jueves, 26 de junio de 2014

ANTROPOLOGÍA Y MATERNIDAD: UNA MIRADA GLOBAL

Vivimos en un mundo global. Podemos llegar a casi cualquier lugar con un billete de avión y poco más, e incluso sin movernos de nuestro sofá. Pero ¿realmente conocemos la esencia de los lugares que vemos, de sus gentes, de sus acontecimientos importantes? ¿Qué podemos aprender de ellos para mejorar y crecer?
Es evidente que una de las vivencias fundamentales y más transformadoras de una persona es la reproducción. La maternidad es básica tanto para quienes la viven como para la sociedad en general, pues cada nuevo bebé, cada nueva historia maternal, es la historia de un pedacito de la sociedad que tendremos dentro de unos años, la historia de uno de los adultos que la conformará.

Conocer y aprender de otras sociedades, de otras formas de vivir la maternidad es una experiencia enriquecedora y que siempre contribuye a que reflexionemos sobre cómo lo enfocamos nosotros y qué otros modos de hacerlo pueden existir, y más quizás si hablamos de maternidades en sociedades más “naturales” y conectadas con el instinto.

Quizás la primera piedra de esta mirada hacia otras sociedades y su modo de ver y vivir la maternidad la puso a nivel popular Jean Liedoff en su “Concepto del continuum”. Ahora, para entender un poco más diversas vivencias maternales y todo lo que nos pueden aportar, hablamos con la Antropóloga Laura Núñez Galván, quien a través de una serie de talleres está haciendo llegar toda esta información al público en general.


- Laura, quizás lo primero que tenemos que preguntarnos es la importancia que puede tener el mirar a otras sociedades ¿Qué nos puede aportar esta mirada?

Sobretodo nos puede ayudar a comprender que nuestra manera de vivir y reproducir, por ejemplo en relación a  nuestra maternidad, está pautado constantemente  por un filtro cultural de mucha potencialidad. Nuestra manera de ser madres y de criar tiene mucho que ver con la apuesta que hace día a día  nuestra sociedad capitalista, eurocéntrica y etnocéntrica. Acercarse a estas otras miradas, no significa, por otro lado, idealizar las culturas indígenas, sino tomar parte en la responsabilidad que existe entre el patrón emocional y cultural de cada sociedad.


- Evidentemente habrá muchas diferencias a nivel logístico y de rutina diaria entre una maternidad en una sociedad tribal y una maternidad de una sociedad “moderna”. Pero, ¿realmente la maternidad se vive y se siente diferente en cada una de ellas? ¿En qué sentido?
  
Es evidente que una de las vivencias fundamentales y más transformadoras de una persona es la reproducción. La maternidad es básica tanto para quienes la viven como para la sociedad en general, pues cada nuevo bebé, cada nueva historia maternal, es la historia de un pedacito de la sociedad que tendremos dentro de unos años, la historia de uno de los adultos que la conformará. 
Conocer y aprender de otras sociedades, de otras formas de vivir la maternidad es una experiencia enriquecedora y que siempre contribuye a que reflexionemos, y más quizás si hablamos de maternidades en sociedades más “naturales” y conectadas con el instinto.
Es evidente que una de las vivencias fundamentales y más transformadoras de una persona es la reproducción. La maternidad es básica tanto para quienes la viven como para la sociedad en general, pues cada nuevo bebé, cada nueva historia maternal, es la historia de un pedacito de la sociedad que tendremos dentro de unos años, la historia de uno de los adultos que la conformará. 


- Tal vez la primera mirada a otras sociedades a nivel maternal y de crianza de forma popular la puso Jean Liedloff pero ¿existen sociedades puramente nativas y otras "modernas"?¿son realmente dos cosas tan diferentes o formamos parte de la misma globalidad?

Aunque tenemos conocimientos de sociedades llamadas "pacíficas"  (inuits, manus, yecuanas...), que por sus relaciones de horizontalidad, maneras de resolver los conflictos en perfecta comunión  y estrategias educativas muy interesantes, es importante aclarar que no existe la sociedad nativa "pura". Cualquier pueblo , comunidad o cultura, por pequeña o grande que sea, convive con estrategias de subsistencia que buscan el equilibrio y que pueden ser más o menos afin a lo que estamos practicando en las sociedades llamadas "modernas".Dicho de otro modo, también en las sociedades indígenas, existen pautas culturales entorno la crianza y la reproducción que serían tanto y más dañinas que las practicadas en Europa. La sociedad yecuaná que estudió Jean Liedloff , en la que el colecho, la lactancia a demanda y la crianza transeversal con todos los miembros de la comunidad, ha supuesto para estas últimas generaciones occidentales un espejo donde depositar las esperanzas entorno a la crianza de sus hijos.  Pero hemos de decir que otros antropólogos que realizaron etnografias en la misma comunidad, relativizaron mucho estas afirmaciones y expusieron que esos equilibrios y esa armonía no era tan real.Hablar de la crianza de los mundugumor de Papua Nueva Guinea, donde se apuesta por la competencia constante entre los hermanos y se valora la violencia física ,sería otro ejemplo de desmitificación que podríamos hacer  de las culturas ancestrales y por ello de la comprensión que no hay dos mundos, sino diversidad de opciones en uno mismo.

- ¿Qué influencia tienen, por ejemplo, las creencias religiosas en la maternidad de las diferentes sociedades?
¿A qué partes de la maternidad afectan los cultos religiosos en general?

Si por religión entendemos el culto a las deidades y a seres sobrenaturales, es evidente que en el ámbito de la maternidad este ha sido muy presente. No obstante, en la historia de la humanidad ha sido mucho más frecuente los mitos, las ofrendas y las ceremonias relacionadas con la naturaleza, ya que esta era la encargada de proporcionar esterilidad o fecundidad a una sociedad.Antes de venerar a vírgenes o implorar en iglesias  ha sido mucho más frecuente , tanto en Occidente como en otros lugares del planeta, embarazarse a través del agua de los ríos, asegurar la fecundidad frotándose en las cuevas y cavernas y evitar la esterilidad a través de animales sacrificados.



- En nuestra sociedad es común que una madre pueda sentir su proceso de embarazo y parto como un trámite meramente de salud, ajeno a ellas y en el que no tiene voz propia. ¿Se siente del mismo modo en las sociedades tribales, de ese modo tan “estandarizado” y dirigido? 

Es cierto que los avances tecnológicos y medicalizados en los que sobrevive la mujer occidental , la desconectan de la posibilidad de vivir la maternidad des de un punto de vista más personal y más conectado con su cuerpo si comparamos con otras sociedades, que alejadas de esa mistificación de lo científico, mantienen otras vivencias y otras expectativas.En contrapartida, el que una parte de nuestra sociedad, se informe, lea, cuestione y se preocupe por recuperar esos vínculos perdidos, promueva unas relaciones filiales basadas en el respeto y se "reconstruya" como madre, le dan la posibilidad de recuperar su voz y de acercarse a vivir la maternidad de una manera más acorde con sus aspiraciones. 


- ¿Qué papel tiene el entorno social en la maternidad de una mujer indígena? ¿Cómo se vive por parte de estas sociedades cada nueva maternidad?

Tenemos como referente el que en una sociedad tribal, al nacer una criatura, es educado por la mayoría de la comunidad. Esto existe, así como existió en España hace unos siglos y así como aquí se perdió, también se diluye en estas sociedades.Las maternidades de cada mundo se ven supeditadas a la realidad económica , social y política que las acompaña y hay multiplicidad de respuestas  frente la maternidad de los pueblos indígenas. Es importante ver que existen pueblos que entienden que no por el hecho de haber parido un bebé, ya una mujer es madre y puede criar. Antes va a ser su abuela o su tía, con experiencia, las que acompañen al recién nacido.


- Estas vivencias maternales diferentes a la nuestra, ¿crees que muestran otra forma de sentir y vivir la feminidad también? ¿Es quizás esa una de las claves de estas diferencias, o va más allá y nos habla de otra forma de vivir la existencia y de sentirla? 


Sin idealizar las sociedades denominadas primitivas, en las que las tribus indígenas de nuestros tiempos y, sobre todo, del siglo pasado, tienen aún muchas de sus características, lo cierto es que eran sociedades donde la unidad --de la comunidad, de la mente con el cuerpo, de uno con la naturaleza-- era una de sus características. El parto, la maternidad en general, como tantas otras cosas era un todo integral. La sociedad capitalista, es en sí, un sistema de separación --de hombres y mujeres, de seres humanos con su comunidad, del cuerpo y la mente, y yendo más a lo concreto, de la dilatación con el dolor, de la prisa con la tranquilidad necesaria para estos menesteres, en definitiva de la mujer con su cuerpo. La mujer (el ser humano en general) ha ido perdiendo el control de su cuerpo, la han ido desposeyendo del conocimiento sobre su cuerpo, sobre la naturaleza. Antes era mucho más probable que una mujer recogiera el flujo vaginal para ver si estaba fecunda o no, que mirara el cielo para saber si llovería o no. Ahora, si bien se ha logrado en exactitud, ese conocimiento científico viene de especialistas, totalmente separados de la mujer que está viviendo la maternidad. Afortunadamente, existe una resistencia a esa desposesión, una memoria oral, un rebuscar en formas naturales. La consolidación y constante crecimiento de las casas de partos naturales, de comadronas de los llamados partos respetuosos, son una muestra. Y mis cursos, en las que aprendemos y rescatamos procesos de sociedades "lejanas" (pero cercanas en cuánto todas somos mujeres mamíferas) una pequeña gota que ayuda a las mujeres, a los seres humanos, a reapropiarse de sus cuerpos, de su maternidad, de sus partos, de su salud, en definitiva, de la vida. 

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