más arriba? ¿Cuantas personas conocemos que consideran y sienten a sus abuelas, tías o padres como una figura maternal, como su figura maternal?

Realmente me sigo considerando aprendiz de todo y experta en nada (bueno, experta en ser aprendiz quizás), pero creo en la maternidad como un proceso de amor, mostrado físicamente o proyectado a un ser que quizás nunca tengamos en nuestros brazos. Un proceso de aprendizaje, de construcción y de desarrollo, de descubrimiento de cuanto podemos amar. Pero amar de verdad, por el placer de amar y no porque esperemos nada en compensación. Para mi la maternidad es ese maternar, amar de esa forma diferente y especial, esté con nosotros o no ese bebé, se haya gestado o no en nuestro ser...
Por ello considero que la maternidad es ese proyecto mental, emocional, que se produce en una persona que ansía tener un hijo y vivir ese amor a su lado, y también considero maternidad esa vivencia diaria junto a un pequeño para el que lo somos todo y es todo para nosotros. Independientemente del origen de cada una de las llegadas a esas experiencias, son parte de la maternidad, van marcadas por el sentir de madre. Y para mi es suficiente porque para sus protagonistas lo es.

Porque, por ejemplo, yo soy tan madre de la pequeña que crece cada día a la vista del mundo como de esos bebés estrella que jamás verá el mundo si no es a través de mis ojos. Y nadie tiene derecho a negar mis maternidades y las de nadie.

¿Qué consideráis los demás maternidad?


Bea Fernández
Doula



domingo, 2 de agosto de 2015

CRECIENDO Y CAMINANDO: CURSO DESPROGRAMA TU MENTE

Hace unos meses tuve una conversación casual con una profesional a quien conozco de hace tiempo... Cómo nos iba la vida, cuánto tiempo sin hablar, cómo sentíamos este mundo de la maternidad y los profesionales, cuales habían sido nuestras vivencias... y así, por casualidad, llegué a un curso que no esperaba y que, la verdad, no tenía muy claro si podría encajar en mi horario imposible: Desprograma tu mente

Os podría contar muchas cosas sobre este curso... cuánto me ha ayudado a recordar todo lo que me
ata para no volar, cuánto me ha hecho mirar dentro y usar con apertura las herramientas que me ha facilitado Mónica Alvarez... Pero prefiero trasladaros un ejemplo que sé que quienes me seguís o me conocéis vais a entender.

Y os lo traslado porque vivirlo es creerlo, y yo lo he vivido. Y porque tenéis la oportunidad de vivirlo también en la nueva edición que saldrá dentro de muy poco... Aquí va el cómo yo abrí mi botella para conseguir lo que quería... Y el cómo intentaré seguir abriendo las botellas que la vida me presente...

Tras un mes fuera de mi casa al fin regresé. 
Deshacer maletas, colocar cosas, poner lavadoras… Y, merecidamente, una cenita tranquila! Mi intención era hacerme una ensalada de tomate, queso fresco, cacahuetes y un aliño con vinagre de Módena pero cual fue mi sorpresa cuando la botella de vinagre no abría. 
Con el calor de Madrid se había resecado el vinagre que quedaba en la tapa y no conseguía que girara la rosca. Lo intenté de todos los modos y, cansada, casi a punto de desistir, decidí dársela a mi pareja para ver si tenía más suerte. 
Apretó con todas sus fuerzas, hasta el punto de hacerse daño, pero la botella seguía cerrada… Mi ensalada se esfumaba… 
Entonces pensé… si el calor la ha cerrado, por qué no probar con lo mismo? Agarré la botella por el tapón y la mantuve un par de minutos entre mi mano cerrada. Quizás necesitaba algo tan sencillo y tan complicado a la vez como pensar en el origen del problema para resolverlo, en lugar de pelearme con él. 
Así, mágicamente, el tapón se dejó desenroscar con sorprendente facilidad. Y del mismo modo nuestros anclajes, marcas, lealtades y patrones pueden aflojarse para dejarnos ser cuando desprogramas tu mente. 
Que a qué venía esto? Ah, sí: gracias, Mónica Alvarez, por enseñarme en “Desprograma tu Mente” a abrir mi botella de vinagre y disfrutar de mi ensalada más que merecida.

Bea Fernández
Madre, Doula

miércoles, 29 de julio de 2015

LLEGA UN NUEVO PORTAL PARA LAS MADRES: HIPERMOTHERS

En los últimos años, la maternidad ha aprovechado los espacios que aportan las nuevas tecnologías para volver a convertirse a una etapa más social, casi tribal, que poder compartir con personas que coinciden en ese momento vital tan especial.

Hace poco que un nuevo proyecto de portal dedicado a la maternidad ha visto la luz. HiperMothers es un espacio en el que poder conectarse tanto con otras madres como con profesionales de la maternidad. Por ello hemos querido saber un poco más de este proyecto, de la mano de Isabel Vilches, Diplomada en Ciencias Empresariales y colaboradora en la fundación de HiperMothers.

- ¿Qué es hiperMothers y qué la hace diferente de otros portales de maternidad?
Hipermothers es una red social para ayudar a las madres y embarazadas en su día a día en cualquier asunto que les preocupe o inquiete en su camino como madres.
Lo que le hace diferente del resto de portales es que en nuestra red, las mamás van a poder hablar entre ellas y también queremos conseguir registros de pediatras, psicólogos, nutricionistas, ginecólogos y resto de especialistas para que todas las mamás puedan tener un grupo de charla con estos especialistas y puedan resolver sus dudas. Esto será posible ya que la red social soporta multimedia, grupos, eventos, relaciones de amistad y el resto de funciones que presenta una red social. También nos gustaría que los grupos y eventos se puedan aprovechar para el seguimiento pre y post charlas para mamás y embarazadas. Además se ha habilitado una sección de artículos de interés.

- ¿De donde surge la idea de crear este espacio abierto a todas las madres? ¿Quién está tras
hiperMothers?
Surgió la idea tras montar una tienda online de puericultura que se llama hiperbaby. Tras crear esta tienda online, decidimos hacer tangible esta idea con el fin de ayudar a todas las mamás con sus dudas además de habilitar un espacio compartido para todas las madres, embarazadas y especialistas.
HiperMothers ha sido fundada por Juan Carlos Toral con la colaboración de Isabel Vilches.

- ¿Cómo visualizáis HiperMothers en un futuro quienes aportáis al proyecto vuestra energía?
La visualizamos como una red social con un número elevado de usuarias y especialistas, y un espacio en el que toda madre y embarazada pueda encontrar y solucionar cualquier duda relacionada con el embarazo, parto, lactancia, etc.

- ¿Qué encontrará una madre que se registre y qué os gustaría que encontrara en un futuro?
Encontrará un espacio donde va a poder hablar con otras madres, donde va a poder asistir a charlas online con profesionales, va a poder consultar con un especialista cualquier problema que tenga con su hijo.
Creemos también que las mamás van a poder pedir cita online con sus especialistas, ya que han tenido un primer paso con ellos.
Y que las revistas, asociaciones, Escuelas Infantiles, etc van a colaborar con las mamás para poder realizar charlas online con ellas. Además podrá inscribirse a grupos y eventos de interés.

- ¿Y los papás? ¿Habrá un espacio para ellos en HiperMothers?
¡No los olvidamos! Para los papás también estamos pensando, ya que, los realizan una función muy importante en la vida del bebé y de la mamá. Ahora mismo estamos comenzando con las mamás pero si todo va como creemos que va a salir, también habrá un espacio para ellos.


Para SerDoulas, Bea Fernández

viernes, 17 de julio de 2015

LA MATERNIDAD SUBROGADA AL DESCUBIERTO

En las últimas semanas un nuevo tema ha salido a debate en las redes y en la sociedad. No porque sea algo realmente nuevo, sino porque su visibilidad ha aumentado y, con ella, también el número de personas que "oyen campanas" sobre ello y deciden que tienen conocimiento suficiente como para opinar (algo absolutamente respetable si se aclara que se trata de opinión y no se utiliza una opinión para juzgar y sentenciar)
Se trata de la maternidad subrogada.

Lo llamativo de este caso es que incluso, en medio de la marabunta de visiones sobre esta realidad, ha surgido un activo movimiento que promueve la prohibición de este tipo de procesos por considerarlos esclavitud sobre las mujeres que participan en ellos. Claro, se nos olvida que para que haya esclavitud o abuso ha de existir la ausencia de consentimiento por parte de quien se supone es la víctima, o bien el desconocimiento de lo que supone aquello a lo que se ofrece y que, teóricamente, la convierte en víctima.
Pero no escribo este post para desmontar teorías de nadie, ni siquiera para exponer teorías. Escribo este post para exponer realidades. Sin menospreciar otras que puedan existir, pero dando voz a las que yo he vivido. Dando voz a la verdad que yo he presenciado. Sí, a mi verdad y la de muchas personas que viven una maternidad subrogada.

Conocí la maternidad subrogada hace años, viéndola simplemente en una serie de TV que no tenía mayor importancia en mi vida. Una de esas cosas "para no pensar" que vemos en la llamada caja tonta. Pero resultó que ni era tan tonto eso que salió como un hilo argumental más de una serie de ficción, ni tampoco me dejó precisamente sin pensar pues, como curiosa que soy, comencé a investigar un poco sobre el tema.
¿Era posible que mujeres voluntariamente se ofrecieran a gestar uno o más bebés de otras personas? ¿Se hacía ese tipo de acuerdos en base a una igualdad entre las partes y al consenso entre todos los adultos implicados en ello? ¿Cómo podía sentirse una mujer que llevaba en su vientre el bebé de otra persona y que era su nido para luego entregarlo a quienes serían su familia? ¿Sería capaz yo de hacer algo así?

Hay preguntas de las que en esas semanas me hice que todavía no han encontrado respuesta. Y son las más personales, las referidas a mis elecciones, mis límites y los motivos por los que son límites para mi.
Pero para otras sí encontré respuestas y, para mi sorpresa, no pocas. Pues no eran pocas las mujeres que habían alcanzado esos acuerdos de subrogación con otras personas, y muchas contaban orgullosas su experiencia. Así conocí la diferencia de visiones y vivencias de esta realidad en diferentes países, supe que en nuestro país no era legal pero sí legalizable el bebé que nacía y era traído por sus padres (entiéndase padres no sólo como pareja, sino como madre, o padre, o madres o padres) También supe de las situaciones mejores o peores tanto de quienes ofrecían su vientre como de quienes buscaban una mujer que gestara a su bebé en los diferentes países en los que esta técnica de reproducción asistida está contemplada como legal... Pero ahí quedó la cuestión, no indagué más.

Durante ese tiempo estaba formándome como Doula, comenzando a caminar en este mundo de la maternidad ya no como madre, sino como profesional. Y me rodeaba de otras compañeras con quienes ni me atrevía a hablar del tema porque sabía que produciría rechazo en ellas por lo controvertido que lo encontraban. Fue un tiempo más tarde cuando mi experiencia profesional me llevó a bucear con mayor profundidad en la maternidad subrogada, pues una de las mujeres a quien acompañaba comenzó a planteársela...
Así volví a informarme, volví a investigar... esta vez más desde el prisma emocional, desde los procesos de apego o desapego, desde la vivencia del bebé, desde la vivencia de quien gesta y de quien recibe a su bebé de los brazos de otra mujer... Y descubrí un mundo de ilusiones, generosidad, amor y entrega tanto por parte de unos como de otros.

http://www.naciendojuntos.com/
Encontré a mujeres y hombres que llegaban a la maternidad subrogada tras caminos de renuncias,
aceptación, ilusión y búsqueda de caminos que les llevaran a lo que más deseaban: a su bebé.
Encontré a mujeres que ya habían vivido la maternidad, que ya habían tenido embarazos y tenían a sus pequeños en muchos casos y que, pese a que ni de lejos un año de su tiempo, energía e intensa vivencia emocional sería compensado económicamente por nada en el mundo, decidían ayudar a otras personas a tener lo que deseaban con todo el alma.
Encontré agencias y profesionales que mediaban, que trataban de ayudar al entendimiento entre las personas implicadas en esta elección, mediando y tratando de paliar en muchos casos barrera del idioma para que la comunicación permitiera un proceso lo más cercano posible.
Encontré familias que vivían junto a los suyos estos caminos, desde el silencio, a veces incluso desde el miedo a los juicios y prejuicios sociales que podían dañarles en un momento en el que si algo necesitaban era apoyo.
Encontré una sociedad que desconoce pero critica, que se agarra a cada noticia negativa sobre aquello que es novedad como a un clavo ardiendo y va tejiendo opinión desde la distancia, sin implicarse, sin sentarse a escuchar con la mente vacía de juicios y teorías y el corazón abierto...

Tanto encontré eso que me apasioné por esta vivencia, por este mundo, por este camino maternal, este camino de maternaje. Tanto encontré luz en estas vivencias reales y claras que a día de hoy no puedo callar cuando se intenta imponer un criterio parcialista a esta decisión que libremente viví como tomaban todos los protagonistas adultos, conscientes de lo que suponía para cada uno y también de las implicaciones para el bebé o bebés que llegarían a este mundo para tener una mujer maravillosa que los acunó en su vientre nueve meses y una familia que los acunará el resto de sus vidas.
Tanto encontré eso que viví cosas como informaciones ofrecidas a las mujeres que iban a parir, apoyo emocional a ellas por parte de los padres del bebé, regalos y cuidados a esa mujer gestante o expresiones de agradecimiento posteriores tanto por parte de la familia que recibía al fin ese amado bebé como por parte de su entorno cercano.
Tanto encontré en esas vivencias que a día de hoy sigo admirando y agradeciendo a alguna de esas mujeres que tuvieron la enorme generosidad de gestar a alguno de esos bebés toda la felicidad que regalaron a la familia y todo el aprendizaje que me regalaron a mi sin saberlo.

Sí, todo eso encontré. Y también encontré historias menos claras, menos limpias, más cercanas al oscurantismo al que muchas personas quieren vincular la maternidad subrogada. Historias a las que he de decir que ni yo ni las personas que conocía que vivían maternidad subrogada nos acercamos de forma directa, pues no nos parecían ni aceptables ni adecuadas ni tolerables. Y es justo en estas historias, en esos países que no tienen una regulación clara y permiten realmente una explotación donde se ha de actuar para proteger a las mujeres, para evitar que la maternidad subrogada sea la única salida que les queda y por ello la tomen, o que sean obligadas a ello por sus parejas o familias o entorno en general.
Es ahí donde debemos mirar con crítica. Pero no teñir el resto de las realidades con el oscuro de estas vivencias...

Por una maternidad (gestación) subrogada legal y regulada.
Por los derechos de las mujeres gestantes y de las familias con quienes acuerdan ese camino.



Bea Fernández
Doula
Telf: 600218964






lunes, 13 de julio de 2015

EL VIOLENSELFIE: NUEVA MODA EN LOS PARITORIOS

Que en una sociedad aparezcan diferentes tipos de violencia es algo que parece que tenemos asumido. Pero que estos individuos llamen la atención solo de una parte de la sociedad porque el resto no vea en los actos de estos violentos nada negativo es lo que debería ponernos los pelos de punta realmente, o al menos a mi me produce ese efecto.

Las redes sociales, tan positivas para estrechar lazos y ayudar en la comunicación entre personas de diferentes lugares del mundo, han creado un espacio donde la violencia se expone con vergonzosa frecuencia e impunidad. Violencia en todas sus vertientes campa a sus anchas y, expuesta, se normaliza y banaliza: física, psicológica, atentados contra la intimidad, contra el honor, violencia pasivo-agresiva, verbal, disfrazada de idealismo o cuidados hacia otros... Violencia en definitiva, con consecuencias siempre negativas aunque con matices distintos. Violencia que encuentra nuevos caminos para mostrarse y retratarse en público en el ámbito de las nuevas tecnologías y que las aprovecha para normalizarse, e incluso para hacerse "graciosa" ante el público que la observa impasible, incluso sonriente y, en algunos casos, simplemente en estado de shock.

Parece que cada vez estamos más anestesiados como sociedad... Nos recortan libertades quienes deberían velar por ellas, nos roban quienes nos deberían llevar al progreso, nos insultan y dominan quienes deberían estar a nuestro servicio, nos agreden quienes deberían acompañarnos en nuestro desarrollo... Y así hasta el infinito. Siempre aprovechando esta sociedad en la que el poder parece ser el que marca las normas (económico, político, físico, psicológico o del tipo que sea ese poder)
Siempre tratando de utilizar algún tipo de poder sobre los demás y, a ser posible, de mostrar que así lo hacemos porque podemos hacerlo, duplicando así el maltrato sobre aquel ser al que dominamos en ese acto de sometimiento.
Leído, nos puede parecer que nadie hace ese tipo de cosas entre las personas que nos rodean pero yo pregunto... Cuantas veces hemos impuesto nuestro criterio al de nuestros hijos respecto a cosas que no son tan importantes y lo hemos contado como un logro a otros?
"Se quería poner la camiseta de rayas con el pantalón de flores. Es que estos niños son la leche! Encima, berrinche de media hora cuando no le dejé y le dije que hoy no elegía él la ropa porque iba a ir hecho un payaso y todos se reirían de él".
Cuantas veces hemos ridiculizado a nuestros mayores por no saber utilizar algo?
"Es que mi madre no se entera con el móvil nuevo! Es que ya cuando están muy mayores no se aclaran y se ponen patosos".
Cuantas veces hemos recibido invalidaciones a nuestras decisiones como madres por parte de quienes nos debían ayudar y apoyar?
"Es que tú no sabes lo que duele el parto, verás luego cuando llores por la epidural. Mira, te la ponemos ya y así te lo ahorras, porque creeis que esto es un paseo y luego os quejáis y veis cómo teníamos razón".

El poder nos ubica en un espacio superior al de la persona sobre quien lo ejercemos, nos hace parecer mejores de lo que realmente somos (y digo parecer porque en realidad, por dentro, nos hace menos sabios, menos capaces...) Y siempre lo ejercemos sobre quienes creemos que son inferiores a nosotros de modo cotidiano o en momentos concretos.

Y esa es la gran cuestión... por qué creemos a otros menos importantes o capaces que nosotros? Por qué tenemos la necesidad de sentirnos superiores a otros? Qué sucede para que sintamos ese impulso de dominar, incluso de modo inconsciente? No tengo respuestas únicas a estas preguntas, pero sí me choca, dentro de esas mismas preguntas, el por qué personas que están a nuestro servicio deciden ejercer poder sobre nosotros en momentos en los que lo que deberían hacer es cuidarnos y trabajar por y para nosotros?
Esta es una de las claves de uno de los tipos de violencia que más debate ha generado en los últimos tiempos: la violencia obstétrica.

La violencia obstétrica convierte a cuidadores en verdugos, en peligro para quienes deberían ser atendidos por ellos. Afecta a todas las esferas presentes y futuras de quien la sufre, vive oculta, camuflada en la normalidad de la invalidación de las mujeres y sus decisiones, en la anulación de la capacidad de las mujeres para ser valiosas por sí mismas, de decidir por sí mismas... o en su intento al menos.

Violencia obstétrica es no escuchar y respetar las decisiones de las mujeres, no ofrecerles una información completa intencionadamente para que no puedan decidir libremente, afirmar que las mujeres no saben lo mejor para ellas en cada momento de su vida sexual o reproductiva, realizar maniobras o tratamientos que no les hayan sido informados adecuadamente, intentar convencerlas de que no son capaces de vivir su maternidad y tomar las mejores decisiones en ella sin nosotros, obligarlas más o menos directamente a tomar una decisión o realizar algo que no desean, vulnerar su derecho a la intimidad... Todo ello es violencia obstétrica y mucho más.

Por ello, cuando veo un selfie de un profesional sanitario mostrando el cuerpo de una mujer de parto y haciendo comentarios que pretenden ser graciosos sobre ella o cualquier otra mujer a quien haya atendido mi alarma se dispara, se encienden todas las defensas posibles y vuelvo a cuestionarme, una vez más, qué tipo de sociedad tenemos, qué sociedad estamos creando para que un profesional que debe velar por el bienestar de una mujer en su parto y nacimiento de su bebé decida que tiene derecho a exponerla, a comentar sobre ella o cualquier otra... qué le da derecho a vulnerar la intimidad de esa mujer o cualquier otra? Y... qué sucede con nuestra sociedad para que a alguien, el porcentaje de personas que sean, no se vea alarmado por esta situación.

Personalmente no callo, no otorgo, no normalizo y no asiento... Ni una agresión más amparada en las redes o la impunidad social... Habla ahora, muéstrate y no dejes que te digan que no sabes, no puedes, no vales, no llegas... Son ellos los que no saben, pueden o valen, los que necesitan agredir para sentir que son algo. Son ellos los que no tienen poder, tú eres poderosa.


Bea Fernández
Persona, Mujer, Madre, Doula...
Telf: 600218964



miércoles, 1 de julio de 2015

LO QUE LA SEXTA NO CONTÓ EN EL PROGRAMA DOULAS: LAS FUNCIONES DE LA PLACENTA

En el reciente reportaje de Equipo de Investigación sobre las Doulas se mezclaron muchas cuestiones que nada tenían que ver realmente con esta profesión, pero sí con diversos aspectos de la maternidad como puede ser la lactancia en niños de más de 3 años, la vivencia de las parejas de las mujeres que dan a luz o la placenta. 
Pese a haber tenido a su disposición diversas informaciones fiables y testimonios completos por parte de personas que aportaban informaciones, el montaje del reportaje acabó dando una visión tremendamente alejada de la realidad. Por ello algunas de las personas que participaron se han manifestado respecto a lo sucedido.
Hace unas semanas compartimos el escrito de la Doula Bea Fernández respecto a la visión global del reportaje, y hoy compartimos la realidad que nos traslada Helena Fernández tras haber visto cómo su contribución de tres horas al programa era alterada.

Lo que La Sexta no contó en el programa Doulas y las funciones de la placenta

Por unos días yo también sentí que me equivoqué al abrir las puertas de mi casa a los periodistas de “Equipo de investigación” de la Sexta. Cuando accedía a ser entrevistada sentí que podía aportar mucha información para clarificar el asunto de las doulas y la placentofagia, información que sería valiosa para hacer visible que las madres pueden decidir qué tipo de parto quieren, qué quieren hacer con su placenta, y también qué tipo de crianza seguir. Sentí que mi colaboración podía ayudar a poner a cada un@ y cada tema donde corresponde, de forma objetiva, con datos. Aporte mucha información científica y valiosa, pero los periodistas “de investigación” decidieron dejar a un lado la parte de investigación y quedarse con el morbo de la placentofagia en sí aderezado con los efectos de la música de intriga y los mensajes ocultos a través de los enfoques de cámara. No voy a entrar mucho en el significado de la palabra “investigación”, cuya definición y práctica conozco en profundidad, habiendo sido yo investigadora en la universidad durante años y siendo mi actitud vital investigar y el autodidactismo. Y sí voy a pasar directamente a contar lo que yo conté a La Sexta, lo que La Sexta cortó y no contó.

Les expliqué que, desde un punto de vista holístico, el parto no es un acto médico, sino un momento central en la vida psicosexual de las mujeres y que como tal hay que tratarlo. Les conté la diferencia entre mi primer embarazo y parto, hospitalario e intervenido, y el segundo, consciente, en casa y como yo había decidido. Les conté que yo contraté una comadrona y una doula y la función de cada una en mi pre-parto, parto y postparto. Les conté que mis deseos fueron respetados, que mi marido estuvo conmigo en todo momento y que la que decidió en todo momento cómo sería el parto fui yo. Sin obligaciones, sin coacciones.

Pero esto fue lo más personal. La información científica también estuvo presente ya que considero, y así lo expresé, que no se puede hablar de la placentofagia aisladamente y alegremente sin tener en cuenta la vida completa de una placenta en sí, que no se puede opinar acerca que la placenta sin conocerla de forma holística.

Así que les expliqué despacito, y de forma sencillita para que lo comprendiesen ellos y la audiencia media en general, que la placenta es una gran desconocida, y que de este desconocimiento viene toda esta polémica en torno a la placentofagia. Les hablé en detalle de las funciones placentarias, de todas, de la función placentaria 1) durante la gestación, 2) cuando el bebé nace y 3) en el post-alumbramiento. Les expliqué que durante la gestación la placenta es un órgano compartido y efímero, que solo aparece mientras se gesta, que está adosada al útero de la madre y al cordón umbilical y relaciona estrechamente al bebé con su madre, satisfaciendo las necesidades de respiración, nutrición y excreción del feto durante su desarrollo. Les detallé que la placenta también tiene una función inmunológica, que es el punto de conexión física de la mamá y el bebé y que no solo pasan los nutrientes a través de la placenta, también el cortisol en momentos de estrés y las endorfinas en momentos de alegría, placer….

Pasé luego a contarles en detalle que la función placentaria durante la gestación es la gran conocida, pero que cuando el bebé nace la placenta tiene otras funciones, entre ellas 1) bombea sangre, aportando una importante reserva de nutrientes y hierro y 2) aporta oxígeno facilitando al bebé el tránsito a la respiración extrauterina. Minuciosamente conté que durante unos minutos el cordón umbilical continúa latiendo y esa sangre es bombeada de la placenta al bebé, lo cual aporta una reserva de nutrientes y hierro que mantienen en el bebé unos niveles elevados hasta 6 meses después del nacimiento. Les comenté que también aporta oxígeno facilitando que el bebé pase de forma tranquila de la circulación placentaria a la circulación normal, es decir, que permite al bebé iniciar la función respiratoria con su fuente de oxigeno intacta y así el bebé tiene tiempo de comenzar a respirar poco a poco, de una forma suave y relajada , sin angustias por no tener oxígeno. Les expliqué que en la mayoría de los hospitales se suele pinzar y seccionar el cordón umbilical en el momento en el que el niño sale del vientre materno de manera que el recién nacido se ve privado de oxigeno.

Y luego pasé a la tercera función placentaria, la que ocurre en en el post-alumbramiento, momento en que la placenta tiene una finalidad fisiológica que se concreta en la polémica placentofagia. Les hablé de que existe literatura científica recopilada de fuentes antropológicas, estudios del genoma humano y estudios bioquímicos que dan evidencia acerca de la función de la placenta en el post-alumbramiento, es decir, que la placenta tiene una función extrauterina esencial, y que esta función es la placentofagia, ya que restaura la energía tras el parto gracias a la progesterona, estrógenos, vitaminas y minerales que contiene. Lo del genoma humano no lo entendieron muy bien, pobres, y me pidieron que lo repitiese, y lo repetí pero me dijeron que no importaba, que mejor información más clara. Así que me dejé sin explicar que la placentofagia es un comportambiento genéticamente codificado, que esta “sabiduría natural” proviene de la actividad de un gen (PEG3) que se activa en la madre durante el parto. Y me dejé sin decir, a petición suya por falta de su propia comprensión, que este gen nos “informa” de que comernos nuestra placenta facilita la integración de los procesos vitales del recién nacido en sus nuevas condiciones de vida, permite a la madre recuperarse de forma óptima tras el esfuerzo de parir, reponerse psicoemocionalmente e iniciar la producción láctea.

También les hablé del análisis bioquímico de la composición de la placenta, que revela su alto contenido vitamínico, en proteinas-aminoacidos, minerales, lípidos y hormonas, que inducen a considerar que la ingestión de la placenta facilita el inicio de la lactancia en concordancia con toda la información almacenada durante el embarazo.

Les expliqué que con la placentofagia se termina el ciclo de la placenta, que la placentofagia es su función extrauterina esencial según muchas investigaciones y que como este órgano contiene gran cantidad de nutrientes, hormonas, vitaminas, minerales y otra serie de factores fundamentales para la recuperación de la madre después del parto, realmente está diseñada por la naturaleza para mantener el equilibrio materno y del bebé a través de la lactancia por su composición hormonal e inmunológica.

Hablé también de que es una fuente rica en hierro, por lo que su ingesta repondría la cantidad perdida durante el parto y es también una recarga férrica para el bebé. Y les comenté que gracias a su aporte de lactógeno placentario, ayuda a la producción de leche y a iniciar la lactancia materna. Ah, y no me olvidé de decir que equilibra los niveles hormonales ayudando a prevenir la depresión postparto, que es bueno ingerirla dentro de las 24h siguientes a su alumbramiento porque, repone hormonas reduciendo la depresión y tristeza.

Y les conté que tiene vitamina K, antihemorrágica, lo cual disminuye el riesgo de hemorragia tanto en la madre como en el bebé. Esto sí lo mostraron en su programa, este dato únicamente, lo cual les venía muy bien para enlazarlo con el corte del compañero investigador que va a la frutería a preguntar qué alimentos contienen vitamina K. El resto de información que les dí y que ahora he compartido (lo del ADN y la genética, las hormonas, el hierro… etc ), esto no lo pusieron, porque el rigor científico no parece ser la cualidad esencial del periodismo de investigación. ¡Qué pereza investigar pudiendo quedarse con el lado morboso!

Así que se centraron mucho en emitir que ingerí un trocito de placenta batida en zumo de frutos rojos, que mi marido también bebió zumo y que tod@s las personas presentes en el parto que quisieron hacerlo también bebieron. A modo gracioso dije “hicimos una fiesta” y esto sí lo emitieron. Entiendo que emitir esto, aislado del resto de información científica que fue intencionadamente omitida, pues claro, no se entiende. Como dije antes, sin entender de forma holística todas las funciones placentarias, la placentofagia no se comprende. Será que no quieren comprender ni quieren que se comprenda. El caso es que yo disfruté mucho de parir en mi casa de la manera que quise y de celebrar el nacimiento de mi hija. Y lo lamento mucho por aquellas mujeres y familias que no celebran sus partos y que se pierden la experiencia psicosexual de su vida.

Por otro lado, también cortaron una serie de reivindicaciones claras y concretas que expresé antes sus cámaras, como la falta de información acerca de la función placentaria incluso por el personal sanitario, o la mala praxis profesional de aquellos sanitarios que conocen las funciones de la placenta pero las obvian. Reivindiqué que cada persona se informe, que dedique su tiempo a leer, a investigar toda la literatura científica y antropológica de la placenta, lo cual haría reflexionar acerca de la demonización o atribución de cualidades perversas, esotéricas o “canibalistas” alrededor de la placentofagia… Y esto llevaría a tomar decisiones propias. Uy, releo este párrafo y aparecen las palabras “reivindicar”, “falta de información”, “reflexión”, “decidir”… Claro, ahora entiendo que esto lo cortasen los de “Equipo de Investigación” porque, en vista de lo que emitieron, debe ir justo en contra de sus principios éticos y de su concepto particular del vocablo “investigación”.

Ahora entiendo también que cortasen la parte en la que explico que hay una medicalización sistemática de todos los procesos psicosexuales de la mujer. De que estos procesos psicosexuales, que en realidad son inherentes a la vida fisiológica y psicosexual femenina, (es decir, que nos corresponden por naturaleza por ser hembras, sin más) se consideran enfermedades a tratar mediante fármacos: las menstruaciones, los embarazos, los partos, las menopausias... Les expliqué que las mujeres estamos sometidas a una medicalización sistemática. ¿No habrá alguna otra intención detrás de esta sistematización? Así que apelé a que las mujeres se tomen la molestia y la libertad de informarse y decidir, y que tomen decisiones conscientes e informadas. Les hablé, y también lo omitieron, de que había habido un congreso sobre Neurobiología del Nacimiento, recientemente celebrado, en el que estuvo el neurólogo Nils Bergman y en el que se aportó amplísima literatura científica muy útil para el personal sanitario que atiende partos (yo misma asistí). Y terminé diciendo que esta pelea entre las enfermeras y doulas no tiene cabida ya que el enemigo, mujeres, está en otra parte. Y que hay una serie de intereses ocultos e invisibilizados en torno a esta polémica. Qué ingenua fui, claro, al decir esto sin ser consciente de que justamente las personas me hacían la entrevista y me grababan son cómplices de y útiles para mantener estos intereses. Ay, ay, ay…



He meditado semanas si escribir este artículo o dejar el tema morir por inanición. Sin embargo, he decidido conscientemente escribirlo para dar luz a la información que La Sexta soterró. He querido compartir la información que pensé que iban a transmitir y que me llevó a colaborar con La Sexta: informar y poner cada cosa en su sitio. He sentido que callándome contribuía justamente a mantener el silencio entre las mujeres y a mantener el desconocimiento de que podemos decidir y de que tenemos un papel protagonista en nuestros partos. Y he escrito porque, aunque al principio me molesté por haber dedicado tres horas a explicar toda esta información, esta experiencia me ha servido mucho para saber que a mí una chapuza de programa como este (y chapuza aquí no es un insulto sino una definición) no me impide seguir investigando, no me impide decidir, no me frena a informarme y a animar a las mujeres a que se informen y por supuesto no disuade en absoluto mi ánimo acompañar a otras mujeres en sus decisiones y a compartir toda la información que yo he investigado sobre la placenta y la placentofagia.

martes, 23 de junio de 2015

TUTORIAL: CÓMO CREAR UNA CORTINA DE HUMO

Querid@s tod@s, el post de hoy espero que se entienda con la necesaria dosis de retranca gallega que requiere este tema, pues realmente los últimos meses han sido tan absurdos en cuanto al tratamiento dado a ciertos temas que a veces es mejor aplicar ese humor ácido y punzante del que disfrutamos muchos, y especialmente los que somos capaces de burlarnos de lo que más nos importa mientras ponemos cara de estar explicando algo tremendamente serio.

Hoy os quiero ofrecer un tutorial. No era que las Doulas no guiaban ni daban consejos?, os preguntaréis. Cierto, pero es que esto no os lo hago llegar como Doula, sino como persona, como usuaria del sistema de salud, como contribuyente a los organismos con financiación pública, como mujer y como madre... Ni más ni menos que todo eso. Porque como Doula simplemente los hechos hablan por sí solos y no creo que necesiten defensa, la verdad, pues como Doula soy absolutamente ajena a acusaciones que se vierten.

Bueno, explicado esto paso a contaros el objetivo del tutorial que os he preparado. Se llama "Cómo crear una cortina de humo cuando quieres eludir responsabilidades".

Antes de nada, he de decir que todo tutorial destinado a la manipulación de las masas depende siempre de la sociedad en la que se desarrolle. Y este es uno de esos tutoriales de manipulación.
Evidentemente, en España este tutorial es mucho más efectivo que en otros países, pues estamos más que acostumbrados a preparar maniobras evasivas para ocultar o trasladar nuestras responsabilidades. De hecho, se rumorea que somos el país que inventó la frase "yo no fui", la cual fue luego derivando a "yo no sabía nada" o "uy, eso no lo llevo yo" o algunas tan brillantes como "eso no lo hacía el que se fue hace un mes?".
Así pues, la ubicación geográfica ha de ser tenida en cuenta a la hora de elegir esta maniobra de distracción de la que hablaremos.

Los pasos a realizar son muy sencillos:
1- Elíjase un colectivo que utilizar para crear la distracción. Lo ideal es que sea uno descontento en general pero con los suficientes miembros respetados como para no ser cuestionado a priori en lo que traslade. Mejor si tiene que ver con la ciencia o la investigación, o viste algún tipo de uniforme, pues eso siempre ayuda a que todo lo que se aporte venga revestido de veracidad.
2- Selecciónese otro colectivo más minoritario, a ser posible sobre el que se tenga poca o nada de información en la sociedad en la que nos movemos para que sea más fácilmente cuestionado e incluso culpado de lo que se desee.
3- Búsquense expresiones desde el colectivo minoritario que sean desafortunadas si las sacamos de contexto. Gracias a las redes sociales esto no debería ser un problema. Da igual que las expresiones sean en el ejercicio de representación de ese colectivo o realizadas como persona particular, fuera del ámbito del colectivo que nos interesa cuestionar.
4- Localícense blogs, webs o publicaciones del tipo que sea que desvirtúen a ese colectivo minoritario. Esto tampoco será complicado, pues a día de hoy muchas personas tienen un blog o similar y, si partimos de un colectivo sobre el que se tenga poca información, no es difícil encontrar confusión en las redes.
5- Realícese una composición escrita que reúna todas estas cuestiones, abónese lo correspondiente con los fondos de la entidad que represente al colectivo respetado y aválese con la imagen del mismo, aunque parte de ese colectivo desconozca o incluso rechace tal cosa.
6- Escójanse varias personas que, movidas por el desconocimiento absoluto o parcial o bien por otros intereses, estén totalmente entregadas a la causa de desvirtuar y atacar, aún sin razón lógica o avalada, a ese colectivo débil que utilizaremos como cortina de humo y convénzase a estas y otras personas de que el colectivo desconocido es el causante de sus males.
7- Realícese una campaña mediática utilizando a personas del colectivo respetado, sean o no parte activa laboralmente del mismo y destrúyase al colectivo desconocido bajo la premisa del gran peligro que suponen, sobredimensiónese, aplíquese una alta dosis de morbo, agréguese algún testimonio anónimo sin contrastar...
Et voilá! Ya tiene usted su cortina de humo.

De este modo podrá desviar la atención de cuestiones que no desea que salgan a la luz como las cuestiones políticas internas de su colectivo, las deficiencias en el trabajo de algunos de sus miembros, la falta de reconocimiento de su colectivo, las intrusiones en su colectivo por parte de otros tradicionalmente más poderosos, las dificultades de su colectivo en general dentro del sistema en el que trabajan o la falta de escucha y respeto a las personas a quienes van destinados los servicios de ese sistema, por ejemplo.

Con estos 7 pasos, el éxito llegará a su maniobra de distracción, aunque puede aderezarlos, aumentarlos, repetir alguno o introducir variantes que los potencien.

Este tutorial no dispone de video creado para él, aunque sí podemos mostrar un ejemplo en formato escrito con el Informe Doula del CGE y otro en modo audiovisual con el programa sobre Doulas de Equipo de Investigación.  Esperamos que haya sido de ayuda y os esperamos en la próxima entrega.



Bea Fernández
Persona, mujer, usuaria, madre y "coach" a la gallega.



jueves, 18 de junio de 2015

ADELANTO DE "LA SOCIEDAD QUE VACIABA ÚTEROS":

A veces las personas nos hacen regalos personales, otras nos hacen enorme regalos que van más allá La sociedad que vaciaba úteros.
de lo personal y benefician a much@s más. Y éste es el caso del libro de Irene Garzón,
Tenemos la inmensa suerte de que a nosotras no sólo nos ha regalado el hecho de haberlo escrito, como a todos, sino que nos ha ofrecido una pequeña parte de una de las historias que contiene: la de Ingrid.

Aquí os dejamos la historia de adelanto, así como la entrevista que Irene nos concedió en días pasados.

Gracias, Irene, por el trabajo y por el doble regalo!

Aeropuerto de Madrid-Barajas. 
—¡Mamáa! 
—¡Ay mi niña bonita! ¡Pero qué alegría tan grande! —exclama Alicia mientras corre hacia su hija y la estrecha en sus brazos. 
—¡Qué guapa estás, mamá!
—¡Tú sí que estás guapa! Déjame que te vea. Pero si has engordado un poquito y todo. ¡Qué bien! Y yo que pensé que con lo mal que habrás comido, que seguro que venías más delgada aún…
 —Mamá, siempre te las ingenias para recordarme lo delgada que estoy, incluso cuando me dices que he engordado— le dice su hija con una gran sonrisa.
—No, hija, yo lo decía por bien; que estás muy guapa, que te quiero mucho y que estoy contentísima de que estés aquí. ¡Ay! Cómo te he echado de menos —dice mientras la vuelve a abrazar
—. ¿Qué tal el viaje? ¿Estás muy cansada? 
—Pues sí, mamá, estoy agotada. No he pegado ojo en el avión y encima, venía al lado de uno que acaparó todo el espacio que pudo y casi no podía ni estirar los pies; así que, me he pasado medio vuelo dando paseos por el avión. 
—No te preocupes, cogemos un taxi, vamos a casa, comes algo y te acuestas. 
—Bueno y tú, ¿qué te cuentas? ¿Te has echado un novio en mi ausencia? 
—Pues no, hija, algún tonteo pero así, serio, na de na. 
—Bueno, si te has dado una alegría de vez en cuando, eso está bien. Ya aparecerá un tío estupendo más adelante. 
—¿Y tú? 
—Pues como tú. Nada serio. Pero un montón de experiencias maravillosas, que ya te iré contando. 
—Pues me quedo más tranquila, hija, que yo estaba temiéndome alguna salida de las tuyas, como que te volvías para allá, a vivir en la selva medio en pelotas porque te habías enamorado de un negro enorme. 
—Pero, mamá, ¿dónde crees que he estado? —sonríe Ingrid— No me extraña que lo hayas pasado tan mal. Anda boba, no te preocupes que por ahora mis planes son quedarme por aquí y no irme demasiado lejos. 
—Bienvenida a casa, hija —dice Alicia mientras abre la puerta. 
—¡Ah, casa! Qué bien huele siempre esta casa. No sabes como he echado de menos este olor. El olor de mi casa. Tenía tantas ganas de volver a estar aquí. 
—Hija, parece que echabas más de menos a tu casa que a tu madre. 
—No seas tonta, mamá, pero entiende que he estado un año sin hogar, y eso es lo que más duro se me ha hecho. A ti te tenía cuando quería, aunque fuese por teléfono; pero esta sensación de descanso que se tiene cuando uno tiene una casa, eso llevo un año sin experimentarlo y es una sensación maravillosa estar entre las cuatro paredes de tu casa.
—¿Ves? Si es que no tenías que haberte ido. 
—Mamá, por favor, no empieces. Estoy encantada de haberme ido, ha sido maravilloso. Lo mejor que he hecho en mi vida, ha sido tomarme este año para mí, pero es normal que haya echado cosas de menos, lo haya pasado mal en algún momento… pero la balanza está muchísimo más inclinada hacia el otro lado, así que no te hagas la víctima de mi viaje. Ya estoy de vuelta y no quiero empezar a discutir tan pronto. Vamos a disfrutarnos un poquito, antes de volver a nuestra rutina de discusiones.
—Claro que sí, hija, que no quiero ser yo quien discuta contigo. Te he hecho cocido. ¿Te caliento un poquito? 
—Claro que sí, cocido de mamá ¡Qué maravilla! Yo voy a ducharme en lo que tú lo preparas, ¿vale? Mientras Alicia prepara la comida, Ingrid canturrea en la ducha. Está contenta y está encantada de estar de vuelta. Solo le queda contárselo a su madre y lleva un tiempo preparando cómo decírselo por lo que todo saldrá bien. Seguro que al principio se lleva un disgusto, pero ya lo entenderá; que para luchadora su madre, que la sacó a ella adelante: sola y con la cabeza bien alta. Ingrid cierra el grifo y se quita el agua de la cara con las manos, abre los ojos y allí está su madre, petrificada y con la boca abierta. —¿pero, hija?
—Lo siento mamá, no pensé que lo fueses a saber así. 
—Pero, ¿no pensabas decírmelo? 
—Claro que sí mamá, te lo iba a decir ahora durante la comida. No me parecía lógico soltártelo en medio del aeropuerto o en el taxi. Es algo grande y maravilloso y quería decírtelo aquí en casa. Voy a tener un hijo, mamá. 
—Pero, ¿y de quién?
—Mío mamá; mío y tuyo. No hay ningún negro enorme esperándome en la selva. No te preocupes por eso. Este niño no tiene padre. Así lo he querido y así va a ser. 
—Pero, ¿él lo sabe?
—No, mamá; ni siquiera yo sé de quién es. Deja de preocuparte. No me va a pasar lo que a ti. Este bebé va a tener una madre y una abuela maravillosas y nadie que dé problemas. Esto es lo que yo quería, esto no ha sido un descuido y quiero que te alegres por mí, porque estoy feliz. Te quiero mucho mamá —dice Ingrid mientras abraza a su atónita madre. 
—Y yo a ti, hija, y yo a ti.

miércoles, 17 de junio de 2015

IRENE GARZÓN: VACIANDO LA EXPERIENCIA



Muchos son los libros que vamos leyendo cuando somos personas curiosas y con deseos de saber. Algunos los recordamos más y otros menos, pero de todos nos queda siempre algún poso.
Irene Garzón nos ofrece uno de esos libros de los que el poso será profundo seguro, de esos libros que no nos olvidamos ni de su contenido, ni de cuando los hemos leído... Ni de su título!
"La sociedad que vaciaba úteros" es una novela que llega dejándonos ya una huella importante sólo al nombrarla. Representa el trabajo de 8 años de encaje de bolillos de esta Matrona con amplia experiencia tanto dentro como fuera del sistema sanitario público y nos traslada a un paritorio, a un entorno en el que se recibe vida, pero a través del crisol que supone precisamente esa experiencia de ser quien recibe la vida y de ser quien trae a otro a esta vida exterior, a esta vida fuera del útero.

Hemos querido acercarnos a Irene y contar un poco más sobre su novela en los últimos días del micro mecenazgo con el que prepara su edición para el mes de Agosto. Y esto es lo que os hemos traído de ese cálido encuentro.

- Cuando iniciamos un proyecto, tenemos unas expectativas de resultado pero también una motivación más allá de esas expectativas. ¿Cual es la motivación de "La sociedad que vaciaba úteros"?
Creo que la motivación es que las mujeres lleguen informadas a su parto, ya que he visto por su parte una confianza tan ciega en los profesionales que las atenderán que realmente me preocupa. No porque los hospitales vayan a hacer un mal trabajo, sino porque el propio hospital es una empresa en sí, y como tal gestiona sus recursos como mejor puede. 
Por ejemplo, los paritorios están llenos, procurarán que los partos sean más cortos para evitar el colapso y la falta de atención a las mujeres que esperan para parir. Y si están vacíos, se hará lo contrario.
Viendo esta situación desde dentro, como trabajadora del hospital he visto a muchas mujeres que acuden a estos hospitales y profesionales con una fe casi religiosa. Y es importante que esto cambie, que en España se cambie el cómo se trabaja por el cuidado de la maternidad, y este cambio ha de venir de la mano de las mujeres que dan a luz, haciéndose dueñas de ese momento y de toda su maternidad y eligiendo lo que desean.
Esto se refleja en cómo ha evolucionado, por ejemplo, la presentación del plan de parto en nuestro país. Algo que comenzó siendo recibido de modo conflictivo y que ahora es casi rutinario en muchas maternidades.

- La información podrías contarla de muchos modos. ¿Por qué a través de historias y personajes que nos la hacen llegar?
Empecé escribiendo la historia del hospital, con experiencias propias o que me llegaban a través de compañeras, lo que sucedía a las mujeres que venían a parir al hospital, la rutina entre compañeros en el hospital...
Pero entonces pensé en incluir las realidades diarias que iba viendo fuera de ese entorno, viendo las noticias diarias relacionadas con la maternidad. Y, más allá, no contar sólo la historia dentro del hospital (historia que se inicia cuando la mujer entra en el hospital para parir y termina cuando se va a su casa), sino las diferentes vivencias desde que se iniciaba el embarazo.
Cada historia la fui creando por su lado, dejando incluso historias aparcadas en estos 8 años que llevo preparando el libro. Desde la vivencia de una prostituta, una adolescente, una madre soltera por elección, una pareja de mujeres que busca se madres o, por ejemplo, una pareja con múltiples pérdidas prenatales anteriores (algo muy común, cotidiano, de lo que habitualmente no se habla en nuestra sociedad) De tal modo que las maternidades que aparecen en el libro pueden hacer que te veas más reflejado en una u otra, o en alguna parte de una de ellas, pero refleja una parte de la sociedad en la maternidad que, en algunos casos, no vemos habitualmente.
Claro, esto ha sido muy satisfactorio, pero ha complicado la unión de las diferentes historias hasta que me he sentido satisfecha con cómo han quedado montadas e hiladas entre sí. 

la sociedad que vaciaba úteros irene garzón

- Por qué ese título tan impactante, casi agresivo... ¿por qué vaciar úteros?
El título ha sido lo último en ser elegido, ya con la novela creada y concretada me pregunté cómo llamarla. Y me surgió una frase del propio libro, que uno de los personajes utiliza en una conversación entre una Ginecóloga y unas Matronas respecto a las cesáreas que se realizan por motivos de agendas, vacaciones u otros que son ajenos a la necesidad de salud.
En esa conversación entre profesionales, surge esta frase y la reflexión sobre qué impacto tiene o tendrá la asistencia a la maternidad actual, la cual controla como si fuéramos dioses el proceso del parto.
Por otro lado, además del significado que se le da a la frase al enmarcarla en el contexto de la historia, me pareció un título que no dejaría indiferente a quien lo viera, que le llamaría al menos a querer saber qué nos contaba la persona que escribía este título.

- ¿Qué visión de la maternidad podemos encontrar en "La sociedad que vaciaba úteros"?
He intentado ponerme en la piel de todas las personas que exponen sus razones para pensar como piensan. Mostrar los posibles motivos para estar en contra de un parto en casa, los que pueden hacer que un Ginecólogo realice una cesárea sin motivos médicos reales, los que mueven a una Matrona a decir a las mujeres lo que deben hacer respecto a la maternidad en lugar de darles información... Para que sea quien lo lea quien saque las conclusiones, las reflexiones.
Para que quien lea el libro no sólo lea un libro que le pueda entretener, sino que tenga información sobre muchas cuestiones del embarazo o el parto, incluyendo también al final del libro una gran cantidad de información científica. Porque sólo con información las mujeres podrán elegir y ser dueñas de sus decisiones.

- Ya nos has contado lo que puede aportar a las mujeres embarazadas pero... ¿qué puede aportar este libro a las parejas y a los profesionales?
Para un hombre es una puerta abierta a muchísima información, a cuestiones que pueden ayudarles a entender a sus parejas y el proceso de la maternidad, sus derechos en el parto, la atención que puede recibir en ese momento tanto él como su pareja.
En el libro aparecen de hecho, hombres maravillosos, que son grandes apoyos, muy conscientes e implicados, y que comprenden este proceso.
Respecto a los profesionales de la maternidad, he de decir que algunos lo han leído y les ha gustado mucho, ya que plantea una reflexión sobre nuevos planteamientos, cambios que pueden mejorar la atención a la maternidad y enfocarla más desde la mujer y menos desde la necesidad de protocolo que nos marca actualmente en general. Nos pone en la visión no sólo de los profesionales que trabajan allí, sino en cómo reciben y sienten las mujeres lo que desde los profesionales se les aporta.

- ¿Vaciamos úteros o vaciamos maternidades en nuestra sociedad?
Desde luego no estamos haciendo todo lo posible para que se vivan plenamente.
Tenemos contratos precarios, puestos de trabajo que desaparecen si te quedas embarazada, bajas maternales de cuatro meses, bajas de días a las parejas, puerperios en soledad...
Si a eso le añadimos la falta de información y apoyo, de redes de madres que se ayudan y el aislamiento general. Y que con cuatro meses debemos dejar a nuestros bebés al cuidado de otros porque tenemos la suerte de tener un trabajo esperándonos, está claro que como sociedad tenemos mucho que cambiar respecto a la visión, valoración y cuidado de la maternidad, y hemos de hacerlo pronto.
- ¿Cómo podemos acceder a tu libro? ¿Cómo podemos apoyar a este proyecto que es "La sociedad que vaciaba úteros?
Con las dificultades actuales que tiene un autor desconocido para publicar, decidí autoeditarme el libro, por lo que se está recaudando a través de una campaña de microfinanciación con la que se puede colaborar en ESTE ENLACE y que termina este viernes.
Apoyando esta campaña, se podrá acceder al libro de modo anticipado y también a un precio mucho más reducido, además, en el caso de profesionales se podrán incluir los logotipos en la edición en papel y también, si se distribuye, aparecer como punto de venta.
Desde el lanzamiento, previsto para agosto, estará disponible tanto en la web como en diferentes puntos de venta que indicaremos en la web.
- ¿Tendremos más?
Me han pedido más... Me han pedido saber más sobre qué pasa con esas mujeres, con sus historias tras el parto. 

Gracias inmensas a Irene Garzón por sentarse con nosotras, contarnos más, y abrirnos una ventana a este libro que sabemos que removerá visiones.
Bea Fernández para www.serdoulas.com

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